viernes, 9 de marzo de 2007


LA TORMENTA

Y comienza

creciendo la intemperie

dentro del corazón.

Se levantan los brazos del mar

agitando las velas desgarradas,

y todo a la deriva.

Se tambalean los bultos enormes y mal atados

de los recuerdos,

se desplazan por la cubierta abarrotada

los toneles rotos de la prudencia

y las cajas mal cerradas de las viejas heridas.

El viento convierte en papel

el duro trabajo de años en los astilleros de la vida.

Y el cielo con todos los colores de lo oscuro

bramando por encima de nosotros

en evidente desamparo.

Y sólo ha sido el perfume que el llevaba

y que ha vuelto,

por sorpresa,

dios sabe desde qué chaqueta desconocida

al fondo del autobús.


Elena Escribano Alemán, de Reincidencias.

Diputación de Soria, 2007.



PREMIOS LEONOR Y GERARDO DIEGO"Soria tiene algo que inspira, energías que se notan en la tierra"Elena Escribano y Víctor Rodríguez Núñez recibieron ayer en el Aula Magna Tirso de Molina los premios de poesía Gerardo Diego y Leonor respectivamente de manos del presidente de la Diputación, Efrén Martínez Izquierdo, en el intermedio del concierto de la Orquesta de Cámara de la Joven Orquesta Sinfónica de Soria. Por la mañana, en homenaje a las "bodas de plata" del Leonor que se cumple este año, los autores hicieron una ofrenda floral ante la tumba de la que fuera esposa de Antonio Machado. .


IRENE LLORENTE YOLDI.


Soria Martínez explicó que la entrega de un premio literario como el Leonor, que ahora cumple sus bodas de plata, y el Gerardo Diego para noveles, que ya va por su vigésimo segunda edición, "no es sólo un acto de reconocimiento y tributo hacia su ganador, sino también un acto de gratitud por parte de la institución que lo concede al artista por su compromiso, por su dedicación y respeto hacia el galardón que recibe". Así, añadió el presidente de la institución provincial que desde que creara la Diputación hace ahora veinticinco años sus premios de poesía, "siempre ha pretendido que esta cita fuera una fiesta de reconocimiento y homenaje hacia la cultura".


Para Elena Escribano el galardón del premio Gerardo Diego de poesía le ha supuesto "una emoción que no se puede explicar porque nunca pensé que podría sucederme que hasta los sueños más peregrinos existan".


Escribano reconoció un "afecto especial" por Soria, donde vivió su hermana y hasta donde se trasladó en su luna de miel. "Ahora este premio me ofrece la posibilidad de reencontrarme con esta tierra y de alguna manera con mis orígenes, ya que de niña leía a Machado y me lo imaginaba precisamente caminando por el paseo junto al río Duero", añade la poetisa.


Escribano dirige desde 2002 el Taller de Escritura Poética de la Universidad Politécnica de Valencia. Es coordinadora de la revista poética "Polimnia 222" de la Universidad Politécnica de Valencia y coautora de los libros de Bachillerato de Lengua Castellana y Literatura de la editorial ECIR.Elena Escribano definió "Reincidencias" como "un paseo reflexivo y sorprendido ante el amor visto ante una edad no demasiado joven. Un viaje doloroso pero al mismo tiempo enriquecedor". Esta murciana, residente desde hace casi treinta años en Valencia, reconoce que Soria tiene algo que inspira, "son energías que se notan en la tierra, sensaciones muy especiales que hacen percibir la poesía en estado puro".


Precisamente Escribano "encontró" su lugar de inspiración en el Cañón del Río Lobos, donde percibió "una fuente de sensaciones como una especie de enrejado de poesía que se nota en la piel y cuando respiras".


Víctor Rodríguez Núñez recibió muy agradecido el Leonor por la segunda parte de "Actas de medianoche" porque "se trata de un premio con gran renombre en el mundo de la poesía y muy conocido internacionalmente".


