Bitácora de Víktor Gómez “Valentinos para compartir noticias, actos y novedades culturales, escrituras, encuentros literarios, presentaciones de libros, crítica y reseñas y otras varias curiosidades.
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jueves, 13 de marzo de 2014
Audiovisual del libro PARA TRAZAR LO (IM)POSIBLE, de Arturo Borra
Presentación audiovisual del libro "Para trazar lo (im)posible", de Arturo Borra (Colección ONCE, Amargord, Madrid, 2013).
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Arturo Borra (Argentina, 1972) se licenció en Argentina en la carrera de comunicación social (UNER) y en la actualidad está realizando un doctorado en estudios interdisciplinarios de la comunicación en la Universidad de Valencia. Ha participado en las antologías poéticas Aldaba (2003), Cuadernos Caudales de Poesía(2007) y Los centros de la calle (2008). Es autor de los poemarios La vigilia del deseo(1998), La sombra del mediodía (2001), Esplendores vulnerados (2004), Figuras de la asfixia (2007) y Umbrales del naufragio (Baile del Sol, 2010) y Para trazar lo (im)posible (Amargord, 2013 así como de la prosa poética Anotaciones en el margen (2005), la plaquette Cielo partido (2009) y el libro de cuentos La reinvención del mundo (2008). Colabora regularmente con publicaciones literarias y comunicacionales en revistas de Argentina, México y España.
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domingo, 3 de noviembre de 2013
ARTURO BORRRA (vídeo) LECTURA DE "PARA TRAZAR LO IMPOSIBLE" EN SANTA FE (ARGENTINA) OCTUBRE 2013
Centro Español y Biblioteca - Subcomisión de Fiestas y Cultura organiza - Recital Poétíco de Arturo Borra - Presentación del libro "Para Trazar Lo (IM)Posible" - Biografía y crítica de la obra del poeta por Comunicadora Social Karina Arach Minella - Musico invitado: Prof. Juan Rafael Caliva - Grupo invitado - Tangorra; Francisco Borra - Bajo y Programaciones . Mikele Borra. Bandoneon - Milagros Borra - Violín
Santa Fe - 13 de Octubre de 2013 - Salon Blanco " Andrés Segovia
martes, 2 de octubre de 2012
CERCANÍAS. REFLEXIONES ABIERTAS SOBRE POESÍA CONTEMPORÁNEA. Ciclo de encuentros y recitales
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Beatriz Viol
Daniel Bellón
David Eloy Rodríguez
Víktor Gómez
Arturo Borra
Miguel Veyrat
Carmen Camacho
T.S. Norio
Miguel Ángel García Argüez
María Salgado
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| Arturo Borra y Viktor Gómez, el viernes 26 de octubre de 2012 |
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Beatriz Viol
Daniel Bellón
David Eloy Rodríguez
Víktor Gómez
Arturo Borra
Miguel Veyrat
Carmen Camacho
T.S. Norio
Miguel Ángel García Argüez
María Salgado
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miércoles, 19 de septiembre de 2012
PRESENTACIONES EN VALENCIA Y MADRID: ÁNGEL GUINDA, Mª ÁNGELES PÉREZ LÓPEZ, YAIZA MARTÍNEZ, OLGA MUÑOZ, PEDRO MONTEALEGRE, ARTURO BORRA, JULIO OBESO, RICARDO POCHTAR Y PEPE MAIQUES
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En Valencia, en la Librería Primado el jueves 20 de septiembre:
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En Madrid, en Arrebato Libros, el viernes 5 de octubre, a las 20 h.:
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En Valencia, en la Librería Primado el jueves 20 de septiembre:
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Atavio y puñal
de María Ángeles Pérez Lopez
y lectura de sus últimos libros
Ángel Guinda
Án.
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En Madrid viernes 21 de sept en la Librería Centro de Arte Moderno:
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Presentación de los libros:
Caoscopía
de Yaiza Martínez
El plazo
de Olga Muñoz Carrasco
En el acto participan: Yaiza Martínez, Olga Muñoz Carrasco, Pilar Fraile, Paticia Esteban y Viktor Gómez
Viernes 21 de setiembre, 20 h
ENTRADA LIBRE Y GRATUITA
HASTA COMPLETAR AFORO
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En Valencia, en Librería Primado, el jueves 27 de septiembre:
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Presentación de libros de la colección ONCE de poesía y ensayo:
La pobre prosa humana
de Pedro Montealegre
Figuras de la asfixia
de Arturo Borra
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En Madrid, en Arrebato Libros, el viernes 5 de octubre, a las 20 h.:
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Trés tristes trópicos
de Julio Obeso González
El tamaño de los días
de Ricardo Pochtar
Prótesis
de Pepe Maiques
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Estarán acompañados en la presentación por Cecilia Quílez y Viktor Gómez
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jueves, 16 de agosto de 2012
POEMAS LEÍDOS EN AGOSTO (OLVIDO GARCÍA VALDÉS, DAVID ELOY, ARTURO BORRA, CARLOS BRUNO, ANA GORRÍA, PHILIPPE JACCOTTET, JUAN CARLOS MESTRE)
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SILENCIOSO
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Los insectos comidos por los pájaros
......... protestan
.............. tardíamente
en este verso.
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SIN CIELO
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Ni ángel ni redención: promesa
desde el derrumbe.
Sólo entonces
arriesgar la apertura, dejarse
herir por la noche, recomenzar
sin dios esos credos resquebrajados,
vencerse a la súplica más íntima
y que los ojos vuelvan a interrogar una altura
que calla
ante toda esa desesperación de abajo.
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Bajo el mandato de los dioses, desterrados, trampa tendida, lo que abrimos padecimos.
Compañeros, al fin, con Ulises arrastramos su Odisea. De nuestra resolución hombres libres, al fin, sufrimos.
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SINTAXIS EN CENIZA
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A pesar de la duda y del cansancio,
triste animal,
que la tierra
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consiente
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Habrá en mi ojos siempre sin embargo
una invisible rosa de dolor
como esas veces en que sobre un lago
ha pasado la sombra de un pájaro
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La poesía no es el pararrayos de las lamentaciones, advierte el "Soneto soluble" del libro "El hijo del panadero, de Juan Carlos Mestre (Ed. Calambur, 2012) y que cierra:
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La poesía, os lo repito yo, tiene más cuento que Carracuca dios te perdone si meto la pata
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bueno, pero al menos, la poesía es, siguiendo también la poética del poeta berciano, ir DE PESCA:
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Quizá solo hayan venido a recordarte que la dignidad
es el prójimo
aquellos para quienes ya todo ha pasado
y permanecen en el desprecio de algún instante futuro.
Andar con pies de plomo sobre la escritura
como al que le queda una cicatriz después del crimen
y un odio posesivo lo incita a declarar contra sí mismo.
Tal vez solo hayan venido a recordarte que la dignidad
desentierra la cuchara con la que se alimentó una víctima.
La boca que se abre es ahora el hambre de tu boca.
Acaso solo hayan venido a recordarte eso
que fue aquello y progresivamente es lo otro
la voz viuda que atraviesa la casa de los silenciosos
el huérfano que le desenreda la caña de pescar al viejo Eliot.
