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lunes, 4 de abril de 2011

ROGER SANTIBAÑEZ: LEZAMÍN RESPONDON

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Sobre AMARANTH precedido de AMASTRIS, leer en Sol negro, acá.
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Un consejo sano: sepamos vivir entre diablos y entre santos

seamos de alguna manera ángeles buenos y/o ángeles malos

Sepamos prendernos como bonzos en fuego de pasión

No seamos con frecuencia tibios de corazón. Eso es todo.

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Pablo Guevara

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3. Centro de Lima
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Anticuchera abofetea mis labios preferidos
Mientras suben las nubes exquisitas tras
Bambalinas lindas de anilina en el Paseo
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La pileta con sus niños calatos rodaviíza
El verano oquendiano & la calor de niña
Del Villa María me sorprende esperándome
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Preciosa huída de las gordas columnas
De la justicia almibarada bajo máscaras
Andinas donde nadie recuerda su pasado
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Ver si los corderos fueron ya sacrificados
Nocturna umbría selva del pastel azafranado
Pelo rubio que caía sobre pubis machigüenga
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Roger Santibañez
, poeta migrante en su letra, en su sangre, en su ojo oblicuo, en su pulso libérrimo, publicó en el 2010 AMARANTH precedido de AMASTRIS en la Ed. Amargord, Colección Trasanlántica que dirige Juan Soros y al que pertenece este fragmento de UN OSCURO DULCE LIMANO (homenaje a Pablo Guevara). Otra música desprendida del límite, descentrada de los pilares del auditorio y las cañadas del río deseante de deltas. Ahí vuelve una onda perlada de excrementos divinos, sonoros y no resumibles, cómo todo abono del no-mundo, esa posibilidad inaudita de lo mestizo, sin abolir pigmentaciones, arrugas, olor, cuerpos.
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Voz en la fisura de los olvidos, trasluz del tiempo de los venados , las insolaciones, el descarrilamiento del enser y el ser en los malecones de la historia. Voz coz oscura mano que mantiene unidos un instante la intuición, lo ciego, la esperanza, huellas de daño y silencios del testigo. Una tozudez es la palabra santivañezlana sobre lo borrado con luz artificial.
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Víktor Gómez
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Y sobre el intenso poeta Pablo Guevara, leer en Kolumna ocupa, aquí
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miércoles, 1 de septiembre de 2010

JORGE EDUARDO EIELSON: Vivir es una obra maestra



Primera parte del documental de Gabriela Yepes sobre uno de los más grandes artistas latinoamericanos del siglo XX; el peruano Jorge Eduardo Eielson.








Segunda parte del documental de Gabriela Yepes sobre uno de los más grandes artistas latinoamericanos del siglo XX; el peruano Jorge Eduardo Eielson.









Tercera parte del documental de Gabriela Yepes sobre uno de los más grandes artistas latinoamericanos del siglo XX; el peruano Jorge Eduardo Eielson.









Ficha técnica:

Fotografía: Antonio Rodríguez.
Música: Daniel Pacheco, Jorge Eduardo Eielson, Manongo Mujica, Octavio Castillo.
Producción: Victor Moyers, Gabriela Yepes.
Productores asociados: Dustin McCartney, Jeff Cole, María Cristina Rossel
Kunay Producciones




lA ESTAFETA DEL VIENTO

presenta:

Jorge Eduardo Eielson

Vivir es una obra maestra. (Poesía escrita).

Por Jesús María Barrajón

Ed. Ave del Paraíso.

Madrid

2003.

Aunque considerado por la crítica como uno de los grandes poetas vivos de América, Jorge Eduardo Eielson (Lima, 1954) es un autor poco conocido en España, donde, antes de la publicación de Vivir es una obra maestra, sólo se había editado Sin título (Pre-textos, 2002). Quizá la causa de ese insuficiente conocimiento obedezca, además de en el proverbial olvido de la poesía americana, a la dedicación –podría decirse que preferente– de Eielson a las artes plásticas. Desde que en 1948 obtuvo una beca del gobierno francés para trasladarse a París, Eielson entró en contacto con el mundo del arte, en el que ha desarrollado una brillante carrera en la que destacan importantes exposiciones en Francia, Suiza, Italia o Estados Unidos, así como la exhibición de sus propuestas escultóricas y pictóricas en las Bienales de Venecia y en museos tan importantes como el MOMA de Nueva York o la Galleria delle Stelline de Milán. Esta dedicación al arte plástico –en el que, como en su obra poética, se caracteriza por una constante exigencia que le ha hecho ir del arte abstracto a los móviles y a las instalaciones y performances– corre pareja a la escritura de novelas (El cuerpo de Giulia-no, 1971; Primera muerte de María, 1988) y de piezas teatrales (Maquillaje, 1947), aunque la poesía fue su primera vocación literaria y la más duradera.