Este poeta, que se había presentado al premio "un par de veces antes sin éxito", consideró un honor recibir este año el galardón, que cumple 25 años de vida, y llegar a Soria "justo cien años después de cuando lo hizo Antonio Machado, uno de mis poetas preferidos y a quien "responsabilizo" de que me planteara dedicarme a la poesía". Por este motivo, Rodríguez Núñez cree que le debe a Machado "seguir escribiendo y honrarle con mi trabajo".


Víctor Rodríguez Núñez nace en Cuba en 1955. Es poeta, periodista, crítico, traductor y profesor universitario. Actualmente reside en Ohio (Estados Unidos) y es profesor en la Universidad. La primera parte de "Actas de Medianoche" recibió un accésit del Premio Fray Luis de León de la Junta de Castilla y León. En 1981 recibió el premio David de La Habana. En 1967 recibió el Premio Plural a las Letras Cubanas. En 1995, el Premio Educa de Costa Rica y en el 2000 el Premio Renacimiento de Sevilla.Este cubano habla de su obra "Actas de medianoche II" como una obra fortuita y racional al mismo tiempo.


"Explica primero la diferenciación del sujeto y cómo se separa de los otros y luego se da cuenta de que no tiene ningún sentido y le lleva a unirse a los demás". "Todo comenzó en 2001 en la Universidad Austin de Tejas, cuando preparaba mi tesis doctoral. Dado que por el día hacía mucho calor me dedicaba por las noches a mi proyecto, cuando un día en un cuaderno empecé a escribir lo que llevaba en mi cabeza, sin preocuparme de ningún principio formal, algo que va en contra de mi persona, ya que creo en el principio de organización de la razón", añade el poeta. "Después, cuando empecé a trabajar en Ohio pasé todas esas notas a ordenador y realicé un proceso de reescritura que duró más de un año. Imprimí el trabajo y en verano, aproveché todas las tardes para leer todo. Iba haciendo pilas y relacionando unos escritos con otros hasta que me quedé con 14 pilas, cada una con 11 sonetos. Luego los dividí en dos partes, y así resultó "Actas de medianoche" primera parte y segunda parte.Reconoció que durante muchos años de su vida se dedicó a escribir poemas, pero luego le dejó de interesar porque se sentía "muy encerrado en sus estructuras". "Entonces me di cuenta de que no tenía por qué escribir poemas para hacer poesía", explicó Rodríguez Núñez. Martínez reconoció que el hecho de que a lo largo de estos años se hayan presentado más de 9.210 obras de más de 14 nacionalidades diferentes viene a confirmar el lugar privilegiado en el que se sitúa Soria y su provincia en el mundo de las letras. Gerardo Diego, Bécquer, Machado, son sólo tres de los nombres de escritores consagrados que han plasmado en sus versos lugares, impresiones y sentimientos nacidos de Soria y su paisaje.Efrén Martínez anunció que para celebrar las bodas de plata de los premios Leonor la Diputación realizará un "acto puramente literario" en una fecha próxima al 23 de abril, Día del Libro, en el que se dará cita a los ganadores de todas las ediciones del galardón y se presentará una Antología de los mejores poemas de los ganadores del Premio Leonor en una publicación diseñada por los jóvenes artistas alumnos de la Escuela de Artes de Soria.

Catorce (dos últimos sonetos), de Víctor Rodríguez Núñez
Nada falta a mi sombra.que no sea tu luz intransigente.Nada falta a tu lumbre.que no sea mi oscuridad sagrada.Todo está al otro lado de la noche.La jícara en medio del desorden.que es mi madre en penumbras.El cuerno de venado.muerto para tejer estas mancuernas.Los granos de maíz regados en la nieve.que a esta hora germinan.En cada lágrima seca de luz.fríamente calculado.se reproduce el mundo..El centro de nada.como la noche.giro por cualquier parte.Esa sombra sin eje retorcida.que suena a viejo disco.Yo te he estado esperando.desde la medianoche de Cayama.en que la sombra ardía.Aquí y en todas partes.vida colgada de un clavo mohoso.este susto que soy.Si te atrasas o no llegas al fin.poco importa.te espero antes del alba.