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a los enfermos e
impedidos diles ea
solos estáis
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Olvido García Valdés
De "Lo solo del animal" Ed. Tusquets, 2012
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Hay poemas que enseñan a leer, que me desplazan a un lado para que su sombra también diga lo suyo. Es cierto, a veces es sólo un relámpago, fugaz, bellísimo, terrible. Estos poemas que comparto, cada uno "per se", valen la relectura, el diálogo, la impagable liberación de las cárceles de la ficción impuesta por un sistema socio-cultural pervertido y alienante. Muy diversas escrituras. Y cada una, una posibilidad de aprender a leer, a respirar. Esa es la poesía que me interesa, que necesito, como el agua o el descanso. Y lo comparto, porque este sofocante verano fue más dulce y amable habiendo pasado por sus letras. Una palabra que da cuenta de los fragmentos del mundo, que concilia adentro y afuera, que comunica lo íntimo y lo abierto. Salud.
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SILENCIOSO
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Los insectos comidos por los pájaros
......... protestan
.............. tardíamente
en este verso.
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David Eloy, de "Lo que iba diciendo"
(Ed. Liliputienses, 2012)
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SIN CIELO
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Ni ángel ni redención: promesa
desde el derrumbe.
Sólo entonces
arriesgar la apertura, dejarse
herir por la noche, recomenzar
sin dios esos credos resquebrajados,
vencerse a la súplica más íntima
y que los ojos vuelvan a interrogar una altura
que calla
ante toda esa desesperación de abajo.
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Arturo Borra, de "Figuras de la asfixia"
(Ed. Germania, 2012)
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Bajo el mandato de los dioses, desterrados, trampa tendida, lo que abrimos padecimos.
Compañeros, al fin, con Ulises arrastramos su Odisea. De nuestra resolución hombres libres, al fin, sufrimos.
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Carlos Bruno, de "Surge el viento"
(Ed. Idea, 2006)
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SINTAXIS EN CENIZA
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A pesar de la duda y del cansancio,
triste animal,
vencido ...
.que la tierra
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consiente
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Ana Gorría, de "Hijas del pájaro de fuego" VV.AA.
(Ed Fin de viaje, colección Air Mail, 2012)
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Habrá en mi ojos siempre sin embargo
una invisible rosa de dolor
como esas veces en que sobre un lago
ha pasado la sombra de un pájaro
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Philippe Jaccottet, de "Aires. Poemas 1961-1964"
(Ed. Fundación Ortega Muñoz, 2010
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La poesía no es el pararrayos de las lamentaciones, advierte el "Soneto soluble" del libro "El hijo del panadero, de Juan Carlos Mestre (Ed. Calambur, 2012) y que cierra:
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La poesía, os lo repito yo, tiene más cuento que Carracuca dios te perdone si meto la pata
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bueno, pero al menos, la poesía es, siguiendo también la poética del poeta berciano, ir DE PESCA:
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Quizá solo hayan venido a recordarte que la dignidad
es el prójimo
aquellos para quienes ya todo ha pasado
y permanecen en el desprecio de algún instante futuro.
Andar con pies de plomo sobre la escritura
como al que le queda una cicatriz después del crimen
y un odio posesivo lo incita a declarar contra sí mismo.
Tal vez solo hayan venido a recordarte que la dignidad
desentierra la cuchara con la que se alimentó una víctima.
La boca que se abre es ahora el hambre de tu boca.
Acaso solo hayan venido a recordarte eso
que fue aquello y progresivamente es lo otro
la voz viuda que atraviesa la casa de los silenciosos
el huérfano que le desenreda la caña de pescar al viejo Eliot.
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Juan Carlos Mestre
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jueves, 26 de julio de 2012
EL LUGAR DE LA AUSENCIA: DESDE LA POESÍA DE ARTURO BORRA, LAURA GIORDANI Y VIKTOR GÓMEZ (Por ANTONIO CRESPO MASSIEU)
EL LUGAR DE LA AUSENCIA: DESDE LA POESÍA DE ARTURO BORRA, LAURA GIORDANI Y VIKTOR GÓMEZ: . . . . . . RESEÑA MÚLTIPLE El lugar de la ausencia: desde la poesía de Arturo Borra, Laura Giordani y Víktor Gómez
La pretensión de este ensayo, es decir de esta tentativa, es acercarse a la obra más reciente de estos poetas. En 2010 aparecen Umbrales del naufragio de Arturo Borra (Baile del Sol, Tenerife), Materia oscura de Laura Giordani (Baile del Sol, Tenerife) y tres poemarios de Víktor Gómez: Huérfanos aún (Baile del Sol, Tenerife), Detrás de la casa en ruinas (Amargord, Madrid1) e Incompleto (Ediciones del 4 de agosto, Logroño)2. De Laura Giordani acaba de aparecer Noche sin clausura (Amargord, Madrid. 2012) libro al que, por este motivo, dedicaré menos atención de la debida: apenas un breve comentario y algunas referencias ocasionales.
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(Fragmento inicial del artículo-ensayo publicado en la Revista Youkali, nº 13 verano 2012, por el escritor, poeta y crítico Antonio Crespo Massieu)
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(Fragmento inicial del artículo-ensayo publicado en la Revista Youkali, nº 13 verano 2012, por el escritor, poeta y crítico Antonio Crespo Massieu)
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jueves, 19 de abril de 2012
ARTURO BORRA, UNA ESPERANCITA DESQUICIADA (Del poemario inédito "La sombra del mediodía")
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Una esperancita desquiciada
“... mi vecino tiene tormentas en la boca”.
J. Gelman
Tengo un acompañante que esquiva
los quejidos que lo clavan al suelo:
prefiere invocar vértigos mirando las nubes.
Trepa la noche, silba
subido a los árboles.
Cuando llueve a rabiar señala la pared
que escapa a la humedad.
Cuando se avecina una tormenta en los labios
fabrica una balsa para internarse por sus canales
y forja escaleras para encender luces
a su tristeza.
Mi acompañante tiene ojos nuevos cuando su pena
trastabilla: ríe en la lluvia que oculta el cielo.
Colgado a una esperancita desquiciada
despereza sus desánimos,
rebusca la magia
que ni la tormenta en su boca apaga.
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Arturo Borra
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POR DONDE PASA LA POESIA
miércoles, 4 de abril de 2012
ENCUENTRO POÉTICAS EN FUGA II (Valencia, 2010): CHANTAL MAILLARD, JULIETA VALERO, ARTURO BORRA, ESTHER RAMON Y ÓSCAR SOLSONA
II encuentro poéticas en fuga / valencia 5 y 12 de febrero de 2010 from soperos on Vimeo.
Chantal Maillard
Julieta Valero
Arturo Borra
Esther Ramón
Óscar Solsona
Sobre Poéticas en fuga II ver en:
Librería Primado
Tendencias21
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miércoles, 4 de enero de 2012
Diez preguntas sobre la urgencia: una entrevista a Eduardo Milán de Arturo Borra
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1. Para muchas personas la poesía se ha convertido en un lujo que -habida cuenta de sus urgencias vitales- consideran que no pueden permitirse. ¿Qué cabe esperar de quienes consideramos más bien que la producción poética forma parte de esas urgencias? O, para repetir la pregunta de Hölderlin: ¿para qué la poesía en tiempos de penuria?