A pesar de los cambios que es posible observar en la poesía que ahora se nos presenta en esta edición de Ave del Paraíso, la lírica de Jorge Eduardo Eielson está recorrida por una concepción de la poesía que le confiere una especial unidad. Esa idea no es otra que la de la palabra poética entendida como búsqueda de un sentido escondido u oculto, como nudo entre la tierra y el cielo, el cuerpo y el alma, lo que se percibe con claridad en la ordenación que de su poesía ha realizado Eielson bajo el título de Poesía escrita (Lima, 1976; México, 1989, Santa Fé de Bogotá, 1998) y en Vivir es una obra maestra. Poesía escrita. En un deseo de fundir esas realidades, sin prescindir de ninguna, Eielson comenzó escribiendo una lírica de fuerte contenido religioso –Cuatro parábolas del amor divino (1943) y Moradas y visiones del amor entero (1944)– que después cobrará un aire menos cristiano y más panteísta en Reinos (1944), o que acabará por ser sólo un referente, como en Primera muerte de María (1949). En estos libros, como en Canción y muerte de Rolando (1943), Antígona (1945), Ájax en los infiernos (1945), En la Mancha (1946), Bacanal (1946) y Doble diamante (1947), poemarios brevísimos todos ellos que aparecieron, en su mayoría, por primera vez, en la edición limeña de Poesía escrita, se observa la atenta mirada que el poeta ha depositado en los que han sido sus maestros poéticos de juventud, Poe, Withman, Rubén, Vallejo y, especialmente, Rimbaud, Poe y Elliot. En la riqueza de imágenes de esos primeros libros, en el tono distanciado con el que se asoma a las realidades, así como en el carácter elíptico y fragmentario de las cosas nombradas, se percibe la impronta de esos tres poetas capitales para la poesía del siglo XX.

Resulta sorprendente la altura literaria con la que un joven que ronda la veintena acierta a llevar a sus poemas cuestiones que tienen que ver con el descubrimiento del mundo en su doble faceta de gozo o deslumbramiento y tristeza o pavor. Algunos de los símbolos recurrentes de la poesía de Eielson hacen en estos primeros libros su aparición, como el de la botella de leche (véanse por ejemplo las páginas 39 y 366, separadas por más de 40 años de distancia), en el que irónicamente encierra las ideas de pureza (la leche) y artificio (la botella) y con el que alude a la naturaleza dual del ser humano y de cada una de sus construcciones, entre las que está la poesía. De esos símbolos y de otros se sirve para fabricar imágenes bellísimas –lo que será ya siempre otra de las constantes de su lírica– como esta de “Y rotas chimeneas, caños/ Abiertos en la noche, tapicería hundiéndose al igual/ Que un buque de cuero en un océano tibio/ Tienen en esta inmensa casa de tablas el rumor/ De una botella de leche rodando sin cesar hacia la muerte” (pp. 38-39); o esta otra, en la que se puede percibir el influjo del surrealismo: “El invierno es todo frutas y linternas / Olvidadas y esqueletos santos de palomas/ En el bosque [...]” (p. 47). El poeta se adentra mediante estos mecanismos en un universo mítico, remoto, nombrado mediante una deliberada voluntad de extrañamiento, esto es, de sorpresa, a la que se accede a través de un mundo culto y alejado en apariencia de las cosas que directamente nos hacen pensar en la vida, aunque el trasfondo sea el de la Segunda Guerra Mundial, como sucede en Antígona y Ájax en los infiernos, escritos durante la contienda bélica.