La planta joven de El Corte Inglés, de Elena Escribano Alemán
Cuando amas se caen una a una.todas las paredes de tu casa.Durante años has levantado tus defensas, .confías en que sabes dónde estás, .quién eres, cuál es tu papel .en el confuso juego de la vida.Y aparece el amor con sus banderas.y se desmoronan los muros.en que te sustentabas.No te das cuenta, .y mientras navegas entre la dicha.y la locura.el amor desbarata tus cimientos.Así descubres un buen día.-es un ejemplo-.que no tienes nada en el armario que ponerte.para salir con él, .todo te parece anticuado.y desde luego es ropa.que te hace demasiado mayor.Y al momento ya estás mirando escaparates.y no ves nada que te guste.Insistes, algo habrá.que asegure que al verte.él sentirá el deslumbramiento.que te conmueve.cuando se te aproxima por la calle.Entonces te das cuenta horrorizada.que -a tus años- estás buscando .algo bonito que ponerte.en la planta joven de El Corte Inglés.No es posible. Sonríes.y te marchas.Y regresas a casa, abres.otra vez el armario .y compruebas que allí estás tú y decides.que el amor, si merece tus abrazos.deberá aceptarte como eres.

Carlos Tena, Manuel Talens, Quintín Cabrera y Gennaro Carotenuto
Memorial del Che, Santa Clara (Cuba)





Manuel Talens (Granada 1948) es novelista, traductor y articulista en la prensa y en los medios electrónicos de lengua española. Ha publicado hasta la fecha dos novelas, La parábola de Carmen la Reina (1992) e Hijas de Eva (1997) y tres libros de relatos, Venganzas (1995), Rueda del tiempo (2001, Premio Andalucía de la Crítica 2002) y La sonrisa de Saskia y otras historias mínimas (2003). Como traductor, además de una intensa labor en los medios alternativos de internet, especialmente en Rebelión, donde forma parte del grupo de traductores habituales, ha vertido al castellano textos de ficción, semiótica, psiquiatría, teatro, ensayo y cine, de autores que van desde el francés Georges Simenon al inglés Tibor Fischer o a la estadounidense Edith Wharton, pasando por Groucho Marx, Paul Virilio, Blaise Cendrars, Derek Walcott, Georges Hyvernaud, Geert Lovink, James Petras, Donna J. Haraway o el Groupe µ. En la actualidad prepara la edición su tercera novela (La cinta de Moebius, que aparecerá en octubre), la edición en papel de los ensayos cinematográficos Cuba en el corazón y una antología de artículos periodísticos.
Todo esta recopilación viene de una magnífica página web del propio Manuel Talens:
Muy recomendable seguir.


En torno a la poética de Jenaro Talens:
una escritura nómada y rizomática

Lic. Víctor Manuel SILVA ECHETOvimasi@hotmail.com rizomaes@yahoo.es Universidad de la República (Uruguay)Universidad de Sevilla

Lic. Rodrigo Francisco BROWNE SARTORIcomuniquiatras@yahoo.esUniversidad de Playa Ancha (Chile)Municipalidad de Juan Fernández (Chile)Universidad de Sevilla
GRUPO COMUNIQUIATRAcomuniquiatra.dk3.com
“Cuando le dije (a Borges) que para mí Pierre Menard era, más que el autor, un lector de Don Quijote, me respondió sin vacilar ‘lector o autor, es lo mismo, ¿no es cierto?’”. (Block de Behar, 1984: 73).
“El papel del poeta predicando la buena nueva de sus experiencias vitales o de su tristeza post-cogitum me resulta extrañamente patético. ¿Cómo puede alguien enorgullecerse de añadir un poco más de ruido al general zumbido de las moscas? (Talens, 1989: 7).

