miércoles, 17 de octubre de 2007

13 TRENES: SARA RUIZ Y JAVIER GIL

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'Esto no es un objeto pasivo. Cada número depende de tí, de que te atrevas a subir a nuestro tren en marcha para leernos lo que llevas en las maletas.'
Editorial del Grupo Poético TreceTrenes
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La revista 13 Trenes está a punto de presentar su Nº 5 . Sorprende y genera adicción por la calidad de sus contenidos, bajo un tema central por número, que incluye en su nómina colaboraciones y autógrafos de poetas consagrados y nóveles. De los consagrados destacar a EDUARDO MILAN, TOMAS SEGOVIA, ANTONIO MENDEZ, ENRIQUE FALCON, ELOY SANCHEZ ROSILLO, CARLOS EDMUNDO DE ORY, EDUARDO CHICHARRO, CARLOS PIERA, FERNANDO ARRABAL, CLARIBEL ALEGRIA, JUAN CARLOS MESTRE...


De los nóveles dejo tres dardos. El primero es una prosa poética que con lenguaje coloquial y una imagen actual nos perfila metafóricamente la gran incertidumbre del amor de pareja hoy. Con precisión, sin dogmatismo, sutilmente mistérica, su palabra se cuela piel adentro invadiendo nuestras arterias del estupor y de la inconsistencia de mantenerse leal, fiel, al sentimiento primero que nos despierta un ser querido antes de la erosión del tiempo.


V.G.




De tu dependencia...


De tu dependencia diría que es como un chicle pegado a la suela de mi zapato. Seguro que cuando menos lo espere se despega, pero hasta entonces ahí está, uniéndome a la tierra a través de sus elásticas fibras que se van rompiendo poco a poco; se diría que por el paso del tiempo


Montse Aguilar (Madrid, 1978)


Publicado en el nº 3 de la revista literaria, enero 2007, 13 trenes


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A ciencia cuyo arte es la clonación nuestra joven poeta metaexamina con la anáfora (Dolly) y en un bien dosificado tono sarcástico desmenuza como "ovejilla" de indias de su examen de conciencia bioética. Poesía y bioética, Poe(bio)ética que desnuda las ocultas obsesiones humanas de mejorar lo externo, lo cuantitativo, desestimando el valor genuino y raiz del ser, que es la no separación de lo sentimental, racional y fisiológico. Poema bien resuelto que incide en un terreno que precisa exploradores osados:




poesía y ética de la ciencia. Con Sara se divierte el lector sin dejar de interrigarse por los asuntos esenciales de nuestra cultura.




V. G.




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PALABRA DE UN ENFERMO




antes de la oveja Dolly, hubo otras
pero ninguna llegó a tener la clase ni el estilo total
de ella
estuvo Dolly la sin ojos, Dolly la siete pies
Dolly la demasiado vaga que jugaba con el viento
Dolly la pequeña dormilona
pero ninguna nació con suficiente lana para el frío del laboratorio
Dolly la tetraoveja
Dolly la amiga del gatonejo
Dolly la que se negó a cantar una sola balada
Dolly la negra, y antes que negra
sin dinero
hubo tantas aspirantes al trono de la ciencia...
pero sólo una auténtica Dolly: una oveja verdadera
anormal y saliente


SARA RUIZ (Madrid, 1978)

Publicado en el nº 4 de la revista literaria 13Trenes








Este poema está en el nº 4, mayo 2007, de la revista literaria 13 Trenes
y muestra simpática e inteligentemente que la poesía es forma y juego, que disloca el sentido racional, lo previsible, la lógica de los aprioris. Con Javier Gil uno se adentra en lo imaginal, por el no lugar desde el que lo vivido y entresoñado, lo inventado y el creador, la palabra y los objetos ruedan y quiebran las leyes naturales, ensanchando la vida, el mundo, lo otro.


Víktor Gómez


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MECEDORA CON CAMELLO REPOSANDO



No me mandes mecedoras
que de tantas que ya tengo no me caben
en la alcoba, que en las horas más oscuras tengo a veces,
tengo a veces muchas dudas,
muchas dudas que supuran en mi alcoba
mecedoras que me mandas
en los lomos de camellos. ¿No me ves
que yo vivo en un cuartito
en el fondo de una casa
en un tercero? No me ves deslomado
cada vez que a mi lomo he de subir
mecedoras con camellos reposando? ¿No me ves?
Es mejor, yo diría, que las mandes,
telegrama de por medio, bien envueltas
en cuartetas o tercetos, seguidillas o sonetos,
verso libre o verso liebre, o haz un cuento si prefieres
de un camello portentoso
que viaja por las nubes
pasajero de una hermosa mecedora.