El encuentro con Europa conducirá a Eielson a una poesía diferente a la de sus primeros años. Ya en Tema y variaciones (1950), pero sobre todo en Habitación en Roma (1952), el artista peruano se decanta por una poesía más concreta, más fresca y cercana a la realidad inmediata. Tanto en los poemas breves del primero de esos libros como en los más extensos del segundo, aumenta la presencia del juego verbal y el tono lúdico y conversacional. El texto parece nacer en ocasiones como una suerte de collage de palabras e imágenes que, unidas, a pesar de su diversidad, terminan por formar un poema con sentido, como se ve en “Solo de sol”: “sólo el sol/ el sol solamente/ solo en el cielo/ y yo tan solo/ a solas con el sol/ sonrío simplemente” (p. 101). En Habitación en Roma, quizá el mejor libro de Eielson, los poemas adquieren un tono ingenuo que trata de dar cuenta de la cotidianeidad en su parte de alegría y luz (léase, por ejemplo, el bellísimo “Poema para destruir de inmediato” o “Albergo del sole II”, de Habitación en Roma), pero también en lo que tiene de tristeza y sombra, de pesadumbre (“porque la vida pesa”, p. 146) y soledad (“usted no sabe cuánto pesa un corazón solitario”, p. 147). El yo del poeta, como en la mayoría de los escritores de ese momento, incorpora la voz de los otros a su propia voz (“Elegía blasfema para los que viven en barrio de San Pedro y no tienen qué comer”), en lo que no es un nosotros en el caso de Eielson, pero sí un yo solidario. Los siguientes libros mantienen ese tono hallado en los inicios de la década de los 50. A veces se regresará a una mayor contención y clasicidad, como en Mutatis mutandis (1954); o se dejará arrastrar por la búsqueda de la sorpresa a través de la imagen, como en Noche oscura del cuerpo (1955); o cederá el sitio a la reflexión poética, lo que sucede en un libro tan interesante como Materia verbalis (1957-58). En Habitación en Roma aparece la idea de la realidad amada nombrada como “escultura de palabras” (p. 169), lo que se relaciona con la idea de Eielson de mostrar el diálogo permanente entre las artes que, aunque diversas, no tratan sino de hacer visible alguna realidad oculta. En Materia verbalis, libro centrado en la palabra, vemos expresada esa idea en estos versos: “[...] mis palabras son fragmentos/ balbuceos de una frase oscura” (p. 203); o en estos otros “¿Qué puedo yo agregar/ A tanto silencio/ Sino silencio/ Más silencio/ Sólo silencio” (p. 208). La reflexión acerca del mundo desde esta posición filosófica recuerda la de una buena parte de la poesía occidental de la segunda mitad del XX, entre cuyos representantes sobresale, por ejemplo, Octavio Paz, al que destaco por su estrecha amistad con Eielson. La diferencia entre el peruano y muchos de esos poetas reside en la sencillez y ausencia de gravedad con la que Eielson expone su pensamiento, para lo que prescinde de ese tono presocrático con el que tanto fatigan en ocasiones los nuevos Anaxágoras y Empédocles. La actitud más cercana de Eielson lo lleva a formular ideas profundas de una manera sencilla:“Sueño que escribo y mientras sueño/ Escribo este poema/ Sueño que soy niño todavía”, que se transforma en el final del poema en la confesión de que “no sueño” porque el yo sabe que es “tan sólo yo que escribo/ y que soy niño todavía” (p. 217). En esta dirección de cotidianeidad o reflexión surgida desde la ingenuidad transitan los siguientes libros (Naturaleza muerta, de 1958; Ceremonia solitaria, de 1964; Pequeña música de cámara, de 1965), previos a Ptyx (1980), un libro que recuerda al Eielson inicial y cuyo tono poético deja a un lado otra vez en sus últimas obras, Celebración (1990-92) y Sin título (2000), en los que vuelve a su mejor poesía, flexible, rítmica, sorprendente, ligera, ajena a toda gravedad incluso para la reflexión acerca de lo grave.

El último libro, Nudos (2002), remite a su obra plástica, en la que también aparecen esos nudos que, como ya se dijo, expresan simbólicamente la unión de lo diverso que pugna por ser una sola cosa. Aunque dividido en brevísimos poemas, el libro puede leerse como un poema que nombra, casi a modo de letanía u oración, esos diferentes modos en los que lo dispar se hace uno y convive. La trascendencia reaparece una vez más para hablar de los “Nudos que son sombras/ De infinitos nudos/ Celestes” (p. 437); pero también se hace presente el humor: “Nudos que no son nudos/ Sino estornudos” (p. 430); y, cómo no, la elegía: “Nudos que se encienden/ Y nudos que se apagan” (p. 424). Una vez más, Eielson acierta en el verso, en el ritmo, en el tono y en la actitud, la misma que por su unión de pensamiento y juego, de reflexión filosófica y de realidad inmediata, hacen de su poesía una obra literaria que bien puede situarse al lado de la de los grandes poetas americanos de la segunda mitad del siglo XX.