La poesía de J(enaro) T(alens) -“¿qué importa quién está hablando?” (Foucault, 1969, 2001: 6)- permite ser analizada desde una escritura rizomática que niega cualquier posibilidad de existencia de un sujeto, llamado autor (lectura canónica arborescente). Como ejemplo, podemos referirnos a “El espacio del poema”, donde J.T. cita en el epígrafe a George Bataille: “El yo no importa nada”.
Al leer la poesía de Talens, podemos imaginarnos una cultura donde los discursos circulen sin necesidad de autores que se adueñen y controlen esos mismos discursos. Los poemas podrían deambular en un generalizado anonimato que permitirían a los lectores, temporalmente, apropiarse de ellos. La tan mentada identidad del autor se ve conquistada por alteridades diversas que habilitan múltiples diferencias. J.T. juega con la contradicción de que su primera persona se apropie de su discurso, utilizando designadores (indicadores, para Benvenite) que, a su vez, pueden considerarse como nombres propios que, en palabras de Deleuze (1969, 1989), tienen una importancia especial al formar singularidades propiamente materiales. Sin embargo, como en la cita de Bataille que citábamos más arriba, en otros momentos J.T. vacía estos designadores o indicadores, clausurándolos y virtualizándolos. Talens considera que:
“...aunque nada de lo que he escrito puede desvincularse de una vivencia completa, nunca he hablado de mí, pero siempre lo hice desde el único lugar del que me es imposible sustraerme, esto es, desde mí. Quiero decir que lo mío, si así hay que llamarlo, sería el punto de vista, nunca la anécdota argumental; el tono, no la melodía” (Talens, 1989: 8).
En la escritura talensiana -como si de un Menard se tratara- cada lector reconstruye, en su propio silencio, los textos; es decir el yo que se acerca al texto es una pluralidad de otros textos, de discursos y sentidos abiertos. Porque “leer no es un gesto parásito, complemento reactivo de una escritura que adornamos con todo los prestigios de la creación y de la anterioridad” (Barthes, 1970, 1980: 7). Es así como cada nueva expresión desencadena un nuevo ocultamiento. Siguiendo a Lisa Block de Behar: un nuevo silencio que, como sucede con la semiosis ilimitada, nunca detiene este proceso. En la dinámica del silencio también se afirma la semiosis ilimitada del texto: “Nadie es dueño de la última palabra, tampoco del último silencio” (1984, 1994: 190).
El autor en su discurso pierde la identidad -“ya sin disfraz, el mío, me pregunta, ¿quién soy?” - y se convierte en un simulacro. Por ejemplo, el poema “Mutismo de dentro y palabra de afuera”, es encabezado con un epígrafe de Nietzsche donde evidencia una máscara interpretable y, por tanto, siempre falsa. Nietzsche, asimismo, al asesinar sin piedad a Dios marca un punto de inflexión porque lo que afirma no es tanto la muerte de Dios, sino el fin del propio hombre (Foucault, 1968, 1986: 373-374). Como señala Klossowski, citado por Deleuze, cuando Nietzsche anuncia que Dios ha muerto está declarando que el propio Nietzsche debe necesariamente perder su identidad… “La garantía absoluta de la identidad del yo responsable desaparece en el horizonte de la conciencia de Nietzsche, la cual, a su vez, se confunde con esa desaparición” (Deleuze, 1969, 1989: 294).
“[...] hasta mi mesa ascienden los geraniosel aroma indescriptible de una nocheque es también sol y nada: una ficción vacíael humo adelgazado de una materia que nos restituyeal origen: el huecoun simulacro sin identidad.”
Así es como, en el caso del poema, el lector se convierte en un co-autor (lectoautor, auctor, e-lector) que lee desde otro lugar, desde un espacio incorpóreo o no-lugar -“no hay lecturas originarias ni en estado puro” (Talens, 2000: 19)- que no se reduce a descubrir lo que ya existe en el texto sino que transforma lo que hay en él, cambiando por completo la dirección del sentido de esa obra.
“Ignoro cuándo, para quién y cómoestas palabras son las que desdoblanel hueco informe en que me instauro, fluyemi voz y avanzo, me dibuja un ríoque le inscribe y me borra. Sólo túsabrás quién habla, dónde está, qué somos.
Según Jacques Derrida, los textos sólo se producen por la transformación de otros textos (1968, 1977), como ocurre con Pierre Menard (que somos todos los posibles lectores del Quijote) que no compone el mismo Quijote que Cervantes, ni un Quijote contemporáneo1, sino intenta escribir El Quijote... Menard, en otra versión de la muerte del autor, según el narrador, enriqueció mediante una técnica nueva el arte detenido y rudimentario de la lectura. “Esa técnica de aplicación infinita nos insta a recorrer la odisea como si fuera posterior a la Eneida y el libro Le jardin du centaure de Madame Henri Bachelier como si fuera de Madame Henri Bachelier” (46-47). En el caso específico de la poesía, Talens, indica que todo lector de poesía está consciente que un poema es diferente a otro y que, además, leídos en lugares y momentos distintos, aparecen siempre también como diferentes.