La pregunta de Holderlin es fundamental no sólo para la modernidad en que se conceptualiza. ¿ A quien se sirve? Los dioses de Holderlin son el orden, la explicación, la trascendencia, la posibilidad Otra. Pero también lo que escucha, lo que oye. Con quien se dialoga. Para Holderlin se sirve a ese condensado de atributos. Pero en plena secularización, para un poeta, un dios se parece a un lector. O sea, el verdadero poeta -y es difícil esta categoría- no sirve a nadie. Es lo bueno. Pero hay poetas -y eso no quiere decir que sean falsos sino que para mí quiere decir que no cumplen con la dignidad de la poesía- que sirven al lector. El sueño de la mercadotecnia, el sueño del espectáculo -eso propio de ciertos novelistas, de actores, políticos y cantantes de rock: celebrities-- no escapa a nadie. Por otra parte, diría que no cabe esperar nada de quienes consideramos -yo al menos- a la poesía no como una urgencia sino como una necesidad luego de un azar, como un destino aceptado luego de ciertas contingencias que señalan rumbos. Pero decir o preguntarse “qué cabe esperar” es como creer que hay algo de elegidos -secretamente, en voz baja, murmurado porque carece de prestigio en el mundo real- en los que escribimos poesía y somos poetas. Lo que está en juego hace tiempo es lo humano. Y luego, de ahí, lo mejor de lo humano que puede ser la creación. Pero hay que precisar: la creación de buena calidad. También abunda la mala. En esta época es dominante. ----
2. En el contexto del presente, marcado por la masacre y el estado de excepción, ¿cómo podríamos contribuir a transformar desde el campo poético lo extrapoético? ¿En qué sentido la poesía podría tener eficacia política, en unas condiciones culturales que la marginan de forma radical?
Es una cuestión ética. La poesía juega a partir de la ética del poeta, no juega sola. Me cansé de aquellas voces que salvan por anticipado a la poesía, que la salvaron siempre, que, de alguna manera, le otorgaron un lugar tan especial. Alguna vez - en Resistir creo que fue- arrinconé ese argumento contra las cuerdas -no sólo contra las vocales: contra las del ring- y hablé de un mundo donde la poesía se salvaba y se hundían los humanos. A esa paradoja lleva decretar la salvación de la poesía por anticipado. La poesía es política como todo acto humano. Y puede ser política como forma de resistencia. En la medida en que se acepte que la palabra está gastada porque la poesía es gasto ejercido, no ahorro, no capitalizable. De modo que hay un deseo. El deseo no preserva su gasto. Que lo hiciera sería como hablar de un capitalismo del espíritu. Lo que quiero decir es que la poesía no es el ejercicio de un deber ser, de un superyó. Es un acto de libertad. Y depende del alcance que se le dé al concepto y al término. Una sociedad donde todo se consigue no es una sociedad de libre deseo sino de “libre” condicionamiento, valga la contradicción. Cuando uno empieza a decir: “la palabra poética es la contención frente a la”, etc, uno ya condicionó la cosa. La poesía puede ser un acto de contención ante la emisión moldeadora de opinión de ciertos medios dirigidos y orientados para controlar. Puede ser una forma de contención ante la emisión meramente contactual (de hacer contacto) del habla común y cotidiana que son formas de ejercer y poner a funcionar un código. Pero uno puede también comprobar luego que ciertos poetas que rodean la palabra de silencio luego rodean un libro de mutismo y luego esperan en la fila del Nóbel sin hablar de lo que pasa. Insisto: un poema tiene que ser lo que yo quiero, no lo que los pueblos que sufren. A los pueblos que sufren puede o no interesarles la poesía. Y luego veremos qué poesía les interesa. Fabricamos equivalencias con la facilidad de la necesidad. ¿Cuáles pueblos? ¿La parte que se levanta contra el capitalismo o la parte que busca un lugar en el capitalismo? Volviendo a tu pregunta anterior: si algo cabría esperar de nosotros los poetas es que sepamos caminar por este borde difícil, en este equilibrio difícil. Hoy todo está en juego. Hay que preguntarse si ese mundo extrapoético o ese afuera -esa gente, esos lectores- quieren mejorar o quieren cambiar. Si todo está en juego, insisto, la poesía también está en juego. Es insostenible la complicidad de los poetas alrededor de la poesía como si la poesía fuera la misma cosa. Hace mucho que la poesía no es esa cosa esencial que nos vuelve hermanos.
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3. En conexión con lo anterior, ¿qué puentes podríamos y quizás deberíamos construir quienes participamos en el campo poético con respecto a movimientos sociales críticos, como por ejemplo el movimiento de indignados que, en los últimos meses, se ha expandido a escala mundial?
Indignarse es llenarse de dignidad y desbordarse. Cuando Góngora dice “escribo para pocos” está en el núcleo de la dignidad, no desbordado. Habita pleno la dignidad. La poesía ahí es esa cosa que ocupa su propio lugar, brilla como un insecto que ocupa su propio lugar. Es el momento de alta calidad, o sea: donde contiene su novedad autoabastecida, sin más mercado que el paso de la oreja, los ojos, la sensibilidad y la conciencia, los cuatro pasos del placer en poesía. Pero ese nivel es difícil de mantener. Y empieza el negociado. La indignación de la poesía es no aceptar el negociado. Como la indignación del indignado de la Puerta del Sol o de la Plaza Libertad es no aceptar el ser negociado, el que le roben, secuestren o vendan su futuro y el de los suyos. Pero hay que ver lo que te decía antes: saber si lo que se quiere es no perder la dignidad ante lo intolerable -esa venta, ese negocio de la vida, esa biopolítica del aire- o la demanda de un lugar en el espacio del capital, que ya es bien otra cosa. Queremos cambiar -mantener la dignidad de la poesía en lo que la poesía significa para uno- o queremos reivindicación -acomodarla a cómo dé lugar al deseo o a la necesidad de un lector, de un mundo. O sea, hacerla posible. Lo más hermoso de la poesía, lo que yo considero belleza, es la imposibilidad que esa cosa contiene, su incomunicable intrínseco, su exhibición y defensa de ese incomunicable. Ese efecto que crea de no estar y estar ahí, de no haber estado nunca, de nunca haber sido, de poder ser por no haber sido. Pero jamás volver a ser. Y jamás volver a ser igual, lo mismo siempre. Esto último negaría lo esencial para mí, lo que más quiero. Y creo que es lo que está en juego en la relación dignidad de la poesía-indignados.
