miércoles, 22 de julio de 2009

Ángel Luis Luján: un texto inédito

QUISIERA HABER ESCRITO RESIDENCIA EN LA TIERRA

De sustancias cancerosamente humanas, como los filamentos que conducen el terror y se hacen hábito, como lloran hacia arriba los conductos de los hombres incompletos, por pasillos donde siempre acaba alguno de esconderse en una puerta y su mirada es todavía la radiografía del rencor, el ojo asolador de las mirillas; a pesar de lo fieramente urbano y la fotografía rosa que hace el Sena, por poner un río, cuando olvida que la historia es un dolor como el desbordamiento de las alcantarillas, pero sin márgenes ni las vegetaciones; entre estercoleros donde hábiles señores de los sucio esconden la belleza, cualquier cosa de noble, hasta que se parezca a ellos; entre algo así como reptiles que quieren a la luz ser mariposas, pero no es así, de un modo más viscoso, como serpientes servidas de papilla a los muchachos, de lo que crecemos como agujas con el sida para entrar en otros, entre informes y sumas que restan de la vida lo preciso, para saciar la sed del coche, de los pisos, la existencia devorada de los niños, con su doble mandíbula de hastío; la carcoma que hace túneles de tierras y de mentes, a partir de esos seres que no tienen un rostro definido, y ponen mueca y delación de la esperanza ajena, el vendaval de los secretos, para con lo puesto, lo que se transforma en nada, la estupefacción de los harapos.

Sucede que me canso del cansancio y que nunca debiera haber escrito.

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Ángel Luis Luján Atienza,

poeta y crítico conquense.

verlo en Cátedra Delibes

y seguirlo en Arteshoy

y disfrutar en PDF de una selección de textos

en el nº 9 de  Hojas del árbol de la Poesía

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martes, 21 de julio de 2009

Jenaro Talens: mi oficio es la extrañeza

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EJERCICIO SOBRE TRANSPARENCIAS

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Mi oficio es divagar sobre estas cosas,

dar cauce a lo invisible

que atraviesa unos muros tan altivos.

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Mirar los árboles que mi deseo erige,

o quizá apenas la raíz o el eco

de algún árbol difuso que la luz ulcera.

Vagas apreciaciones con que amueblo un orden

que nada espera cobijar. Ah, si mi voz pudiese

vivir con ignorancia en la indefinición.

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Mi oficio es la extrañeza:

ver este azul que nace con el amanecer.

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--- Jenaro Taléns publicó en 1980 en la editorial Hiperion  Proximidad del silencio. Y con éste poema, zarandeó en el 2002 mi concepto de poesía y búsqueda, de oficio o antioficio poético, de proximidad a la corte o de alejamiento al encuentro con la poesía. La verdad es que releerlo este verano, en Sierra Mágina, me confirma que hay poemas que resisten y otros no nuestras propias derivas. Aquí pasé y creo que volveré a pasar, hacia el estupor de una escritura concienciada a la leal praxis del exiliado de no casarse con el poder ni arruinarse en la pompa de los notables sino seguir buscando, caminando como huésped de lo inesperado, como testigo de  cada día otro y su invisible (des)orden. Y nada más hermanado al ser, al ser de la palabra, que esa corporalidad y sus vínculos por la que esta poesía respira y transluce los hilos del deseo y sus pérdidas (y su ganancia).

Víktor



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RAFAEL PÉREZ ESTRADA: de la ociosidad celeste de los ángeles

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ARCÁNJELES PARA UN TAPIZ

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XII

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Contra toda leyenda y tradición canónica, el seso del ángel es un logaritmo en el que las cifras desdoblan su significado, de tal manera que sólo otro ángel —de modo sutilísimo— podrá entender su extensión. También el aliento tiene virtud de proximidad, y las transparencias de la mirada, clave de voz. En todas estas cosas el espíritu se satisface, al igual que siente los cambios atmosféricos que modifican el carácter humano, y a ellos se abandona.

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Más el ángel no puede penetrar, ni conocer, ni someterse al dominio de otro semejante, lo que en principio le ajena del amor y sus visicitudes. Quizá por ello, Dimitri Zulawski, poeta de la Rusia ortodoxa, pensando en tan triste limitación, inventa jubiloso: «¡Los actos copulativos de los hombres son a veces aprovechados por los ángeles para satisfacerse en ellos!»