domingo, 27 de junio de 2010

JORGE EDUARDO EIELSON: Un poema de Sin Título


Cubro tu cuerpo
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con una sábana blanca
Sobre un lecho sombrío
Y el único Fulgor que veo
Debajo de ella es tu hermosura
Cubro también la luna cubro todo
Con una sábana blanca
Porque todo es para mi una estatua
Completamente desnuda
Pero escondida
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Del poemario Sin Título (Milan, 1994-1998)

domingo, 25 de enero de 2009

Un poema peruano para Carmen Camacho

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¿En qué inviertes tus latidos?
Carmen Camacho
Minimás
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Para la poeta que sabe leer como pocas personas, desde los libros más oscuros hasta los ojos más transparentes, para la mujer que sabe de la poesía, desde sus entrañas sucias de miedo y pobreza hasta su magnánima belleza y su dolor sin parto, para la amiga que se dejó en Valencia tanta luz como música, tanta feraz precisión como singularizada resistencia al tedio, la estulticia y lo previsible, para la jienense jinete de un dos caballos, esta "Arte poética" de un no atendido poeta peruano, cómplice y caudal de eso que respiramos y cantaremos entre la diaria cotidianeidad del insurgente y su turba. Para Carmen, claro, nuestra Carmen Camacho.
Vengan palos y los aguantemos, pero seguiremos cantando.

Víktor Gómez




ARTE POETICA


Por si acaso

Por si necesitáis mi filiación



Para que las teorías y la metafísica no sean

Requisitorias contra mi muerte

Voy a decir cómo se escribe un verso



Nacer a la vida y ser apaleado



Cruzar con urgencia la niñez

Y ser apaleado



Creer en la felicidad

Y ser apaleado



Amar y ser apaleado



Estar en la verdad

Y ser apaleado



Una pausa



Porque el lomo del hombre

No es tan fuerte





Luis Yañez, poeta peruano
(miembro de la generacion del 50)

miércoles, 19 de noviembre de 2008

MARIELA DREYFUS: Memoria de mujer -la poesía.

Mariela Dreyfus (Lima, 1960), poeta radicada en los Estados Unidos, y autora de libros como Memorias de Electra (1984), Placer fantasma (1993) y Onix (2001), y Pez (2006)


Un fragmento de Pez

Avanzas en tu gestación y en la ciudad el peligro se gesta
Crece la vida en el noveno mes de este año impar en sus guarismos: cero uno cero uno cero uno
Y tú que eras la nada el cero el huevecillo de pronto aúnas células y huesos y te tejes
En mi casa interior te tejes protegido del sol te tejes inventando tu forma cauto tejes
Al trasluz tus dos brazos se agitan tus dos piernas ya danzan tus porosos pulmones aspiran expiran aspiran






MEMORIA DE ELECTRA



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Soy un hombre.
He construido un templo
donde mi virilidad no tiene límites.
Cinco vírgenes me rodean
de día las desnudo al contemplarlas
de noche cubro sus cuerpos
con mi semen angustioso y renovado.
Esta necesidad
me viene de muy niño;
cuando intentaba soñar
me despertaban los gemidos
de mi madre y de su amante.
Pero soy un hombre.
Que nadie se atreva
a profanar mis reinos.




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Equinos

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Como todas las potrancas de este mundo
cabalgo me encabrito y al borde de la noche
cedo mis ancas al jinete de las barbas del oeste
para después relinchar gozosa sobre el prado.
Incapaz de monturas o de riendas,
sólo el azúcar, las hierbas y los niños
y este mi jinete de potencia de centauro
para calmar mi seda pelo, entre los lomos.

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Del libro Memorias de Electra
Mariela Dreyfuss

domingo, 28 de septiembre de 2008

JOSÉ WATANABE: POESIA COMPLETA


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José Watanabe, poeta peruano, nos ofrece en Pre-Textos, su Poesía completa. Elena Escribano nos venía leyendo su obra y recomendando su lectura desde el 2005. Y había conseguido a través de la Universidad Politécnica de valencia su presencia en Valencia a finales de la primavera del 2007.