Javier Gil Martín (Madrid, 1981)
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ANTONIO MENDEZ RUBIO: del simulacro y lo entrevisto

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Ilusión e ilusión se entretejen tan bien que cualquier referencia al mundo visible nos sirve de realidad.
Bernard Nöel: el síndrome de Gramsci
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De palabra a palabra
entrevive sin miedo
la pasión más oscura
de la luz.
Hoy, despacio, pronuncia
un despertar que dura
lo que dura un encuentro.
Aguarda todavía
al trasluz la ilusión.
Tras la luz.
La ilusión
Antonio Méndez Rubio,
TRASLUZ (2002)
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martes, 16 de octubre de 2007

ENRIQUE FALCON: nido en la trinchera

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Hay un pájaro enorme
habitando en mi cabeza,
un pájaro inaudito
de venas y caballos asustando la tarde.


Enrique Falcón
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KEN SARO WIVA (II): El poeta ecologista

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Si vivo o muero es intrascendente. Es suficiente saber que existe gente que compromete su tiempo, dinero y energía para luchar en contra de este diablo, entre tantos otros que abundan en el mundo. Si ellos no tienen éxito hoy, lo tendrán mañana. Debemos mantenernos en la lucha para hacer del mundo un mejor lugar para toda la humanidad —cada uno contribuyendo con un pedacito, a su manera" escribió en prisión Ken Saro-Wiwa.




KEN SARO-WIWA (I): El poeta nigeriano que se resistió Poder del oro negro

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Sentencia: la horca. Nombre y edad: Ken Saro-Wiwa, 56 años. Historial: candidato al Nobel de la Paz, profesor en la Universidad de Ibadan, ex ministro de Educación y celebrado escritor.





Nadie hubiera creído que con estos antecedentes el poeta nigeriano Ken Saro-Wiwa acabaría ejecutado en un remoto penal de su país. Pero a pocos se les escapaba que su destino estaba sellado desde que decidió enfrentarse a una fatal asociación: la de una de las corporaciones más poderosas del mundo, la compañía anglo-holandesa Shell, con una de las dictaduras más brutales de Africa, la encabezada por el General Sani Abacha.


De todos los acusados que han sido arrastrados ante los tribunales marioneta del dictador Abacha, pocos han irritado tanto al régimen como Saro-Wiwa. El escritor no estaba en posición de fraguar golpes de Estado o de convocar huelgas nacionales. Su radio de acción se limitaba a un punto pequeño en el mapa de Nigeria, Ogonilandia, una región que acoge a 500.000 personas en el Delta del Níger.


Desde 1990, las diversas comunidades del Delta -seis millones de personas agrupadas en 20 etnias distintas-, han protestado contra la explotación de su tierra a manos de las compañías petrolíferas, en particular de la Shell, que extrae la mitad del crudo que genera el país. El Gobierno nigeriano se beneficia de la otra mitad, que proporciona al régimen del general Abacha el 80% de sus ingresos a través del Consorcio Nacional del Petróleo de Nigeria.


Pero 35 años de esta explotación conjunta han modificado el exuberante paisaje que circunda al Río Níger. Ahora las emanaciones de gas queman el aire, el sulfuro ha manchado el agua de los lagos, los caminos han quedado bloqueados por las tuberías, los pozos de agua potable están emponzoñados. Los empobrecidos habitantes del Delta se manifestaron pidiendo la autodeterminación y recibieron disparos. Protagonizaron huelgas contra las compañías petrolíferas y fueron detenidos. Organizaron protestas en casa, y vieron crecer su miseria.


Hace dos años, bajo la inspiración del Movimiento por la Supervivencia del Pueblo Ogoni (Mosop), fundado por Saro-Wiwa, 300.000 ogonis se concentraron portando hojas de palma para clamar contra la devastación de su tierra y por la explotación sin contrapartida de su subsuelo en una región que sobrevive sin agua corriente, electricidad o carreteras, y donde hay un médico por cada 70.000 habitantes.


«No necesitamos pistolas -dijo entonces Saro-Wiwa-, debemos utilizar la cabeza». Las únicas armas que han centelleado en Ogonilandia pertenecen a las Fuerzas de seguridad nigerianas, que incitadas por la alarma de la compañía Shell, quisieron silenciar lo que amenazaba con convertirse en una guerra ecológica. Dos mil ogonis fueron asesinados y 80.000 quedaron desplazados de sus comunidades.



Su protesta, además de evocar el fantasma del separatismo en un país habitado por 250 etnias, tocó el talón de Aquiles de los militares: el crudo, su preciada fuente de ingresos.