Rafael Pérez Estrada  (Málaga 1934-2000) publicó Tratado de las nubes en la editorial Renacimiento, en 1990. la prodigiosa invención que su palabra ofrece nos revela bajo una mirada maravillada y maravillosa la naturaleza de lo visible y lo invisible, de lo imaginal y lo realista, sin discontinuidad. Así el libro se divide en las secciones Tratado de las nubes, Bajo el arco iris, Figuras de un bestiario, Arcánjeles para un tapiz y Conspiraciones. Lejos de un irse del mundo, la sutil mirada y la muy reflexiva palabra del poeta andaluz me sugiere otras interpretaciones de los fenomenos y orígenes de lo amoroso, la melancolía, el deseo o la amistad por el saber y la belleza. Otra manera de insurrección, la que nos permite esta poesía liberada de la banalización de las representaciones canónicas del mundo en la era de la post-televisión y la inmanencia del chat electrónico o el arte protituido del cine comercial. A prueba de esto mismo, por ejemplo, leyendo Sobre las nubes al principio del poemario de Rafael Pérez Estrada:

"El poeta coreano Kim Sup dibujó en un rollo de seda fucsia un poema intraducible, cuyo sentido, sentimiento aproximado, quería decir: «cuando el ave del arco iris hiere con su pico de plata el corazón de una nube, la lluvia es sólo la lejana queja de un llanto irrepetible»

Curiosamente, hoy leí, a primera hora de la mañana en una carta del ínclito Ángel Lujan respondiendo ante mi amistosa demanda de recuperar su poemario "El silencio del mar", esto:

Trataré de rescatar los archivos pero no te aseguro nada. Como están publicados en la diputación y en el ayuntamiento de Campo de Criptana son inencontrables. Es un buen adjetivo para la poesía: lo que no se deja encontrar. Un abrazo,

Ángel

Vaya pues esta entrada en memoria de uno de los grandes, Rafael Estrada, y en gratitud a Ángel Luján, Rafael, Manolo, Idoya, Miguel, Miguel Ángel y compañía en defensa de Priego y los encuentros de poesía que tan valiosamente propicia Diego Jesús Jimenez.

Víktor Gómez



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jueves, 16 de julio de 2009

ko Un: poesía coreana actual

NIÑO CAMPESINO

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Lombriz

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Al cumplir seis años ya cuentas las estrellas.

Las noches son prodigiosas,

la claridad del día te incomoda.

Tu madre ha salido al campo,

y el padre está en el sembrado de arroz,

los arrozales ajenos.

Durante el día,

pasada la tormenta,

juegas con lombrices bajo el tejado.

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Un niño de seis años,

al que llaman Dosup,

aburrido, espera que caiga la noche.

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Espantapájaros

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En los campos otoñakes el espantapájaros parece un visitante; en los campos invernales el espantapájaros parece un mendigo.

Pero no, no se trata de eso.

Cuando cuentas los vecinos: uno, dos...

tienes que contar a los espantapájaros también.

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Padre

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No importaba la fatiga

por andar con el paso pesado por caminos,

cruzando el río, por Naepo, todo;

desde el mercado de Daechon

al mercado de Yesan, al mercado de Sosan.

El padre era un soñador sin remedio.

Cuando llovía, era uno de aquellos

que extendían sus manos a la lluvia

y exclamaba con deleite:

"¡ Ay, ay, qué alegría verte, otra vez!"

--- --- -- -- [caption id="" align="alignnone" width="416" caption="KO UN"]KO UN[/caption] Ko Un, del libro Diez mil vidas, de la editorial Verbum, con traducción de Kim un-Kyung, revisada por José Catalán. Maestría milenaria y una visión contemporánea y clásica de lo vital e inevitable del existir entre otras existentes personas o paisanajes. Poeta coreano nacido en 1933, fecundo y de contundente obra a la que exige desde el mayor rigor formal la capacidad de asombrar, de inquietar, de interpelar, manejando con mesura y acierto un inteligente y perforador sentido del humor, la precisión, la economía lingüística y la coherencia y una eticidad vinculada al budismo pero que se proyecta más allá de los límites de la tradición para reelaborar el discurso poético y reflexivo, sin dejar de abrir con imágenes líricas alegorías y posbilidades de sumergirse entre la realidad y lo real con afán de percibir con ojo plural lo humano, lo inhumano y lo circundante. Este libro que se maneja en 64 poemas, déjase releer 64 veces cada poema. Las anécdotas tienen carga de dinamita para volar un puente o facilitar un túnel. Oficia sin quizá pretenderlo el nomadeo del pastor de estrellas o la lectora de briznas y libélulas. Es vida, desde su orilla política ha su otra orilla sentimental, desde su vértice ético hacia su ventana al mundo de las pequeñas cosas y los momentos cualesquiera. Pero ojo, no es un mirar ni un mostrar simple. De la sencillez emana un sutil halo. Descifrarlo puede llevas mil vidas. Para el lector, este libro dona la posibilidad de reescrtitura, complicidad e imprevisible reencuentro con la belleza y la justicia. No en vano comentaba no hace mucho, en una visita a nuestro territorio que la palabra que más le gusta en español es "amigo".

Víktor Gómez



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lunes, 13 de julio de 2009

NÂZIM HIKMET: dos poemas de 1963

 

 

SOBRE LAS LLUVIAS RADIOACTIVAS

 

Cerrad bien las ventanas

no dejéis a los niños en la calle

las lluvias llevan la muerte a las semillas

llueve podredumbre.

 

Hay que limpiar las lluvias

hay que sacar brillo de nuevo como si fuera plata

que las lluvias lleven de nuevo nada más que el sol a las semillas

que los niños puedan correr de nuevo bajo la lluvia

y que podamos abrir de nuevo las ventanas a la lluvia.

