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Los frutos derribados
al borde del camino
se deshacen y endulzan
la tierra con su pulpa,
se funden con la tierra,
el gran fruto caído,
pulpa para el abismo.
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Las cenizas des-
moronadas en
el cenicero
humean pero
la brasa del cigarro
que se consume nos
dice que el pájaro
todavía es posible.
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Inspiro. Y sólo me separa
del universo la débil
veladura de la carne.
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Carlos Izquierdo, joven poeta valenciano, de su poemario inédito Los cuatro elementos (2010-2011)