La tierra de los Ogonis está ahora vedada a los visitantes, bajo la cruel batuta del mayor Paul Okuntimo, que habla de «limpiar» la zona y alardea sobre la habilidad de sus tropas para saquear los poblados. Okuntimo ha declarado a la prensa nigeriana que conocía 201 formas de matar, aunque sólo había practicado tres y esperaba que la mítica testarudez de los ogonis le diera la oportunidad de ejercitar la totalidad de su mortal repertorio.
Según testimonios recogidos en secreto por Amnistía Internacional, los dos últimos años han estado marcados por detenciones extrajudiciales, torturas y violaciones. Más de 1.800 Ogonis han sido asesinados y sus aldeas saqueadas por bandas de soldados mal pagados y peor disciplinados.
Shell tuvo que abandonar Ogonilandia en 1993, alarmada por las hostilidades, pero continúa siendo el mayor operador de crudo en el resto de Nigeria, con una producción de 910.000 barriles diarios.



La compañía ha rechazado hasta ahora las acusaciones de complicidad en la muerte de Saro-Wiwa, ha culpado del conflicto a «los enfrentamientos tribales», y ha responsabilizado del deterioro ecológico de la zona al rápido aumento de la población, sin haber realizado un estudio de impacto medioambiental antes de iniciar sus operaciones.



Aún así, los estudios realizados por Greenpeace muestran que la Shell vertió 1.6 millones de galones de crudo en el Delta del Níger entre 1982 y 1992.


Shell insiste


Pese a la indignación internacional, la multinacional ha decidido además seguir adelante con un plan de explotación de gas natural en Nigeria, en el que invertirá unos 4.000 millones de pesetas. Eso después de que la Corporación Financiera Internacional, una rama del Banco Mundial, decidiera retirarse del proyecto, una semana después de la ejecución del poeta nigeriano.


Para Greenpeace, «la sangre de Saro-Wiwa, manchará para siempre el nombre de Shell». Pero hasta la fecha, el dictador Sani Abacha no tiene razones para pensar que se ha equivocado en sus decisiones: Saro-Wiwa está muerto. Su predecesor, el general Obasanjo, encerrado. Y Moshood Abiola, el ganador de los comicios de 1993, se pudre en la cárcel en espera de un juicio que quizás nunca llegará. El Mosop ha quedado prácticamente desmantelado. Las fuerzas de seguridad han saqueado su sede en Port Harcourt y han utilizado sus archivos para aprehender a sus miembros.
El mundo ha condenado a Sani Abacha por estas acciones: la Commonwealth le ha dado dos años para que restaure la democracia, un plazo que supera en 12 meses el límite que el propio dictador se impuso para democratizar el país. Y la Unión Europea ha decretado un embargo de armas y la suspensión de los fondos de ayuda para el desarrollo que concede a Lagos -unos 36.000 millones de pesetas-, a través de los Acuerdos de Lomé.


Pero la propuesta sueca de ir mas allá e imponer un embargo de crudo no ha logrado el consenso de los Quince, que reciben un 39% de las exportaciones del petróleo nigeriano, distribuido entre España, Francia y Alemania. Otro 40% va a parar a EEUU, que no ignora lo que también saben el resto de los compradores: que el oro negro de Nigeria es inmune a las alteraciones políticas de Oriente Medio.



Para el dictador Abacha, sin embargo, la auténtica amenaza a su reinado se escondía dentro de Nigeria, no en el aislamiento internacional. Con el Mosop decapitado y el mercado de crudo asegurado, poco puede importarle que el mundo pueda conceder a Saro-Wiwa el primer Nobel de la Paz póstumo.



EJECUCION DE KEN SARO-WIWA








«Los hombres que ordenan y controlan este teatro ignominioso y esta farsa engañosa temen la palabra libre, el poderío de las ideas, la fuerza de la pluma, las reivindicaciones de justicia social y de los derechos humanos. Sienten tanto miedo y pavor ante la fuerza de la palabra que, incluso, se niegan terminantemente a leer.»
Ken Saro-Wiwa

ANGEL GONZALEZ: 1954, un hombre solo

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Este es el poeta preferido de mi amigo Fran Garcia (La cueva nítida) y conociendo su calidad de lector y persona, es mucho decir... yo le voy leyendo y voy descubriendo bajo un esplendido tronco, una frondosa copa, las raíces.















Aquí, Madrid, mil novecientos


cincuenta y cuatro: un hombre solo.


Un hombre lleno de febrero,


ávido de domingos luminosos,


caminando hacia marzo paso a paso,


hacia el marzo del viento y de los rojos


horizontes - y la reciente primavera


ya en la frontera de abril lluvioso...-


Aquí, Madrid, entre tranvías


y reflejos, un hombre: un hombre sólo.


- Más tarde vendrá mayo y luego junio,


y después julio y, al final, agosto.


Un hombre con un año para nada




delante de su hastío para todo.