Esas diferencias, como repeticiones en Deleuze (“hemos definido estrictamente la repetición como diferencia sin concepto” (1969, 1999: 99), son máscaras, travestis, simulacros que nunca se consolidan en representaciones. Es que la repetición difiere por naturaleza de la representación, “lo repetido no puede ser representado”, sino que se enmascara en un juego donde su propio soporte es el simulacro. “Mediante el disfraz y el orden del símbolo, la diferencia está comprendida en la repetición” (1969, 1999: 84). Lo que se repite no es lo mismo sino lo que difiere. Como escribe el poeta en “Falsos prejuicios de lector”: “Oculto creador de un orden: simulacro”.
En la misma línea que la escritura (écriture) deconstructiva, algunos poemas y textos de Talens, como en un laberinto, se componen de varios senderos que insinúan un desorden que puede llegar a tener “un orden subterráneo”. “Frases sueltas irreconocibles” que habilitan una escritura/lectura rizomática que solamente puede analizar el lenguaje, en su perdida de territorio (desterritorializada), como lengua que se encierra en sí misma, “en una función de impotencia” (Deleuze y Guattari, 1976, 1997: 19).
Gilles Deleuze y Félix Guattari (1994, 1996) contraponen los rizomas a los árboles, porque los procesos arborescentes detienen el rizoma y su transformación al imponerles límites. “Estamos cansados del árbol. No debemos seguir creyendo en los árboles, en las raíces o en las raicillas, nos han hecho sufrir demasiado” (1976, 1997: 35). Esta escritura arborescente, como escena teológica -en el sentido de Artaud- considera al lector como un esclavo que sigue fielmente los designios provisionales del amo.
Un concepto no es un universal, ni un trascendental, sino singularidades cada una de las cuales se prolonga hasta las inmediaciones de otra. J.T. en “El espacio del poema” (un texto que presenta una variedad de huellas deconstructivas, al utilizar y valorar la escritura) no anula el plural por la vía del singular, sino que señala que el plural se transforma por el singular. “De hecho el singular se mantiene, en tanto significante viejo, dentro del nuevo significante”.
Esta escritura/lectura rizomática caotiza el cosmos arborescente y en J.T. se lanza rechazando a un platonismo que se había convertido en un paradigma de orden y jerarquía, y que, asimismo, rechazaba y expulsaba a los poetas. Es así que el poema “Anti-platón” nos sitúa frente a “un montón de residuos” que reunidos al azar conforman “el cosmos más hermoso”. En otro momento, el poeta busca en la desesperación el “Final del laberinto”:
“El centro es la unidad, pero también el punto de partida para una infinita multiplicación de círculos concéntricos. (...) Somos el blanco propicio para los dardos de la desesperación. Somos el muro y el espacio donde el muro surgió. La cárcel y su imposibilidad. (...) Romper lo frágil y sus espirales. La libertad de conocer los límites: centro no ya, ni circulo, sino la realidad, ahora inevitable”.
Juan Carlos Fernández Serrato (2002), presenta otro ejemplo al referirse a “El espacio del poema”, donde se visualiza una composición compleja, “multiforme”, compuesta por fragmentos narrativos, líricos, exposiciones teóricas, argumentaciones críticas, “conectadas por sorprendentes pasadizos que nos llevan directamente de la idea conceptual a la fulgurante metáfora y vuelta a empezar” (27). Nos encontramos, como característica sobresaliente en la poesía talensiana, frente a un texto plural.
Estos textos ya fueron analizados por Roland Barthes (1970, 1980) que definía los textos escribibles a partir de la pluralidad de sus entradas, la apertura de las redes, el infinito de los lenguajes. Lo novelesco sin la novela, la poesía sin el poema, el ensayo sin la disertación, la escritura sin el estilo, esos son escribibles, y en Talens encuentran, en “El espacio del poema”, una multiplicidad de sentidos que no se cierran. Mallarmé y el surrealismo, Artaud y Bataille, Nietzsche, Deleuze, Foucault, Derrida, entre muchos, se dispersan a lo largo del discurso talensiano:
“En este texto ideal las redes son múltiples y juegan entre ellas sin que ninguna pueda reinar sobre las demás; este texto no es una estructura de significados, es una galaxia de significantes; no tiene comienzo; es reversible; se accede a él a través de múltiples entradas sin que ninguna de ellas pueda ser declarada con toda seguridad la principal; los códigos que moviliza se perfilan hasta perderse de vista, son indecibles (el sentido no está nunca sometido a un principio de decisión sino al azar); los sistemas de sentido pueden apoderarse de ese texto absolutamente plural, pero su número no se cierra nunca, al tener como medida el infinito del lenguaje” (Barthes, 1970, 1980: 3).
