lunes, 14 de enero de 2008

ANTONIO MENDEZ RUBIO publica en La Torre del Virrey; "La caja de Pandora: dialogía y crítica a partir del Quijote (III)"



En cualquier caso, la apelación al fenómeno de lo fantasmagórico no es arbitraria. La propagación de las fantasmagorías al espacio público, señalada con lucidez por Walter Benjamin, define por una tendencia
in crescendo la experiencia del devenir urbano, como más tarde, ya en el
último tercio del siglo XIX, el ambiente de las galerías comerciales o la visualidad espejeante de la publicidad, tan grata a la postmodernidad más complaciente. Desde luego, el sentido de la vista estaba especialmente
privilegiado en el sensorio fantasmagórico de la modernidad, como se aprecia de modo germinal y autocrítico en el mundo alterado de Don Quijote. El afán por construir un ambiente total, el daño que esa voluntad causa y del que esa voluntad es el mejor síntoma, sería pronto enfrentado, encarnado por la vulnerabilidad de las vanguardias, estetizado por Wagner y masivizado por el fascismo, hasta ser un proyecto realizado a gran escala por la saturación tecnológica de la modernidad tardía (la “máquina de visión” de Paul Virilio). No en balde, Marx usaría el término fantasmagoría
para describir el rastro desaparecido del trabajo en el mundo capitalista de las mercancías omnipresentes. En efecto, con la articulación biopolítica de vapuleo tecnológico y vapuleo productivo (de explotación perceptiva/
simbólica y laboral/económica) el siglo XIX, la modernidad que se autocumple y que se autocomplace en ese cumplimiento como “progreso civilizatorio universal”, la modernidad como proyecto sociohistórico
de largo alcance, dispara su imparable marcha hacia la virtualidad, la abstracción y el simulacro. Así lo detectaba ya Marx en su ‘Fragmento sobre las máquinas’ de 1857. Así lo recordaba Paolo Virno en Virtuosismo y
revolución (2003) al explicar cómo el saber abstracto llega a convertirse en la principal fuerza productiva de un régimen económico postfordista. Y así lo confirmaba Baudrillard en su ensayo Cultura y simulacro (1978), ensayo paralizante, más que discutido, y con razón, pero donde se incorporaba una premisa explicativa clave: me refiero a la productividad sistémica del
aislamiento, a la relación entre simulacro y fin de lo social.