 

23 de abril de 1963

 

 

 

***

 

Fluí con la velocidad de los sueños

el resplandor ardió y se consumió

planté un ciruelo

y saborearon sus frutos

 

Menos mal que amé la tristeza,

sobre todo en la mirada de

las piedras, del mar, de la gente,

y alegrarme de repente

 

Que bien amara la lluvia

qué bien que pernoctara en la cárcel

he amado lo inalcanzable

en todos mis anhelos

 

Qué buen que amara los regresos

………………………………………

 

Moscú, 2 de mayo de 1963

 

 

 

 

Del libro POEMAS FINALES (Últimos poemas II. 1963-1963) que le publicara Ediciones del oriente y del mediterráneo en 2008, con traducción de Fernando García Burillo y Cagla Soykan. El libro lleva un pórtico de Antonio Gamoneda, que en complicidad pone en cursiva palabras o frases utilizadas en sus poemas por Nâzim Hikmet (1902-1963).

 



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domingo, 12 de julio de 2009

Eduardo Milán, Chantal Maillard, Quique Falcón: meteoritos estivales

 

 

LI

Y ya fiel en la vida

de todas las canciones

yo, que he roto con tu falsa conciencia,

multiplico los lenguajes sin calmarte la boca

(<<política dos y medio>> -afirma touraine

y entre el rastro de las amapolas

voy cavando tumbas

a mis hijos perdidos).

 

 

Enrique Falcón

(Inicio del libro 5/.- Canción de E de La Marcha de los 150.000.000

Editorial Eclipsados, 2009)

 

 

 

 

 

¿Qué pasos son esos que oigo entre mis huesos? ¿Quién arrastra el lugar dónde crezco? ¿Cuál es la sombra que ausculta mis latidos, los cuenta y me roba el aliento dejando exhausta? No recuerdes. Corta. No recuerdes. Apaga las imágenes como la luz al acostarte.

 

***

 

Me apuntaron a mí, pero ahí donde llegó el dardo no había nadie. ¿O si lo había?

Yo acechaba detrás de un árbol.

Vi caer algo.

 

Chantal Maillard

(dos fragmentos discontinuos de Benarés, incluido en Diarios Indios, Editorial Pre-textos, octubre 2005)

 

 

 

 

 

Hay una amenaza del Imperio sobre todos aquellos sospechosos de no estar de acuerdo con los actos del Imperio, que los critican o, más aún, pretenden –según

la lógica paranoica del Imperio- derribarlo.

… / …

Esa insistencia en la imposibilidad es una condición ética para que pueda empezar a plantearse la cuestión de la escritura.

… / …

la de una escritura plenamente consciente de sí misma, la de una escritura que ni por asomo se olvidará que se trata de eso: escritura. Esa doble condición, la de la memoria como ética y la de la autoconciencia, ha sido fundamental para que se pueda hablar de una transformación profunda en la escritura contemporánea. Sobre todo ser condiciones para contrarrestar cualquier efecto de complicidad con un orden devastador que la escritura poética pudiera, en algún momento, manifestar ingenuamente. La escritura, entonces, debe ser considerada como cuerpo, a la vez que no debe ser considerada en tanto memoria, esto es, no debe tener su parte consideración alguna como registro ya que lo que evoca pasa por encima, atraviesa la escritura.

 

Eduardo Milán, del Epílogo provisorio incluido en Crítica de un extranjero en defensa de un sueño, en Editorial Huerga & Fierro, 2006



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lunes, 29 de junio de 2009

Descanso de 14 días y propuesta de lectura

Se escribe siempre al filo de la nada.

Edmon Jábes

---- ---- Esta cita que emerge desde un texto ensayístico de Eduardo Milán me acompañará estos próximos 15 días en Sierra Mágina, por donde me perderé con la familia y los libros.  De Kafka al mismísimo Valèry, de Eduardo Milán a Antonio Gamoneda, de la poesía árabe al neobarroso, de La Marcha de los 150.000.000 a Cerval, de los paisajes aceituneros a la blancura de cal en las fachadas jienenses todo apunta a un abisal y deseado errar por la inútilidad y la escucha. No exento, entre asueto y siesta, de un buen llantar y mejor compañía. Nos vemos a partir del 14 de julio por acá, de nuevo. Aprovecho para dejaros otro texto, ahora de Raúl Zurita, que también confluye por la gracia de Eduardo Milán,

Vuestro Víktor

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El infierno y el paraiso no le pertenecen ya a las palabras porque su vacío está ya en el corazón mismo del lenguaje. Ese vacío lo llenan cuerpos vivos y en el torrente de los poemas, de toda literatura, de cualquier palabra, esos cuerpos buscan la orilla de su nuevo mundo. Plantearlo así es volver a dimensionar la envergadura moral del acto de escribir. No se escribe sólo por un presente o un futuro, se escribe fundamentalmente en función de la correción del pasado al que se le da la posibilidad de la resurrección. Es allí donde todos los derrotados, caídos, arrasados y penitentes del lenguaje humano, en el cual nos está privada la felicidad, vuelven a encontrar sus destinos negados.

Zurita



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