En los márgenes, J.T. reivindica el azar, “un azar que es materia”, y en los márgenes (que simulan ser centro) destaca un ideograma chino, donde vuelve a pluralizar las voces de sus discursos. J.T., en la mayoría de sus poemas, alude a un mapa abierto, conectable entre sí, alterable y desmontable, susceptible de acoger las más diversas modificaciones que, al mismo tiempo, y siguiendo los planteamientos propuestos por Deleuze y Guattari, pueden tener múltiples entradas que se liberan de los modelos arborescentes y que deben abrirse en todos los sentidos: “hacer a su vez rizoma” (Deleuze y Guattari, 1976, 1997: 34).
Los sentidos se individualizan y multiplican, y no se permite la consolidación de un sentido único, común o unidireccional. Asimismo -como en Deleuze o Derrida- comprenden un pensar paradójico que lo vincula al sinsentido. Para Gilles Deleuze la teoría del sentido presenta una serie de paradojas y, esa teoría, no puede separarse de las paradojas porque es una entidad inexistente, “incluso tiene relaciones muy particulares con el sinsentido” (1969, 1989: 23). Jacques Derrida, por su parte, considera que el origen del sentido no tiene sentido, y aclara, que este no es un enunciado nihilista o negativo.
“(...) la palabra ‘sentido’ puede determinarse siempre de distinta manera en contextos muy diferentes, sea que se la oponga a la significación o el objeto, o a lo que es totalmente insensato, privado de sentido (sinnlos, diría Husserl), o, por fin, a lo que, pese a ser imposible o contradictorio (el círculo cuadrado, por ejemplo), no por ello tiene menos sentido en el contrasentido (widersinning) para ser comprendido en cuanto tal y rechazado precisamente como contrasentido. Hay en este concepto demasiados pliegues...” (Derrida, 1996, 1998: 136-137).
La tarea es producir sentidos abiertos, libres, sin ataduras, ni marcas estables, porque el sentido no es depósito, institución, comienzo, ni final. Además de la poesía de Talens (que por ejemplo en “El espacio del poema” cita un ideograma chino) podemos referirnos a Antonin Artaud para apoyar la hipótesis sobre la producción de sentido que estamos proponiendo. Es que cuando mencionamos la posibilidad de producir nuevas máquinas de sentido, no podemos obviar su propuesta sobre un nuevo lenguaje que integraría no solamente escritura fonética y trascripción del habla, sino escritura jeroglífica, en las que los elementos fonéticos se coordinan con elementos visuales, pictóricos y plásticos. Ese es un lenguaje de la frontera que no se cierra a ninguna posibilidad de producir sentido.
Para Talens, un buen ejemplo que refuerza esta propuesta sobre el sentido es el de la música (no es casual que gran parte de su ensayística gire en torno a este tema), ya que la misma no significa ni produce signos, sino sentidos. Sin embargo, una frase verbal siempre significa algo porque usa palabras que ya de por sí portan significados.
“El aislamiento de una música en medio de la tormenta no tiene más sentido que estas palabras irreconocibles que un náufrago pronuncia como suyas, aún ignorando a quién o quiénes pertenecen. Estériles esbozos para una teoría de la resurrección.”
Gilles Deleuze considera que la música no se detiene. No cesa de hacer pasar sus líneas de fuga como otras tantas “multiplicidades de transformación” que trastocan y erradican sus propios códigos arborescentes, “por eso la forma musical, hasta en sus rupturas y proliferaciones es comparable a la mala hierba, un rizoma” (Deleuze y Guattari, 1976, 1997: 27).
A la obra de J.T. podrían aplicarse algunos de los conceptos, que él incluye en los estudios sobre otros poetas de su generación, como, por ejemplo, Leopoldo María Panero y Antonio Martínez Sarrión. Al prologar la colección de poesía completa de este último, en 1981, Talens escribió que intentar explicar (“de clausurar”) el sentido de una obra estética que -“si se define, es sobre la base de su carácter de su propuesta de sentido- es un ademán inútil” (1981, 2000: 260). Mientras que el crítico territorializa el no-lugar del arte, el artista lo desterritorializa, lo desordena, trabaja “desde el desconcierto”. Al artista la obra se le escapa y huye, es un juego abierto de sentidos.
“Es como el rey de la polilla.Sentado en esta bibliotecaoye un murmullo de raíces,un olvido que aún duele,hecho de sobresaltos, de estupor, de vigilias. (...)Recoge datos. Una historia. Son Recapitulaciones. Quiere comprender.En esta claridad despedazadaun cuerpo anónimo interroga, buscaalgo que sea lo contrario de la nada de mí”