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Para Susan Buck-Morss, siguiendo su ensayo ‘Estética y Anestética: Una revisión del ensayo de Walter Benjamin sobre la obra de arte’ (1993), el síntoma constitutivo del fascismo radica en “la imagen narcisista del ego intacto, construido contra el pavor del cuerpo en pedazos”.7 Por eso “nos choca reconocer que el narcisismo que hemos desarrollado como adultos,
y que funciona como táctica anestesiante frente al shock de la vida moderna —y al que se recurre diariamente a través de la fantasmagoría de la cultura de masas— es el terreno desde el cual el fascismo puede
de nuevo resurgir”.8 Indica asimismo Buck-Morss (siguiendo a Foster) que “el fascismo presenta el cuerpo físico como una clase de armadura contra la fragmentación y también contra el dolor”.9 “Una clase de armadura”. Pero, entonces, ¿tendría algo que decirnos sobre el fascismo contemporáneo tanto la heroicidad intimidatoria de Robocop como, del lado de la risa antiautoritaria, la antifigura de Don Quijote? Por otra
parte, la ceguera del poder absoluto que la armadura materializa, ¿no resurge y prolifera hoy en el imaginario masivo gracias al atrezo de la guardia imperial de Darth Vader en la célebre saga Star Wars? ¿De qué
forma es verdad que sólo un Jedi, un elegido, puede luchar contra los desmanes del imperio? ¿Cuál es la diferencia entre la armadura de la policía antidisturbios y la de los Monos Blancos o Tute Bianche?
Volvamos en este punto a lo leído en las primeras páginas del Quijote (I, I):
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Y lo primero que hizo fue limpiar unas armas que habían
sido de sus bisabuelos, que, tomadas de orín y llenas de
moho, luengos siglos había que estaban puestas y olvidadas
en un rincón. Limpiólas y aderezólas lo mejor que
pudo; pero vio que tenían una gran falta, y era que no tenían
celada de encaje, sino morrión simple; mas a esto suplió
su industria, porque de cartones hizo un modo de media
celada, que, encajada con el morrión, hacían una apariencia
de celada entera. Es verdad que para probar si era fuerte y
podía estar al riesgo de una cuchillada, sacó su espada y le
dio dos golpes, y con el primero y en un punto deshizo lo
que había hecho en una semana; y no dejó de parecerle mal
la facilidad con que la había hecho pedazos, y, por asegurarse
deste peligro, la tornó a hacer de nuevo…
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La celada, con el soporte del morrión, protegía la parte inferior de la cabeza. Una celada de cartones (aun malamente rehecha con “unas barras de hierro”), ¿cómo protege por ejemplo el cuello o la nuca? ¿De qué
peligro podrá salvar al inseguro cuerpo del hidalgo? ¿Con qué clase de precariedad radical, intempestiva, sale Don Quijote al mundo? ¿Sería razonable entonces comprender sus aventuras, desde nuestra postmodernidad incierta, en la clave de un nomadismo antidogmático
y antifascista?
3. Hay que seguir. Habíamos recordado no hace mucho que, para Hardt y Negri, la dialogía crítica es la forma práctica de una “multitud en movimiento que produce nuevas subjetividades y nuevos lenguajes”,10
que hace posible (o mejor, que reactiva la tensión urgente entre posible e imposible mediante) “la movilización de lo común”. Es decir, que crea nuevas condiciones para la explotación económica y política, pero
también nuevas condiciones para la liberación social y la necesidad de insurrección. El ensimismamiento del poder, del Estado y del mercado,
del individuo-masa, de la propaganda masiva, podría ser hoy tal vez el enemigo de Don Quijote. Del mismo modo que, siguiendo entre otros a Zygmunt Bauman (1997), el fascismo y el holocausto no son episodios
puntuales y localizados de la modernidad, sino manifestaciones descubiertas de tendencias autoritarias no siempre visibles pero sí inscritas en la corriente de fondo del sistema moderno, del mismo modo, en
fin, el reto libertario del Quijote, su humilde y utópica forma de producir lo común, pueden también no ser un episodio novelesco del pasado, sino una cristalización inaugural de formas de resistencia que han cruzado el tiempo de la modernidad de manera sólo entrevista, sólo insegura.





Si el aislamiento es una premisa de todo totalitarismo, la liberación no se separa entonces del cuidado de esa fragilidad (no necesariamente ontológica) de los vínculos sociales. En la tragedia de Frankenstein, en
las poéticas agujereadas de las vanguardias, en la fiesta popular, en la subalternidad en devenir de la (anti)música hip-hop…, la defensa crítica de los vínculos se opone así al panegírico de la desvinculación que es ese otro relato mítico, fundador de una modernidad expansiva, como es el Robinson Crusoe (1719) de Daniel Defoe, otro lector y conocedor de Don Quijote,
pero cuya novela mantiene con la de Cervantes una relación de antagonismo.
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La oposición entre Don Quijote y Robinson Crusoe llega a ser frontal. Donde Cervantes articula un reto de desposesión y precariedad, Defoe dibuja un personaje soberano, un individuo que “poseía ya todas las cosas
de que podía disfrutar: yo era el señor del lugar… ya que todo estaba sometido a mi poder. Por dondequiera ejercía un imperio despótico; no tenía rival ni competidor que me disputase el mando o la soberanía”.11
Robinson se convierte así en más que un texto literario: en mito fundador de la modernidad europea en el período expansionista e industrializador que fuera el siglo XVIII.12 Y esto en virtud de su nueva definición universalista e individualista de una subjetividad identitaria en clave de coherencia, control y dominio, respondiendo así a la necesidad ideológica no de inventar caminos sino de construir cercas. Al lado de Robinson, Don
Quijote es casi un payaso sin circo, un testigo del agotamiento de la sociedad imperial, de sus fisuras. Don Quijote no es nadie, pero este pulso anónimo no deja de testimoniar el fracaso que amenaza los imperios de
ayer y de hoy: como la vieja armadura desvencijada del caballero andante, también fue vulnerable la Armada Invencible.