Ángel Gonzalez

lunes, 15 de octubre de 2007

NATALIA GINZBURG: Memoria del esposo preso

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El poema que hoy presento fue escrito por Natalia Ginzburg cuando Leone, su marido, estaba preso por la Gestapo, fue torturado y asesinado en la prisión de Regina Coeli. Desde que su esposo es arrestado hasta su muerte, Natalia no pudo verle (del 20 de noviembre de 1943 al 5 de febrero de 1944).

Mientras transcribía el poema un rumor lejano de hojarasca tensó el alma de la noche. Crujía como una madera seca arrancada tempranamente del árbol.


V.G.



---------------------------- Lienzo de Edward Hopper, Chair Car, 1965


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BIOGRAFIA desde Wikipedia






Natalia Levi nació en Palermo en el seno de una familia de origen triestino. Su padre, Giuseppe Levi, era un profesor universitario de Medicina y llegó a tener gran reputación. Tanto él como sus tres hermanos serán apresados y procesados por sus ideas antifascistas.




La infancia y adolescencia de la escritora transcurrió en
Turín. Hija de padre librepensador y madre cristiana, tuvo una formación atea. En 1933 publica su primer cuento, I bambini (Los niños), publicado en la revista "Solaria". En 1938 se casa con Leone Ginzburg, un intelectual comunista de origen ruso. El matrimonio Ginzburg se relaciona con los intelectuales antifascistas turineses, especialmente los relacionados con la editorial Einaudi, con la que Leone Ginzburg colaboraba desde 1933. Entre otros, mantendrán gran amistad con Cesare Pavese.



En 1940 se traslada con su marido a un pueblo de los Abruzzos donde este último había sido desterrado por las autoridades fascistas. Allí permanecerá hasta 1943.
Con el pseudónimo de Alessandra Tornimparte publica
1942 su primera novela, titulada La strada che va in città, que reeditará en 1945 ya con su firma definitiva, Natalia Ginzburg. En España actualmente existe una traducción en el mercado de Arantxa Iturrioz ("El camino que va a la ciudad", Bassarai, 1997).



Tras la muerte de su marido en la cárcel de Regina Coeli de Roma, Natalia Ginzburg regresa en 1944 a Turín. Al término de la II Guerra Mundial comienza a trabajar en la editorial Einaudi.



En 1947 publica su segunda novela È stato così, con el que gana el premio "Tempo".
En
1950 se casa con el profesor universitario Gabriele Baldini, que será nombrado director del "Istituto Italiano di Cultura" en Londres.



En 1952 publica Tutti i nostri ieri , en 1957 el libro de cuentos Valentino (premio Viareggio) y la novela Sagittario, en 1961 Le voci della sera.
En
1963 gana el prestigioso premio Strega con Léxico familiar, novela autobiográfica con la que consiguió también un gran éxito de ventas. Ese mismo año hizo su único papel en el cine, en la película de Pier Paolo Pasolini: El Evangelio según San Mateo, en la que interpretó a María de Betania.



En 1969 muere su marido. Ella continua con su escritura, cada vez más interesada en el microcosmos de las relaciones familiares: Caro Michele (1973), Famiglia (1977), la novela epistolar La città e la casa (1984), La famiglia Manzoni (1983).
Otras facetas en las que destacó fue como autora de comedias teatrales y traductora: entre las primeras, destacan títulos como Ti ho sposato per allegria (
1970) o Paese di mare (1972). Sus traducciones más celebradas son las que realizó del francés (obras de Marcel Proust y Gustave Flaubert).



Murió en Roma la noche de 6 al 7 de octubre de 1991.









Leone y Natalia Ginzburg


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------------- Carta de natalia a su esposo, Leone Ginzburg






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MEMORIA





La gente va y viene por las calles,

hace sus compras, camina a sus asuntos

con los rostros vulgares y felices,

con el grato bullicio de costumbre.

Levantaste el lienzo para mirar su rostro,

te inclinaste a besarlo con el gesto de siempre.

Y era el rostro de siempre, pero era la última vez,

quizá tan solo un poco más cansado.

Su ropa tambien era la de siempre.

Y los zapatos eran los de siempre. Y las manos

eran las manos que partian el pan,

vertían el vino y la alegría.

Todavía hoy cada minuto que pasa

vuelves a levantar el lienzo,

a mirar su rostro por última vez.

Si caminas por las calles, no hay nadie junto a ti.

Si tienes miedo, nadie te coje la mano.

Y no es tuya la calle, no es tuya la ciudad

alegre y confiada y de los otros,

de los hombres que van y vienen

comprando el pan, la fruta y el periódico.

Puedes asomarte a la ventana

contemplar en silencio el oscuro jardín:
nadie vendra a tu lado,

nadie te dará fuerzas para entrar en la noche.

Antes cuando llorabas había una voz serena,

antes cuando reías alguien reía contigo.

Pero una puerta se ha cerrado para siempre,

para siempre se ha apagado un fuego,

tu juventud es ya una casa vacía

para siempre.