De su obra, era difícil acceder a libros tan importantes como "Habito entre nosotros" o "Historia natural". En Pre-Textos ya pudimos leer "La piedra alada" y "Banderas detrás de la niebla". El poeta falleció el 25 de abril del 2007, poco antes de venir a Valencia, invitado por Manuel Borras y Manuel Ramirez, así como por el Taller de Polimnia 222. Ahora ya disponemos de su obra poética completa. La mirada singular, el realismo subjetivizado y la revisión de los mitos de la naturaleza, la religión y la cultura son en parte el gran atractivo de esta poética del peruano José Watanabe.

"El camello" es un poema de la sección de inéditos, con el que se cierra el libro.
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CAMINANDO sobre el trazo limpio
de una colina de arena,
la probervial mirada del camello
es la de un estúpido que nos comprende.
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Una mirada insultante.
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O tal vez razonable,
porque en medio del desierto
que simplifica nuestros objetivos, pregunto:
¿para qué nos atrevemos con las inmensidades?
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No hay respuesta
y el sol se pone entre las dos gibas del camello.


José Watanabe
Poesía completa
Pre-Textos
Colección la Cruz del Sur, 2008




sábado, 24 de mayo de 2008

Poesia peruana hoy: Rocío Silva Santisteban

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Todo para qué

a T. Z.

Sospecho que vino con la intención de irse
dejó el carro aparcado afuera
tenía un aire de querer hablar en medio de mucha gente
por temor a lo que yo iba a escuchar...
Pero le entregué el poema,
terminó dos copas de vino
se hartó de darle vueltas al asunto
y me dijo: quiero descansar...

En la cama me montó hasta tres veces
sonriendo, riéndonos, y durmió tranquilo.
Ahora yo: ¿qué debo esperar?
¿Otra infección urinaria?
¿otra crema vaginal?

Rocío Silva Santisteban
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En los años 80 las mujeres irrumpen con coraje y fuerza en los ámbitos socioculturales de América Latina, también en Perú, donde inicia su trayectoria poética y en defensa de los derechos de los más empobrecidos y machacados de su sociedad (las mujeres) Rocío Silva Santisteban. La valía de su escritura estriba en un dominio de la expresividad coloquial bajo el ritmo e intensidad del lenguaje poético, que le permite crear textos con gran impacto emocional. Crónica de su tiempo, arte que comparte destino y dolor al aunar la belleza, el rigor, la crudeza y el escandalo de un mundo dentro del mundo, que es su poesía. Su poesía es desde la vida cotidiana de tantas mujeres el habla necesaria que dialoga y retoma la paz y la palabra para desenmascarar a los que infringen dolor y miseria a los indefensos. Y es sin paliativos, eufemismos o metáforas aéreas. Dije que su valía era estÉTICA, y sí, creo que hasta en esto del hablar claro hay que saber llegar a los corazones, remover las entrañas, ser veraz, ser leal y de una plasticidad suficiente.



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Rocio Silva Santisteban, Perú 1963, es periodista, poeta y mantiene un blog de agitación cultural de gran sensibilidad y valiosas reflexiones sobre el desordenado y violento mundo de hoy "Kolumna okupa".

Ha publicado varios libros de poesía, Asuntos circunstanciales (1984), Ese oficio no me gusta (1987), Mariposa negra (1993, 1998) y Condenado amor (1995) y uno de relatos Me perturbas (1994 y 2001); ha editado dos libros de crítica: El Combate de los Ángeles (Pontificia Universidad Católica, 1999) y Estudios Culturales. Discursos, poderes, pulsiones (junto con G. Portocarrero, V.Vich y S. López-Maguiña, RED, 2001). Nadie sabe mis cosas: ensayos en torno a la poesía de Blanca Varela (junto con Mariela Dreyfus) se encuentra en prensa en el Fondo Editorial del Congreso (Perú). Textos suyos han aparecido en diversas antologías como Las horas y las hordas, El turno y la transición, ZurDos, Poésie Peruvienne du XXe siécle, Prístina y última piedra, Lavapiés, Escritoras mirando al Sur, entre otras. Como periodista ha publicado en diversos medios de América Latina y es colaboradora permanente de La Insignia. Doctora en Literatura por la Universidad de Boston, actualmente trabaja como directora del diploma de periodismo de la Universidad Jesuita de Lima.


Ensayos en torno a la poesía de Blanca Varela, es su trabajo más reciente.