ANTONIO MENDEZ RUBIO publica en La Torre del Virrey; "La caja de Pandora: dialogía y crítica a partir del Quijote (II)"

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Y de ahí también la labor de siembra desplegada por Cervantes, de Flaubert a Kafka o Faulkner, pasando por la novela de Dostoievski El idiota (1868-1869), donde la amenaza dialógica vuelve a implicar la descomposición del principio de realidad, de esa ingenua cordura, en virtud del principio utópico del deseo y lo imposible. Cervantes, Dostoievski, Bajtín: ahí aprendimos a repensar críticamente los no siempre visibles vínculos
entre dialogía, carnaval, cultura popular y desestabilización utópica de lo real. Políticamente hablando, este reto ha sido recordado en numerosas ocasiones. Sin embargo, esta insistencia, en contradicción con la lógica del sistema institucional y del poder dominante, no ha supuesto necesariamente un avance en las formas de acción y de discurso más políticamente incisivas. La huella, no obstante, sigue activa en lugares no tan dispersos como a primera vista parecería: de los escritos del Subcomandante Marcos a la escenografía subversiva del Mayday o
Reclaim the Streets, por poner sólo algunos casos ya capilarmente extendidos y hasta mundializados. En este sentido, es razonable que esta reflexión (desde y hacia la práctica) siga latiendo en momentos
distintos, pero abiertos, de la crítica actual. Así lo han visto sin ir más lejos Michael Hardt y Antonio Negri al señalar:


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En la concepción polifónica del relato ya no existe un centro que dicte el sentido, sino que éste surge únicamente del intercambio entre todas las singularidades en diálogo. En
otras palabras, la narración polifónica plantea en términos lingüísticos una noción de la producción de lo común en una estructura de red abierta y distribuida.3


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El ensayo del que procede este pasaje lleva por título Multitud: Guerra y democracia en la era del Imperio. Sería de ayuda detenerse aquí un instante para subrayar el sintagma antagonista: “producción de lo común”.


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2. Dialogía, intemperie del cuerpo. Hablar de metamorfosis descentradas, de articulación de singularidades fragmentarias, de crisis de realidad y de identidad, es hablar entonces, como hacen Hardt y Negri, de la invasión de los monstruos, del retorno de Frankenstein. Es recorrer de nuevo la trayectoria de epistemologías inter y antidisciplinares, como ocurre
en los momentos menos conformistas de los Estudios Culturales y la crítica de la cultura. Habría, cómo no, que situar aquí la potencia creativa y crítica del principio de montaje, como en el cine de vanguardia o en el
más reciente film o rizoma dialógico de Wayne Wang y Paul Auster Blue in the face (1995). No en vano, por ese camino llega el Ingenioso Hidalgo hasta el desafiante Don Quixot (1957) de Grigori Kozintzev. En otras palabras, la lengua quijotesca nos enseña todavía a hablar de concepciones del mundo no arbóreas, no jerárquicas, desplazadas, excéntricas, descentradas… Hablar, quizá, de antipoder. Pero ¿cómo? ¿En qué términos plantear un antidiscurso (aunque fuera invisiblemente) efectivo? Quizá haya que insistir aquí en la novela de Mary W. Shelley, Frankenstein o el
moderno Prometeo (original de 1818): ¿no creó Zeus a la primera mujer, Pandora, como venganza después de que Prometeo le arrebatara el fuego divino para dárse lo a los humanos? ¿No comienza la historia del trágico
doctor Frankenstein precisamente en Ginebra, ciudad donde la familia del narrador en primera persona venía mostrando una “incansable atención a los asuntos públicos”? ¿Cómo aborda la novela de Mary Shelley las
más acuciantes cuestiones relativas a la modernidad de la polis? Una respuesta, un título inesperado podría ser éste: Frankenstein o la necesidad de los vínculos.-


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Veámoslo breve pero directamente. Medita el monstruo:


Si carezco de lazos y afectos viviré para el odio y el mal; en cambio, el amor de otro ser suprimirá toda causa de nuevos crímenes… Mis malas acciones son fruto de una forzosa
soledad que aborrezco y cuando viva con un igual saldrán a relucir mis virtudes. Sentiré el amor de un ser y quedaré ligado a la cadena de vidas y de sucesos de que ahora me
veo excluido.4