Lo otro que me parece de primera importancia de los indignados -que parecieron mucho tiempo dormidos, en verdad, o confiando en un estado de cosas que no era, esa ingenuidad que se parece a los latinoamericanos fascinados con Obama porque se oponía tanto en imagen como en contenido a la bestialidad de Bush- es el riesgo que eso asume en relación a su estado de permanencia en la indignación. El que despertó del sueño de esta sociedad saqueada dirigida por saqueadores - en el capitalismo actual, no vale la pena -aunque no todo es lo mismo, no es lo mismo el sur que el norte- hablar de países o de gobiernos bajo la lógica dominante de las corporaciones- difícilmente pueda volver a soñar aquel sueño. Podrá dormir con la conciencia tranquila en la medida en que actúe. Y los poetas tienen palabra. El problema es el uso de esa palabra. Ese es el gran problema. Ya lo sabemos: esto va para largo. Y esto contradice la noción de urgencia. Urgencia, en realidad, no hay. Yo apoyo a los indignados como ser humano. Yo me indigno. Eso marca mi escritura. Pero no es una receta ni un mandato. “Todo poeta debe indignarse”. Todo ser humano debe indignarse. Se juega la vida en eso. Como poeta no sé si es necesario proclamarse. ¿En la modernidad la poesía no ha sido una suerte de indignación más o menos estentórea? No era Rimbaud un indignado? Lautréamont? Baudelaire? Mallarmé? Artaud? Duchamp? Satie? Martínez Rivas? Nicanor Parra? Décio Pignatari? Y sigue la lista. La creación artística que yo valoro vivía en el punto de indignación. Otra no. El problema es que esa que no se volvió mayoritaria y dominante. Tampoco se volvió celebratoria como un Perse o un Guillén. Se volvió pasiva, acompañante, expectante de los resultados de la Academia. Eso también indigna. La dignidad de la poesía pasa por no esperar nada. Y eso es dificilísimo en este mundo.
4. Ante el devenir secta de los grupos poéticos dominantes, una estrategia típica para “hacerse hueco” en el campo es la apelación al pluralismo estético (lo que a menudo se convierte en una forma de desentenderse del ejercicio de la crítica a esos grupos). ¿Cómo articular –si cabe- una cierta forma de pluralismo con la elucidación de los límites de una determinada escritura y de las prácticas más o menos legítimas que la posibilitaron?
Lo único es respetar una frontera. No se puede dejar de creer en lo que uno cree por convivir en forma pacífica. Eso es suicida. También empezar a conceder mediante espacios de silencio -no decir nada ante lo que uno no puede soportar porque considera mal hecho, mal pensando, o, como digo: entregado al lector- termina siendo autoaniquilante. Hay que acordar las diferencias. Delimitar los bordes. No se puede renunciar a la crítica. Los grandes maestros de la negación -como los grandes maestros de la Nada en Oriente- fueron los que formaron el concepto que manejamos de la conciencia, sobre todo la crítica. Renunciar a la conciencia crítica es enfermarse. El mayor síntoma de salud que conozco es denunciar los abusos del Poder. Y eso está considerado, precisamente, una especie de “enfermedad negativa”. Los cansados de negación son los que ahora vienen con el abrazo hermano y con la poesía “para mirarse a los ojos”. Conmovedor de veras. Equivale en términos políticos a la negación de la justicia. Viva la hermandad caritativa del beso. A mí que me cuenten fuera.
5. Decías en otra ocasión que la poesía exige trabajar con la pérdida. Ante esa sombra que remite a la melancolía, quizás sea preciso repreguntar: ¿qué es lo que perdemos en la escritura? También podría reformularse la pregunta de forma paradójica: ¿tuvimos alguna vez aquello que la poesía supone que pierde?
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6. La concepción del poema como «erizo», que lleva en su superficie lo incomunicable, suele toparse con el reclamo de más claridad y sencillez, exigiendo algunas certidumbres poéticas para atemperar nuestra perplejidad. De hecho, uno de los señalamientos habituales es que ese tipo de poema “espanta” al lector… ¿Qué presupuestos sobre lo poético y lo político implican posturas semejantes? Y como contraparte, ¿cómo replicar a una posición así, erigida en presunta portavoz de lo popular?
Si la implicación política del erizo-poema es la incomunicación bienvenida sea. La comunicación es para los comunicadores. Si un poema espanta hoy en día todavía hay esperanza. El problema es precisamente que ningún poema espanta. El adormecimiento que da lo previsible necesita de vampiros, días después de mañana, sequías, hambrunas de radical suelo rajado. Hoy la incomunicación es política porque actúa como alternativa a la sobre-comunicación. Seamos contingentes. Esto es hoy, política es hoy. No ayer ni mañana. Hay que decirle -si uno quiere decirle- a esa masa, a ese pueblo que tanto había a principios del siglo XX, a ese movimiento de gente pendular que vela -cuando vela- o reacciona solamente por sus intereses que tiene que aprender a no comunicarse. Tiene que aprender re-individualizarse y no andar por ahí en patota esperando la promesa después de las urnas -o sea, la post-vida, la ultratumba. Indignado es el que renunció a la promesa de la falsa democracia. Eso es lo que interesa. ¿Si uno renuncia en la vida a esa falsa democracia va a pedir verdadera democracia para la existencia en sociedad del poema? ¿Qué locura tan fea es esa? ¿De lo contrario cómo va a distinguir a Bob Dylan de Palito Ortega o del bueno de Joselito?
7. En varios ensayos tuyos has contrapuesto una “lengua del exilio” a un “exilio de la lengua”. ¿Qué supone esa lengua de la que nos exiliamos y qué lugar (más o menos inestable) traza o promete nuestra escritura? En ese desplazamiento, ¿cuáles serían sus fronteras infranqueables, en caso de que existieran?
Esa lengua del exilio de la lengua no existe como lugar, no hay eso, supone una posición y una creación. No hay un lugar en la lengua llamado exilio de la lengua. Hay que crearlo en la escritura. Significa agarrar el lenguaje por los cuernos de la luna que no tiene. Ahí sí no hay fronteras, en la medida en que siga siendo exilio. La condición exiliar -así me gusta decir eso- no se pierde nunca. Es la utopía personal en mi hábitat, lo que yo me comprometo a hacer. De todos modos significa además no intentar crear ninguna lengua del exilio, eso que hablaríamos todos en esa situación. La mayoría de los exiliados intenta regresar a casa. Y no hay reproche de ningún tipo de mi parte. Regresar de noche con los focos prendidos o sin los focos prendidos, recién orillado el barco o desmontado el caballo, con los ojos fijos de plato de la liebre sobre ti o sin sus ojos, los del vecino detrás de la cortina. Sólo que ya no se puede intentar escribir en posición de un exiliado de la lengua. Uno vuelve para volver -valga la redundancia- no para seguir afuera.
8. En tu crítica a la claustrofobia del presente, en una entrevista anterior señalaste que el poema es, precisamente, la instancia que abre la puerta (lo que no significa que los pájaros salgan necesariamente). Una vez más: ¿forjar salidas hacia dónde, en qué dirección, para que no se conviertan en nuevas trampas? En particular, ¿qué poéticas contemporáneas contribuyen a crear esas salidas?
Bueno, ahora hay que aguantar esto: forjar salidas hacia el afuera. Y luego vemos. Porque adentro se muere sofocado. Lamento la falta de garantía. Pero es un problema de integridad. La dirección se ve en la marcha. De nuevo lo del exilio. Cuando uno se exilia muchas veces no tiene la seguridad de la meta -en realidad, sólo transitoriamente se le presenta, en general. Nunca fue lo mismo salir a México que a Noruega -y eso que México estaba muy bien en el 79. O mucho mejor que ahora. Vivimos este mientras tanto que posibilita alguna acción sin saber hasta cuándo ni hacia dónde. En cuanto a las poéticas, vivimos el tiempo de las variables. No sé si una variación mínima puede señalar un rumbo. Aquí la teoría del diminutivo no ayuda mucho. “Una lucecita que nos guíe y devuelva el esplendor”, decía el extraordinario Ezra Pound en traducción de Vázquez Amaral. O apostar por la reversibilidad catastrófica. De cualquier manera es cuestión de tiempo. El capitalismo también es cuestión de tiempo. La eternidad, si existiera, expulsaría al capitalismo asqueada.