Los hermanos Taléns, Manuel y Jenaro, desde la narrativa, desde la poesía, el ensayo, la traduccción, el cine...

Dos maneras de bien hacer por y desde la literatura y artes filológicas.


Sábado 24-2-2007.


Encuentro en Valencia con los poetas Antonio Méndez y Enrique Falcón.


Impresión personal de Luis Oroz (tercero por la izquierda, con camisa blanca).

Antonio Méndez es un poeta nato, un poeta que respira poesía, que recita probablemente igual que piensa, es decir, implicándose de un modo sobrecogedor.
Su manera de escribir se asemeja a un río desbordado, tiene su fuerza incontenible y ese poder que es capaz de arrastrar toda conciencia a su paso.
Es un hombre sencillo que cree en la poesía del instinto, en esa dicción que solo nace en la sensibilidad hecha silencio.
Sus poemas cabalgan en una comprensión imprecisa, eso precisamente es lo que él busca con sus versos; él dice: si alguien comenta que ha comprendido plenamente mi poema, yo le respondo, lo siento.
Como si alguna especie de fracaso asolara el poema en cuestión.

Un tipo peculiar y digno de ser conocido en profundidad, Antonio Méndez se hace más poeta en cada golpe de voz, en cada razonamiento de su obra.


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Enrique Falcón vive la poesía con pasión, es un luchador, un guerrillero que combate sin escudo y sus versos como arma arrojadiza.
Su poesía es capaz de despertar a un muerto, irrumpe en las pupilas como fuego en carne, tanto que puede llegar a quemar con su palabra.
Escribe con un ritmo fluido, preciso y puede notarse entre sus versos la ansiedad, la explosión de una conciencia selectiva. Comprometido a cien por cien, sabe extraer todos nutrientes a la vida y alimenta sus poemas con la emoción del instante histórico, muchas veces al rescate de la sordera del mundo.
Enrique es un hombre cercano, un grito hecho poesía y un silencio de todos.
Un POETA con mayúsculas que vive como escribe.


Escrito por:


LUIS OROZ

Poeta madrileño

Premio "Poetas sin rostro" II edición



Atardecer con pájaros


Gorriones en bandada me sorprenden
avanzando despiertos por el cielo
Raso. Rozando, mínimas, las alas
con el frío persistente de la tarde.
No su perseverancia; no la luz
que invisible termina en torno a ellos;
no su capricho, no el dolor pequeño
que sostiene, quizás, su vuelo bajo
haciéndolo imposible a las palabras.
No el temblor encendido de sus cuerpos
abriéndose al futuro, desterrados.
Miro el aire en silencio que los une.