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O en otro momento puede leerse: “¿No ves que estoy solo, miserablemente solo?”. 5 El monstruo lo sabe, se encuentra bajo la presión de un alejamiento “forzoso” de la sociedad, de modo que, como reconoce intempestivamente, necesita “comprender mi aislamiento”. 6 Ese aislamiento lo conecta la novela desde el principio con la presencia/ausencia del espectro, con la experiencia límite de las “visiones fantasmagóricas” (se dice en el ‘Prefacio’). Y es lógico que así sea: ¿no es en los primeros años del siglo XIX cuando en Inglaterra se empiezan a desarrollar aquellas ilusiones ópticas producidas por linternas mágicas, llamadas desde el principio “fantasmagorías”? Con todo, las ilusiones ópticas y su tecnoestética fantasmagórica, en la medida en que se trataba de una forma de entretenimiento masivo, funcionarían tendencialmente como una sutura de la crisis perceptiva y corporal que la expansión de la modernidad implica para la politeia. En Frankenstein, en cambio, la fantasmagoría cumple ante todo la función de una amenaza trágica, de un peligro que intentará ser neutralizado por el ilusionismo banalizado mediante la visualidad masiva. Y en Don Quijote, más aún, la crisis de la visión juega la baza del distanciamiento tragicómico, de una mirada abierta, en devenir, inconformista, insegura. Tal vez así se comprendan de
manera crítica pasajes cervantinos tan comunes como éste: “…cuando vio don Quijote que por el camino que iban venía hacia ellos una grande y espesa polvareda; y en viéndola, se volvió a Sancho y le dijo: —¿Ves aquella polvareda que allí se levanta, Sancho?...” (I, XVIII).

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3 M. HARDT Y A. NEGRI, Multitud: Guerra y democracia en la era del Imperio, trad. de J. A. Bravo, Debate, Madrid, 2004, p. 248.

4 M. W. SHELLEY, Frankenstein o el moderno Prometeo, trad. de I. Altés
Yáñez, Eidocomunicación, Barcelona, 1994, p. 146.

5 M. W. SHELLEY, Frankenstein o el moderno Prometeo, p. 100.

6 M. W. SHELLEY, Frankenstein o el moderno Prometeo, p. 135.

ANTONIO MENDEZ RUBIO publica en La Torre del Virrey; "La caja de Pandora: dialogía y crítica a partir del Quijote (I)"

Un genial artículo sobre el Quijote, lectura crítica, por Antonio Méndez en la revista valenciana La Torre del Virrey




Se ha convertido en un tópico la idea de que la novela de Miguel de Cervantes El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha (1605-
1615) representa un anticipo o germen de la modernidad.
Se habla incluso de “la primera novela moderna” para definir las aventuras de Don Quijote y su escudero Sancho Panza en un mundo que empezaba a mostrar los primeros síntomas de transición hacia una sociedad nueva, más dinámica, individualista y libre. Sin embargo, se ha insistido menos en una lectura del Quijote menos altisonante y menos adaptable a los consensos ideológicos e institucionales de la cultura contemporánea.
Desde esta óptica crítica y autocrítica más bien podríamos encontrarnos no ya ante un primer esbozo de la modernidad canónica sino, al contrario,
ante un intempestivo ejercicio de crítica de los presupuestos autoritarios de esa misma modernidad oficial. Hablaríamos entonces de una especie de caja de Pandora, en referencia mítica al origen de todos los males, pero también (en el primer significado griego) de “todos los dones”. Dicho con una imagen: no es posible retener en un recipiente seguro esos fantasmas
y espectros terribles, no pueden quedarse dentro, se abalanzan y dispersan sin un orden previo, se proyectan siempre hacia un exterior inquietante, inestable, alborotan, vuelven, se van. Se salen sin remedio de sus casillas.