9. Puesto que toda producción poética está situada en condiciones sociales e históricas determinadas, ¿qué huellas más o menos reconocibles deja en tu discurso tu estancia prolongada en México? Como contraparte, ¿qué persiste de ese Uruguay del que te exiliaste?
México es la cultura que tiene el mayor componente mítico que conozco en América Latina. En algunas partes se toca con un Brasil que quiero, ese Brasil del sertao de Glauber Rocha y de Joao Guimaraes Rosa, que coexiste con esa otra grandeza que representa -antímitica por cierto- la de los poetas concretos de Sau Paulo, Augusto de Campos, Décio Pignatari, Haroldo de Campos, toda esa herencia que me viene de mi madre brasileña. México practicaba en su cultura una gran coexistencia cultural. Pero faltaba, en los ochenta, práctica crítica. Yo no hacía crítica literaria ni de poesía en Uruguay. Estudié Letras. Empecé por invitación de Octavio Paz a escribir una columna de poesía en Vuelta alrededor de 1987. Ya escribía poesía en Uruguay, tenía tres libros publicados antes de salir a México. En 1991 publiqué un libro, Errar, con el que fui reconocido como poeta, no unánimemente. Tengo el orgullo de no haber sido un éxito en nada. Una de las huellas que en mi discurso se pueden notar es la resonancia de los que me quieren y la resistencia a una buena cantidad de gente que no me quiere y detesta lo que hago. En cuanto a Uruguay, persiste lo esencial. Me siento un uruguayo en México, nunca dejé, salvo en períodos de flotación amorosa, de sentirme uruguayo. Hablando de dignidad, Uruguay para mí es una lección, en cuanto a su sociedad -algo que viene de Artigas- de dignidad y resistencia. La figura de mi padre -que alcanza una dimensión muy particular con su prisión política de 12 años- es una presencia permanente en mi vida, difícil, constitutiva.
10. Para terminar, en una realidad drástica en la que todo parece naufragar, ¿cuál es la tarea más urgente para una poesía que no se conforma con sobrevivir entre los escombros?
Hay que tratar de ser buenos fenicios. No mercantes: navegantes. Navegar, no en internet sólo, no precisamente. Navegar en la conciencia. Crear posibilidades. No todo está cerrado. Hace diez años cuando todo parecía más abierto -en Europa, sobre todo- no sé si no estaba más cerrado. El poder-no de los indignados es una esperanza. Se puede ir todo al demonio. Es posible. Pero insisto en que despertar a un cierto grado de conciencia vuelve imposible soñar el mismo sueño. En todo caso, profundizar en los grados de conciencia. No aceptar la homologación: “Nosotros, los poetas…”, “la poesía, que para nosotros…” ¿nosotros quiénes? Esto no es separar: esto es discernir. Hay una gran confusión en todo esto. La clase dominante no sé si está en riesgo. Pero la clase dominante no discierne entre poesía y poesía.
Entrevista confeccionada y coordinada por Arturo Borra a Eduardo Milán
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lunes, 6 de junio de 2011
65 INDIGNACIONES (Reconstruyendo nuestras razones) Y EL MANIFIESTO PLURAL (escrito madrugada 18 mayo 2011)
Manifiesto plural redactado durante la madrugada del 18 de mayo en la Puerta del Sol de Madrid.
Indignaciones (reconstruyendo nuestras razones)
Nos indigna…
1. que los políticos de los grandes partidos no muestren la más mínima intención de modificar sus decisiones ante el movimiento 15-M;
2. que los grandes empresarios sigan exigiendo reformas laborales mientras distribuyen beneficios;
3. que los banqueros responsables centrales de la crisis financiera no sólo no estén presos sino que sigan cobrando rentas millonarias;
4. que los votos de los ciudadanos no cuenten por igual según el partido que se trate;
5. que la política fiscal beneficie a los que más tienen;
6. la tajada de millones que le dan a la iglesia;
7. tener un Tribunal Supremo supremamente injusto;
8. que llamen democracia a una plutocracia;
9. que nos sigan intoxicando a través de tantos medios de des-comunicación e in-comunicación... (y no hace falta dar nombres, porque son muchos los que están allanando el camino a los sedientos de poder...);
10. la jurisprudencia, juzgados y leyes machacan a los más débiles de la sociedad -carne de presidio y exclusión social- y protege a los enriquecidos;
11. la violencia de Estado impune frente a los individuos desclasados y desarmados de defensa de cualquier tipo;
12. que paguemos la crisis nosotros;
13. que recorten las prestaciones sociales a causa de un déficit causado en realidad por todo el dinero público que se ha dado y se está dando a los bancos y cajas;
14. las mentiras que nos cuentan los políticos;
15. las falsas promesas;
16. lo poco que les importa la educación y la cultura;
17. su poca visión a largo plazo;
18. el afán por gobernar por encima del bien del pueblo;
19. la corrupción política;
20. la mala gestión de los bienes públicos;
21. que los sindicatos mayoritarios -verticales y oficialistas- en vez de defender los derechos de los trabajadores en tiempos de agresión, se dedican a pactar con nocturnidad con la patronal y el gobierno y a cobrar cuantiosas subvenciones para su aparatocracia, desmovilizando a sus afiliados en tiempos de grave erosión social;
22. que los poli-tic no solo anden en lo hueco sino que encima lo rellenen de basura y tengan eco... -si lo más lógico sería confiar el poder a los sabios como en otras culturas mucho más avanzadas que la nuestra (será porque saben caminar descalzos y leer los ojos de las bestias y las estrellas e infinitas cosas más)-
23. la corrupción empresarial;
24. la falta de equiparación entre inmigrantes y el resto de ciudadanos (incluyendo bancos y administraciones públicas);
25. la manipulación de los mass media y la derechona de la imagen de los inmigrantes, presentándolos como causa y no víctimas de esta cochinada de crisis económica;
26. la impasibilidad ante ese demencial slogan que muestra al inmigrante como delincuente, prostituta o mafioso, omitiendo la complejidad de la realidad;
27. por los políticos aprueban, consienten y justifican la instalación de las bestias empresariales;
28. por la connivencia de la política y el gran capital;
29. por el estado de abandono y abuso que engendra el vientre de la corrupción;
30. por el falso reino prometido;
31. por los enviados del gran simulacro del progreso y sus lacayos;
32. por que a la estafa le llaman crisis y la reconocen en el nombre de las víctimas;
33. por la construcción del infierno y el pago de las deudas en la tierra de los poderosos; 34. por la tierra de los poderosos que es el mundo de los números;
35. porque los números tienen dueños y los números comen naciones para engordar a sus dueños.