Historia del daño
Las hojas transparentes,
las más embelesadas
me hacen daño.


Antonio Méndez Rubio



Todo lo que uno puede hacer ante la poética del desamparo, de la conciencia humana de esperanza y fraternidad ("En España hay más presos que lectores de poesía" según palabras de Enrique Falcón), de urgencia, de errancia, exilio, insurrección, es dar pasos hacia el otro, sabiendo que es el otro quien nos salva de no ser humanos, de no llegar a ser nosotros. El nos-otros que reclama un presente de pavura y desconcierto.




"¡Haced rizoma y no raiz, no planteis nunca!. ¡No sembreis, horadad! ¡No seais uno ni multiple, sino multiplicidades! ¡Haced la linea, no el punto! La velocidad transforma el punto en línea. ¡Sed rápidos, incluos sin moveros! Linea de suerte

, linea de cadera, linea de fuga. ¡NO suscitéis un General en vosotros! Haced mapas y no fotos ni dibujos! ¡Sed la Pantera Rosa y que vuestros amores sean como los de la avispa y la orquídea, el gato y el babuíno!


RIZOMA (Introducción) de Guilles Deleuze y Félix Guattari

Extracto de "Artes Poéticas: últimas tendencias. Enrique Falcon

4 tésis de Mayo, 2004

La verdad es que, en literatura, no me desagrada nada esa idea de que se nos despiste la mente de la supuesta “materia poética”, porque creo en la necesidad de que seamos permanentemente descentrados y sacados de nuestra inviolable vida privada, no más por poder devolverle a lo personal, a lo íntimo, aquello colectivo y común que nos ha sido arrebatado. Mi maestro Roque Dalton denunciaba la presuposición de que la poesía fuera un “vaso santo” que no debiera mancharse con el imperialismo, la tortura o la miseria cotidiana de los sin voz y los sin rostro. Yo creo que vale la pena (y mucho) que la poesía se nos contamine irremediablemente con ese olor a pies (de realidades supuestamente ajenas tanto a la materia de un poema como a nuestro macdonalizado cuartito íntimo), que la poesía se nos contamine con ese vuelco de mostaza, con el crimen nuestro de todos los días.


Mientras que nuestra suerte en común sea entendida como un asunto también personal, no cabrá un lugar para la esperanza. Y lo que uno escribe a la intemperie del mundo debería dar ¿por qué no? tamnién cuenta de ello.

La verdad es que, en literatura, no me desagrada nada esa idea de que se nos despiste la mente de la supuesta “materia poética”, porque creo en la necesidad de que seamos permanentemente descentrados y sacados de nuestra inviolable vida privada, no más por poder devolverle a lo personal, a lo íntimo, aquello colectivo y común que nos ha sido arrebatado. Mi maestro Roque Dalton denunciaba la presuposición de que la poesía fuera un “vaso santo” que no debiera mancharse con el imperialismo, la tortura o la miseria cotidiana de los sin voz y los sin rostro. Yo creo que vale la pena (y mucho) que la poesía se nos contamine irremediablemente con ese olor a pies (de realidades supuestamente ajenas tanto a la materia de un poema como a nuestro macdonalizado cuartito íntimo), que la poesía se nos contamine con ese vuelco de mostaza, con el crimen nuestro de todos los días.


CONVIENE recordar que los poetas que indagan a la intemperie, con el riesgo de ser poco leidos, poco horadados, poco con-versados, en su resistencia doble al sistema de ineficacia socio-política y a la banalización del arte y el pensamiento, los poetas que apuestan contra toda suerte de privilegio o clamor de multitudes por dejar en sus escritos huella leve, lene rastro, de su intensa busqueda de orientación (imposible quizá, pero necesaria tal vez) entreven un horizonte, o se encaminan por una linea pulcra y est-ética no convencional, pero conveniente, que asegura cuanto menos que lo que se transmite no es dogmático, no es propagandístico, no es hedonista, no es populista, no es rimado de palacio sino socavado de tierra de labriegos, removido aire de aceras de boulevard, exploración del daño, historia del frío.