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1. Por una ley básica de la percepción, aquello que está más cerca de los ojos no es necesariamente lo más disponible para ser reconocido por la vista: lo más evidente no es siempre lo más visible ni acaso pueda llegar a serlo nunca. Esto puede estar pasando por ejemplo con la cuestión de la dialogía como raíz poética y política del Quijote. Si por Bajtín (1986)
pudimos reconocer hasta qué punto el dialogismo está en la raíz del lenguaje narrativo, no es menos cierto que, como mínimo desde Voloshinov (1992), sabemos que el pulso de la dialogía constituye incluso
la existencia y la práctica de todo lenguaje como territorio común entre hablante y oyente. El lenguaje, desde ahí, puede ser concebido como lugar donde el principio de propiedad no es pertinente. No extraña, en fin, que se haya insistido y recientemente se haya dejado escrito que el Quijote es un “foro dialogante” donde “un lenguaje ilumina a otro lenguaje. Nadie es
dueño absoluto de las palabras”.1


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Desde el punto de vista de la tradición literaria, el Quijote no sólo recoge las primeras semillas de la novela dialogada en la Europa premoderna, sino que impulsa esa tendencia mediante la intensificación de un “diálogo
activo” (según Claudio Guillén), intertextual e intergenérico, como se sabe asimismo, con las narrativas más vivas de aquel momento y su pasado reciente: fundamentalmente libros de caballerías, relatos pastoriles
y novela picaresca. De ahí el resultado: esa suerte de antigénero autorreflexivo y plurilógico, arraigado en lo popular de una forma que será difícilmente viable dos siglos después con la subordinación de la novela
(del género narrativo) a las pautas pragmáticas de la institución de la Literatura. Así, una vez encapsulada la crisis en la categoría moderna de Literatura, sólo habría que dejar pasar el tiempo para poner en marcha,
a gran escala, los mecanismos de nacionalización, cosificación y fetichización que impulsan los fastos estatales y comerciales del IV Centenario (2005). Esa situación de consenso público recurrente, en fin, no es seguro que neutralice de una vez por todas la táctica anticoagulante y disolvente (esto es, antipropagandística) de la escritura cervantina en los orígenes de una modernidad contradictoria y conflictiva.2


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1 C. FUENTES, ‘Elogio de la incertidumbre’, EL PAÍS, Babelia, 23 de abril de 2005, pp. 10-11.


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2 J. TALENS, Through the Shattering Glass: Cervantes and the Dialogic World, The University of Minnesota Press, Minneapolis, 1992.




Antonio Mendez en Islas en la red

Del excelente blog de Daniel Bellon, Islas en la red, recojo este texto:

Daniel Bellón y Antonio Orihuela




Dos poemas de Antonio Méndez Rubio, publicados en el último número de Lunas Rojas, bajo el título genérico de "Oxidia Blues" y que me han gustado especialmente:







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1/ Porque escribiendo es como no se olvida. Leyendo aquello que no tiene pero nada que ver:







la forma repentina que tienen esos pájaros grisáceos, perfectos en su fugacidad,







de dejar ya sin ningún cuidado su cobijo bajo la lluvia oblicua, violenta, de tormenta:







¿golpean con sus cuerpos el viento, o es el viento el que los golpea? ¡qué esperar de esta visión







que no fuera nada, que esté de más o que falte?











4/







Lo que se hizo, no dicho, se quedó en el silencio







que ahora al darlo reconocemos que nos faltaba.



Esto suena en el hueco del vientre: quien los escucha







sueña lo que quiebra al durar. Alucina la verdad: el aguacero contra las ventanas,







los pájaros de cerca, tras el aire, proscritos por su propio vuelo. Esta es su salvación:







su última desmemoria antes de más silencio para probar la suerte, más suerte, ir a ver.

Antonio Méndez Rubio

sábado, 12 de enero de 2008

FALLECE ANGEL GONZALEZ




Fallece el poeta y academémico de la Lengua Angel González. Buen amigo de Elena Escribano (quien me hace llegar la noticia, con gran pesadumbre).

El poeta ovetense Angel Gonzalez falleció a las 1.30 horas de esta madrugada a consecuencia de un paro respiratorio a los 82 años en la Clínica La Moncloa de Madrid, en donde llevaba dos días ingresado, informaron a Efe fuentes cercanas a la familia. Sin duda fue uno de los Grandes poetas de la generación del 50.

Descanse en paz.