36. porque 7 empresas controlan el 70% de toda la información y comunicación del mundo;
37. porque también un grupo reducido de ellas controlan toda nuestra alimentación y también la farmacopea y poseen las tierras y las semillas (son los que nos dicen lo que es bueno y malo, sano e insano; empresas inmensas; ávidos monstruos. Nosotros somos sus meros esclavos, obediente peones. A menos que..... Y creo que ahora es la última oportunidad de reacción, después será ya demasiado tarde);
38. los políticos son los puros guiñoles del poder auténtico que ya no poseen;
39. por la falta de subjetivaciones transversales, libertarias (y no liberales), deseantes...; 40. por no habernos liberado del canon en nuestro lenguaje y no haber construido nuevas terminologías ni diseñar escrituras mestizas, plurales, inmanentes... ;
41. porque nos falta pueblo, crearlo desde la extranjería, la excepción, subalternizar la marca, deconstruir la política desde lo político (no más representación sino performatividad, acción y creAcción...);
42. porque nos falta juego, creatividad y decepción;
43. indignados de que cada voto tenga precio (su "democracia" nos cobra por cada voto que metamos en la urna, cada vez que un sobre cae al fondo en la caja registradora de un partido suena "tchiklin". Votaré el día que dejen de cobrarme por mi voto. Por eso tienen tanto afán en que se vote).
44. que siga creciendo el hambre en nombre del crecimiento;
45. que sigan haciendo la guerra en nombre de la paz;
46. que sigan mintiendo en nombre de la verdad;
47. que sigan con sus políticas terroristas en nombre de la seguridad;
48. que sigan matando en nombre de la vida;
49. que sigan privatizando en nombre de lo público;
50. que sigan destruyendo en nombre del desarrollo;
51. que digan honestidad en vez de robo;
52. que digan vida en vez de muerte;
53. que se sigan defendiendo los privilegios de cuna y los títulos nobiliarios;
54. que se pidan sacrificios colectivos mientras se disfruta la abundancia privada;
55. que hayamos tardado tanto -colectivamente, aunque algunos llevemos un buen tiempo enojados- en indignarnos, sobre todo en aquellos tiempos de burbuja inmobiliaria y delirios de consumo, mientras pagaba el costo de toda esa fiesta el sur, el tercer mundo y las especies del planeta, esos que ni siquiera tenían fuerza para indignarse (y ojalá que eventuales nuevos tiempos de bonanza económica no provoquen otra vez la amnesia colectiva, la somnolencia de consumo y sofá... La indignación debe rebasar el propio bolsillo);
56. que siga habiendo personas excluidas, por debajo de la línea de pobreza;
57. me indigna el sometimiento ciudadano al poder;
58. la pertinaz imposición del ejercicio del miedo por parte del poder;
59. el sistemático recurso a la mentira y el maquillaje sobre las tropelías;
60. la falta de empatía de los que viven "contra" los demás, en lugar de vivir "con" los demás (y si encima forman parte de "los que nos representan a todos" mucho más);
61. el lenguaje pobre y soez, la falta de educación y cultura en el uso del lenguaje por parte de tantos de nuestros "representantes", y por lo tanto de tantos de sus "representados";
62. la usura...;
63. que la banca se haya enriquecido y siga enriqueciéndose a costa no solo de los ciudadanos sino de los propios Estados...;
64. lo que se le está haciendo al juez Garzón por investigar los casos de los desaparecidos, tanto en España como en otros países, por investigar la corrupción, etc, etc. (su auto sobre la memoria histórica debería ser una lectura obligada en las escuelas, y no pongo lectura "recomendada" sino lectura "obligatoria", porque pienso que hay cosas valiosas que forman parte del patrimonio colectivo y que se deben conocer y esa es la forma de preservarlas);
65. que sigan inventando guerras para que la industria bélica siga lucrando con muertos;
¿Cuántas razones tenemos los ciudadanos para indignarnos? ¿Y si cada uno aportara una razón, qué lista interminable seríamos capaces de construir? ¿Por qué no lo intentamos y luego distribuimos la lista tanto entre los indignados como los que están por sumar? Indignarse es negarse a perder la dignidad.
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15-M,
ARTURO BORRA
sábado, 21 de mayo de 2011
Democracia y revuelta: apuntes sobre una política insumisa
La extensión de las revueltas recientes -no sólo por el norte africano sino también por Medio Oriente y el sur de Europa- ha enfatizado nuestra percepción de que lo imprevisible forma parte de nuestras vidas cotidianas. Lo imprevisible del acontecimiento es también esa dimensión incontrolable y compleja de la vida social que quisieran conjurar los poderes. Esos poderes, sin embargo, son impotentes ante lo que no pueden predecir. Apenas hay que señalar que cada acontecimiento no se deja reducir a los precedentes. Como irrupción de una singularidad, pone en juego nuestras incertidumbres. No sabemos, por tanto, cuál será el desenlace de esta historia. Ni siquiera si hay desenlace para esta historia singular de las revueltas. Podemos, a lo sumo, procurar prever lo imprevisible. Alguien podría advertir a los gobiernos occidentales: en algún momento (indeterminable), si siguen con sus políticas de ajuste, producirán respuestas colectivas diferentes a las habituales; si siguen con sus políticas de terror, activarán una explosión no menos terrible de violencia; si siguen con sus políticas de destrucción sistemática del planeta desatarán fuerzas naturales descomunales… El condicional podría extenderse a diversas políticas gubernamentales, pero también a las actuaciones de distintos agentes privados: desde los banqueros hasta la burguesía empresarial. Lo decisivo, sin embargo, es que ese condicional nunca opera de forma mecánica. Lo imprevisible condicionado, entonces, irrumpe como acontecimiento. ---
El 15-M muestra que lo imprevisible está aconteciendo bajo la forma de una movilización colectiva ligada a varias plataformas ciudadanas, tales como “Democracia real ya”. Con esa movilización social, lo que se reactiva es el sentido de lo que constituye la democracia, poniendo en cuestión el discurso hegemónico que la identifica con la mera alternancia de los dos partidos políticos mayoritarios en el gobierno. Dicho de otro modo: mientras que para unos la «democracia» es significada como un procedimiento para el recambio de oligarquías políticas marcadas por el bipartidismo, para otros no puede ser sino el derecho a decidir sobre aquellas políticas que los afectan de forma directa e indirecta.
Cualquier interpretación que reduzca el 15-M a una reacción económica se equivoca. Porque pone en evidencia no sólo la persistencia de problemas económicos que afectan a una parte mayoritaria de la población sino también una respuesta política ante los responsables de la crisis que siguen siendo beneficiarios de la misma. Distante a cualquier forma de determinismo simple, además de carencias económicas graves, lo que irrumpe de forma insoslayable es la indignación moral ante un sistema político-económico radicalmente injusto y una articulación discursiva de esas insatisfacciones (bajo la plataforma que lidera de forma anónima y descentralizada este proceso). En suma: el hartazgo ante un estado de situación inaceptable, que incluye la corrupción extendida en diversos campos institucionales, los recortes sociales sucesivos, el paro sostenido, la concentración de la renta, el rescate público a la banca, la falta de representatividad, la restricción de la participación ciudadana, la complicidad mediática y el cinismo al por mayor, sin olvidar la ausencia de un proyecto político de raigambre popular por parte de los partidos políticos mayoritarios, por mencionar sólo algunas cuestiones.