De su blog extraí un poema que traslado desde la fuente original:





http://kolumnaokupa.blogsome.com/2008/01/01/el-hombre-mas-pobre-del-mundo/






Víktor Gómez














El hombre más pobre del mundo


…es una mujer
peruana, africana, india,

quizás una mujer campesina
una mujer que fue violada por el primer marido

embarazada una y otra vez
explotada durante el embarazo

olvidada durante la lactancia y el parto
una mujer que cortó el cordón umbilical con sus propios dientes

que a los treinta se quedó sin marido sin caficho sin pelo

y después los hijos uno por uno la olvidaron
a la vera del camino

una mujer que murió y no fue enterrada
cuyo rastro se perdió sobre la arena

una mujer que ni siquiera es un viento
una mujer de quien no queda ni huella

sólo un eco
un eco sordo
un resentimiento negro sobre la tierra.


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La fotografía de Giancarlo Tejeda es de una mujer dando de lactar a su hijo entre el Jirón Cuzco y Carabaya, centro de Lima (2006). Su nombre es Ester y vivía con sus dos hijos en uno de los edificios del centro deshabitados, ella alquilaba una habitación a cinco soles la noche. Para conseguir esa suma, más dos soles para la comida del día, pedía limosna. La fuente de la información de poema es un artículo de Amartya Sen sobre la pobreza en el mundo, a propósito del Informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidas.


Rocío Silva Santisteban

lunes, 12 de mayo de 2008

José Watanabe: El guardian del hielo

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Un poeta resolutivo, perspicaz, independiente (su formación intelectual fue principalmente autodidacta) y preciso con el lenguaje hasta crear un territorio propio (El Laredo de su infancia llevado a no lugar poético), definido y confabulado con el misterio, la belleza y una espiritualidad ética no al uso (influenciado por el zen y budismo practicados en Japón, asi como por la pintura y el haiku del País del Sol Naciente).


Su palabra tanteo la gran herida del ser vivo así como su imposibilidad de construir espacios verdaderamente humanos, en sentido ecofilosófico. Ejercitó la parabola, el poema sapiencial y un decir transcendente.


Este año se espera la edición en Pre-Textos de sus obras completas.


Víktor Gómez


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EL GUARDIAN DEL HIELO




Y coincidimos en el terral
El heladero con su carretilla averiada
Y yo
Que corría tras los pájaros huidos del fuego
De la zafra.

También coincidió el sol
En esa situación cómo negarse a un favor llano:
El heladero me pidió cuidar su efímero hielo.
Oh cuidar lo fugaz bajo el sol...
El hielo empezó a derretirse
Bajo mi sombra, tan desesperada
Como inútil.
Diluyéndose
Dibujaba seres esbeltos y primordiales
Que sólo un instante tenían firmeza
De cristal de cuarzo
Y en seguida eran formas puras
Como de montaña o planeta
Que se devasta.
No se puede amar lo que tan rápido fuga.
Ama rápido, me dijo el sol.
Y así aprendí, en su ardiente y perverso reino,
A cumplir con la vida:
Yo soy el guardián del hielo.


José Watanabe (Perú, Laredo 1945-2007)

miércoles, 9 de abril de 2008

BLANCA VARELA: Dolor peruano. Frío: memoria del mundo: decir la verdad de uno que en todos tiembla. Salirse de la foto para abrazar a un niño.

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El falso teclado

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toca toca
todavía tus dedos se mueven bien
el dedo de la nieve y el de la miel
hacen lo suyo
nada suena mejor que el silencio
nuestro desvelo es nuestro bosque
aguza el oído como una hoz
a trillar lo invisible se ha dicho
para eso estamos
para morir
sobre la mesa silenciosa
que suena


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De El Libro de Barro
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El lugar bajo el árbol, huyendo del sol. Mirando a los dioses borrarse en el muro y a los hombres sangrar en el libro de barro. Sal en los labios y en los ojos la memoria desollada aproximándose a la ausencia ejemplar.

Entresueño bajo el árbol, en el paraíso desierto del vientre lastrado de visiones.

Miembros en flor. Pies de cinco manos, estrellas crucificadas y la testa que cruza la red como un astro instantáneo en el juego del ocaso.

Camino a las islas los pájaros no cantan. La historia de la historia es el mar. Ola sobre ola, plegándose.
Blanca Varela