Víktor Gómez

viernes, 11 de enero de 2008

Carta al Ministro de Cultura contra la corrupción en los medios literarios

(La libertad ama la justicia)
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Carta al Ministro de Cultura

Los tres finalistas del II Premio de Poesía Viaje del Parnaso han elaborado el siguiente escrito para el que solicitan firmas de adhesión:Para conocer más sobre el tema, van una serie de enlaces a distintos artículos relacionados:
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http://www.larepublicacultural.es/articulo.php3?id_article=330

http://www.larepublicacultural.es/articulo.php3?id_article=390

http://patadegallonoticias.blogspot.com/2007/12/sigue-coleando-el-bluf-del-parnaso.html

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CARTA AL MINISTRO DE CULTURA CONTRA LA CORRUPCIÓN EN LOS MEDIOS LITERARIOS

“No hay nada que resquebraje más los fundamentos de la democracia que la corrupción”.

(María Teresa Fernández de la Vega)
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Señor Ministro:

Dado que su Ministerio está impulsando la necesaria reforma democrática de los medios artísticos y culturales de titularidad pública, mediante la aplicación de un Código de Buenas Prácticas, los abajo firmantes le pedimos que haga extensiva esta iniciativa a los ámbitos literarios de nuestro país que, directa o indirectamente, son de titularidad o financiación pública, y sobre los que se ha ido extendiendo poco a poco, mediante el consentimiento pasivo o cómplice, una serie de conductas que no pueden ser calificadas más que como corrupción, en la medida en que el dinero público acaba utilizándose para beneficio de unos pocos o desviándose hacia manos privadas sin posibilidad de control legal ni democrático alguno. Nos referimos a premios, publicaciones, actos, congresos, viajes, ferias, publicidad, subvenciones, ayudas, etc., que tienen por objeto promover, difundir o reconocer la obra literaria de nuestros autores, y que se llevan a cabo a través de todo tipo de organismos públicos, semipúblicos o privados financiados con dinero público, tales como ayuntamientos, diputaciones, ministerios, consejerías, direcciones generales, departamentos, concejalías, universidades, colegios, centros, asociaciones, fundaciones, revistas, editoriales, bibliotecas, museos, teatros, partidos, sindicatos, etc., todo un entramado de instituciones que dedican parte de su presupuesto a la edición y promoción de obras literarias o creativas de poesía, narrativa, teatro o ensayo. Que el amiguismo, el tráfico de influencias y favores, la existencia de camarillas y grupos minoritarios de presión y poder, la selección o exclusión de nombres en función de la docilidad, la ausencia de libertad y crítica, la adulación, la creación de prestigios artificiales mediante técnicas publicitarias y “mediáticas”…, que todo ello se haya convertido hoy en práctica casi común y aceptada, tal y como reconocen pública y privadamente la mayoría de nuestros escritores, es algo que ya no estamos dispuestos a seguir tolerando con resignación y fatalismo.Creemos que ha llegado el momento de denunciar este tipo de abusos e irregularidades, como las que los tres finalistas del II Premio de Poesía Viaje del Parnaso, impulsores de esta carta, hemos puesto de manifiesto. Pero, al mismo tiempo, y para que de verdad cambie esta situación de corrupción consentida, de dimensiones nada despreciables, pensamos que es imprescindible que se establezcan principios generales y normas que hagan imposible la actual impunidad de los corruptos y la indefensión de la mayoría, especialmente en todo lo referente a las Publicaciones y a la concesión de Premios Literarios. No queremos que el libro siga la senda del ladrillo, aunque algunos ya no distingan lo uno de lo otro, y lo único que les importe sea construir su propio palacete o chiringuito. Respetamos y dejamos de lado, por supuesto, los negocios literarios de empresas privadas, sean editoriales o de otro tipo, pero defendemos la labor que el Estado debe llevar a cabo para corregir los abusos y desigualdades del mercado, favoreciendo la creatividad y la innovación, poniendo siempre, por encima de cualquier otro interés, el mérito, el talento y la calidad de las obras literarias. Pensamos que existe en nuestro país, en todas sus lenguas y culturas, una gran capacidad creativa y literaria que, ante el panorama descrito, se está dilapidando, malversando o marginando, sin que las mejores obras puedan llegar a un público que igualmente valoraría y reconocería y con las que podría disfrutar, enriqueciendo así su vida y experiencias, que no otro es el fin de la literatura.Esperando que nuestra carta sea de alguna utilidad, reciba un saludo de quienes todavía confiamos en que la democracia sepa atajar aquello que, en las palabras que encabezan este escrito, más la resquebraja y pone en peligro.Santiago Trancón, Esteban Martínez Serra y Javier García Cellino