El “hambre” -lo sabemos bien los latinoamericanos- no conduce necesariamente a una revuelta -y no digamos ya un proceso revolucionario-. Sólo en condiciones concretas puede movilizarnos colectivamente; en particular, cuando se agudiza la percepción de unas injusticias y unos contrastes sociales. Es lo que sentimos estos días. Como decía Thompson, también existe una "economía moral de la plebe" que cuestiona cualquier determinismo unilateral.
La indignación moral de una parte de la ciudadanía es insoslayable. Si como señala Ranciere, el “pueblo” es lo que falta (diferenciado, en este caso, de “población”), este tipo de prácticas sociales está constituyéndolo: la población se convierte en agente político. No sabemos adónde conducirá este proceso; no podemos saberlo, porque lo imprevisible es irreductible. Algunos temores propios miran a la Argentina de 2002: tras la revuelta popular y las prácticas asamblearias a las que dio lugar, los sucesivos gobiernos apostaron por una restauración neoconservadora que, además de mantener la concentración del poder político-económico, desactivó en cierta medida a una ciudadanía movilizada. Pero el temor no puede ni debe inmovilizarnos. Puesto que lo conocido es este naufragio colectivo, nuestras esperanzas no pueden sino mirar a la incertidumbre.
Para las versiones dominantes de los medios masivos todas estas aristas quedan minimizadas, cuando no reducidas a meras fantasmagorías. En particular, los medios televisivos llegan tarde al acontecimiento, cuando su notoriedad pública impide seguir ocultándolo. Y -lo que no deja de ser menos grave- cuando llegan, intentan reencauzarlo dentro del orden previsible de lo noticiable. Las deficiencias democráticas en el campo mediático se hacen manifiestas en el silenciamiento inicial de uno de los acontecimientos políticos más importantes en la España del ajuste. Pero también en su rechazo al exceso de sentido que esos acontecimientos producen, procurando fijar de antemano sus alcances y límites, encausar las energías colectivas, conjurar todo componente imprevisible que ponga en riesgo el presente orden social. La banalización y simplificación de las demandas y cuestionamientos del 15-M es también un intento de ahuyentar cualquier fantasma político radical, esto es, todo aquello que no se conforme con reformas internas al capitalismo o con una ingeniería social gradual gestionada por expertos, en coordinación con los “representantes” políticos. Y si bien no toda versión cae en la burda estigmatización de los manifestantes (acusándolos de “antisistemas”), el posicionamiento dominante sigue produciéndose desde una retórica moderada y moderadora, equivalente a la de un juez imparcial, que pretende determinar los alcances de la legitimidad de la protesta y circunscribirlos a una juventud decepcionada. Dicho de otra manera: el tratamiento informativo hegemónico desconoce la fuerza singular del 15-M, procurando reencauzarlo dentro de un discurso reformista capaz de ser gestionado desde las instituciones políticas existentes.
A pesar de consenso mortífero de los medios masivos en omitir este exceso indomesticable del acontecimiento, su fuerza de disenso ha estallado a nivel público. La proliferación de imágenes y mensajes producidos a partir de las tecnologías informativas y comunicacionales en manos de los manifestantes ha puesto en evidencia esa mala complicidad mediática, mostrando sus intereses corporativos: evitar que esas oligarquías políticas y los poderes económico-financieros concentrados, sean jaqueados. Queda por escribir la crónica de lo que no fue (para los medios de comunicación): la construcción de un espacio social en el que los seres humanos no sean tratados como “mercancía” en manos de políticos y banqueros corruptos sino ciudadanos con derecho a decidir por sí mismos la política que desean.
La convergencia de sectores sociales heterogéneos –irreductibles a una franja de edad- en reivindicaciones comunes está produciendo una protesta de creciente magnitud. Si, como decía Camus, la rebelión es condición de la libertad, lo que esas protestas están produciendo es un nuevo espacio ciudadano para el ejercicio de una forma de democracia en la que el sujeto no se desentiende de la responsabilidad de construir y transformar el mundo social. En otros términos, estos sujetos colectivos están experimentando una práctica de libertad que favorece la (re)construcción de una cultura política participativa y que tiene como escenario la ciudad. Al permitir la confluencia con otros ciudadanos en un espacio público, reinventan la ciudadanía, no ya bajo la forma institucionalizada de la delegación, sino bajo la modalidad de la participación directa. Los sin parte toman parte en una experiencia democrática que sólo tramposamente se puede ligar a los “ímpetus de la juventud”, incluso si su base social estuviera mayoritariamente conformada por sectores juveniles.
No sabemos en qué derivará el 15-M. La prohibición de las concentraciones por parte de la junta electoral general, aunque pueda disuadir a una minoría, probablemente acrecentará la fuerza de este movimiento social. Aun si la decisión gubernamental fuera reprimir policialmente -en nombre de una legalidad que desprecia la justicia- a los manifestantes, el acontecimiento está en marcha. Cada intento de sofocarlo no puede más que activar nuevas resistencias. Que esas resistencias pueden doblegarse a fuerza de represión no niega que el costo político de acciones de ese tipo sea demasiado alto para gobiernos que presumen actuar acorde al estado de derecho. No cabe descartar una situación en la que una actuación policial de ese tipo desencadene incidentes de gravedad.
El callejón sin salida para las autoridades gubernamentales en su conjunto es claro: no frenar esta protesta social favorecería su consolidación y una creciente articulación de demandas y reivindicaciones que podrían jaquear, al menos potencialmente, la actual estructura del estado y del mercado; frenarla, por el contrario, implicaría otra forma de visibilidad, en la que son suspendidos hasta los derechos más básicos que el “procedimiento democrático” debe garantizar, como es la libertad de reunión y manifestación. La prohibición ahonda en este callejón: si permite las manifestaciones incumple con la ley que debe garantizar un estado de derecho; si las impide a través de la intervención policial, no respeta esas libertades constitucionales y también vulnera dicho estado.
Más allá de la dimensión jurídica, la prohibición no detendrá la movilización social en marcha, porque acrecienta los motivos y razones que la han activado. Mientras un ya desacreditado gobierno nacional seguirá moviéndose de forma vacilante –al menos, ante las inminentes elecciones- entre la simpatía y el llamado al orden, los problemas que han lanzado a miles de personas a las calles siguen intactos. En conjunto, dichas irresoluciones desbordan las fronteras de los estados-nación. Comprometen no sólo al mundo occidental sino al capitalismo mundializado: la pésima distribución del excedente, la creciente desigualdad de las rentas, el carácter regresivo de la estructura tributaria, las relaciones de fuerzas asimétricas entre unos capitales trasnacionalizados que quieren incrementar su rentabilidad como sea -incluso si para ello hay que invertir en industria bélica, en investigación farmacéutica que experimenta en el tercer mundo o en bonos de deuda con efectos catastróficos en los países afectados- y unos salarios paupérrimos que van en baja por la irrupción descontrolada de mano de obra esclava o casi esclava en economías “emergentes”, el deterioro y descrédito crecientes ante el sindicalismo mayoritario, los privilegios de la casta política, la desregulación de los mercados financieros, etc. Por si fuera poco, el paro, la pobreza y la exclusión social van en aumento, agravados por la corrupción estructural, el deterioro de un sistema institucional y judicial en manos de una derecha recalcitrante y paleolítica (respaldada por los sectores más reaccionarios de la iglesia católica) o, por referirnos a una dimensión más amplia, la violación de los derechos humanos a escala planetaria en nombre de una política de seguridad que no duda en apelar a estrategias como el asesinato selectivo o la creación de guerras como salida para las industrias bélicas y reconstructivas. El diagnóstico resulta desolador, pero las grietas no dejan de multiplicarse.