SI ESTÁS DE ACUERDO CON EL CONTENIDO DE ESTA CARTA TE ROGAMOS NOS HAGAS LLEGAR TU NOMBRE, DNI Y PROFESIÓN A ESTA DIRECCIÓN:
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miércoles, 9 de enero de 2008

PAUL CELAN Y GISELE CELAN-LESTRANGE: cohabitar el estupor y la belleza

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LABIOS, TEJIDOS TURGENTES de la noche-tú:

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Miradas curvas escarpadas llegan escalando,

descubren la comisura,

se suturan en ella:

prohibiciones de entrada, peaje negro.

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Aún tendría que haber luciernagas.
Paul Celan




Sabemos que ambos artistas, intensos y singulares, en su colaboración artística "Ut pictura poesis" consiguieron multiplicar sus signos, sin renunciar a lo muy inexplorable y personal de su visión particular del mundo, el presente, el arte, la comunicación, el compromiso. Amor y tráfico de tensiones, deslumbramientos, pasión, miedos, admiración...




"Me gustaría conocer. Me gustaría comprender. Me gustaría saber. (.../...). Debe ser muy difícil amar a un poeta, a un bello poeta. (.../...) Tú trabajarás también el miércoles por la tarde- y yo, en mi casa, pintaré, creo- y estaremos muy cerca el uno del otro".


Gisele Celan-Lestrade




"Maia, amor mío, me gustaría saber decirte cuánto deseo que todo esto dure, nos dure, nos dure para siempre. ¿Sabes?, tengo la impresión, al venir hacia ti, de dejar un mundo, de escuchar cómo las puertas crujen tras de mi, puertas y más puertas, porque son numerosas las puertas de este mundo hecho de malentendidos, de claridades falsas, de engaños. Puede ser que aún me queden otras puertas, puede ser que no haya atravesado aún toda la extensión sobre la que se despliega esta red de signos que extravían, pero ya llego, ¿me oyes?, me acerco, siento que el ritmo se acelera, los fuegos engañosos se apagan uno tras otro, las bocas mentirosas se cierran en su baba -ya no hay palabras, ruidos, nada que acompañe mi paso.


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Estaré ahí, a tu lado, en un instante. En un segundo que inaugurará el tiempo.




Paul".




'¿Será el amor un largo adios que no se acaba?' Decía Pedro Salinas. Creo que hay una clara afinidad en el amor saliniano y celaniano. Pero el amor de Paul se logró mientras que el de Pedro quedó en un terreno desplazado de lo real, en el imaginal del autor, en la potencia del deseo y la fertilidad de la palabra. Volviendo a Paul y Gisele, su relación marca un hito. Conjugar vida conyugal y arte, en tiempos de descrédito, en horas de exilio, de nihilismo, de postguerra y desarraigo. No fue un camino, una relación fácil. Pero dio frutos irrepetibles en un tiempo de esterilidad y miedos. Hace que pensar...




Víktor Gómez

















También nosotros queremos estar



donde el tiempo dice la palabra umbral,



el milenio surje joven de la nieve,



el ojo caminero



descansa en el propio asombro



y cabaña y estrella



vecinas son en el azul,



como si el camino ya se hubiera recorrido.



Paul Celan



(escrito en la tarjeta de felicitación del año 1956, acompañado del grabado, es el primer testimonio de colaboración del matrimonio Celan, Gisele y Paul)

Paul arrastró depresiones y crisis muchos años. Luchó ferozmente. Perdió su matrimonio porque sus crisis pusieron en peligro la vida de Gisele. Y vinieron años tristes, de amordistanciado vivir. Se carteaban, se esperaban, se mantenían a prudencial espacio físico, por el puente de los años. Ella trato de que él no se suicidara. Paul segía luchando y creando. Sucumbió al sufrimiento en el 70 y saltó al Sena. Venía marcada su existencia por el estigma de la muerte bárbara. El poeta y la pintora. Un hombre y una mujer. La suma que multiplica. La pasión complice /y la compasión de ella/ que no contiene la locura otra de lo afuera y lo criminal.

Hace que pensar...

Víktor Gómez