Lo que está en juego no es solamente el “neoliberalismo”, incluso si no hubiera una clara consciencia de ello por parte de muchos de los que participamos en el 15-M. Lo que estamos padeciendo es la voracidad de un capitalismo mundializado que deglute todo. Sin metáfora, se está comiendo el planeta, incluyendo una parte ingente de la humanidad. Es un asunto de economía política, no tanto de economía a secas. Este sistema estalla por dentro, produciendo de forma cíclica sus crisis de superproducción y sus ejércitos de parados y precarios. En la economía globalizada del capitalismo van a seguir cayendo pueblos. La lección de estos años es que cualquiera puede ser el próximo "sacrificado”.
A nuestro pesar, España se parece cada vez más a otras regiones empobrecidas del mundo (con las que a menudo ha mantenido una soberana indiferencia). El saqueo oculto es notorio. No por azar desde hace tiempo este gobierno que presume de políticas sociales progresivas está aplicando políticas de ajuste propias del neoconservadurismo más duro y apenas hace falta recordar que la oposición parlamentaría más importante tiene como ideario explícito ese recetario. Los responsables de la crisis son también sus principales beneficiarios y los que nos han saqueado son premiados con triunfos electorales o puestos de trabajo bien remunerados. Los que predican con medidas legislativas regresivas son los mismos que proponen no recortarse pensiones a sí mismos; los que piden austeridad tienen ganancias millonarias; los que piden nuevos sacrificios no dudan en excluirse de esas peticiones y los que controlan nuestras economías familiares los que bloquean cualquier ley de transparencia pública. No sólo es penoso: es delictivo.
Europa se incendia y no cabe descartar que -con variantes- en la presente década participemos en más de una revuelta y quizás alguna revolución (como la ocurrida en Islandia). Hasta el Banco Mundial, prototipo absoluto de la insensibilidad, ha advertido de la extensión de la miseria en el mundo: "Niveles peligrosos de pobreza" llama ahora al hundimiento colectivo. Pero atendiendo a su historial, quizás deberíamos decir: lo que interpretan como “peligrosos” son esos estados que incitan a una revuelta que está latiendo en distintas partes del mundo.
La rebelión, en estas condiciones, es un acto de dignidad: la única esperanza política para los condenados. Más que nunca necesitamos un giro político que apueste por la redistribución de la riqueza, por el control del poder financiero, la limitación a los capitales, el respeto al medio ambiente, la inclusión de la diversidad social, la igualación de las condiciones materiales y culturales de vida, en suma, la institución de una democracia radicalizada, que subvierta los resortes de la sociedad actual. Técnicamente no faltan recursos; lo que falta es voluntad política para regular los desequilibrios y liberar una democracia secuestrada.
“Democracia real ya” no es (al menos no de forma invariante) un proyecto anticapitalista. La respetabilidad mediática que va adquiriendo este movimiento es directamente proporcional a su moderación y encauzamiento dentro de las estructuras existentes. De hecho, cualquier vestigio de radicalidad, sin dudas, es y será repudiado por quienes encarnan el establishment mediático, económico y político. Y sin embargo, quizás en esa radicalización democrática pueda residir su promesa. No caben idealizaciones ni triunfalismos, mucho menos, en una fase inicial como la que vivimos. Habrá que atravesar experiencias de dificultad más graves aun y elaborar estrategias de acción que nos permitan caminar hacia un horizonte político transformador.
El 15-M tampoco es reductible a un ideario. No faltarán quienes lo condenen por su falta de unidad ideológica o su falta de cohesión política. Pero ahí está su riqueza y sus desafíos. En construir desde la multiplicidad –y puede que hoy esa forma de construir sea revolucionaria, especialmente si se atiende al historial dogmático, jerárquico y autoritario de algunas prácticas políticas que se (auto)identificaron como “izquierda revolucionaria”-. Como reclamo colectivo contra un sistema político y económico corrompido y antipopular, pone de manifiesto una disconformidad que fecundará múltiples sentidos, abrirá diferentes frentes críticos, nutrirá prácticas sociales autónomas. En ese devenir se juega su valor y su fortaleza.
Siempre cabe preguntar: ¿vamos a desistir de un proyecto político global -por mínimo, inestable y provisorio que fuera-? ¿No necesitamos pensar en modos de producir transformaciones en las configuraciones de poder mayor? Si el capitalismo es un dispositivo de conjunto, que produce efectos de totalización, ¿no deberíamos intentar destotalizarlo desde una pluralidad de líneas de fuga, como primer desplazamiento necesario? ¿No deberíamos, complementariamente, producir proyectos que apuesten a reinventar nuestras sociedades? En ese punto, el trabajo de articulación política me parece irrenunciable. Pero el resultado no es nada fuera de los modos en que se produce. Lo valioso de este acontecer es también el aprendizaje colectivo en la experiencia de autoorganización, en el desarrollo de debates críticos, en suma, en las prácticas horizontales que hace posible. La construcción de un horizonte de sentido compartido puede hacerse a través de la deliberación, del estar ahí, de ensayar nuevas respuestas para responder a nuevas realidades. Nada está resuelto y esa apertura es también nuestra promesa y nuestro riesgo.
En esta lucha no cabe excluir lo utópico, entendido precisamente como espacio de multiplicidades, lugar de articulación de una pluralidad de prácticas resistenciales que carecen de un centro de poder unitario. La utopía, más que diagrama definitivo de una sociedad reconciliada, aparece en este contexto como un horizonte de deseos colectivos que pujan por subvertir lo presente. Ese horizonte no se confunde con bellas idealidades, ni tiene contenidos definitivos: es apuesta por otro porvenir que debemos construir y reconstruir de forma permanente en nuestras prácticas. Ese es el trabajo pendiente e imprescindible que el 15-M está contribuyendo a hacer.
Más allá de los razonables interrogantes que un acontecimiento plantea, no deberíamos perder de vista la oportunidad histórica que abre. Lo político es irreductible a unas instituciones del estado cada vez más distante de la sociedad civil o a un sistema de partidos que desde hace décadas está afectado por una escasa credibilidad. Remite, más bien, a lo que instituimos como sociedad, a lo que nos damos en común. Siempre merodea el riesgo de una restauración del control, de no poder estructurar unas luchas a largo plazo, de desistir ante las dificultades o vencerse ante las decepciones. Es lo que alentarán no sólo a nivel local sino también las potencias imperiales que miran con incredulidad y recelo esta internacionalización de la revuelta.
Contra esa voluntad de control, nuestra tarea más crucial es respaldar este acontecimiento en el que lo político se constituye como insumisión ante unas autoridades gubernamentales que han perdido, para algunos de nosotros, todo crédito. Cada uno de nosotros puede nutrir con ideas un proceso limitado pero abierto a un cierto potencial revolucionario. Puede, también, apostar por que estas resistencias colectivas heterogéneas se articulen más allá de la inminencia de las elecciones. Por sobre todo, cada uno puede estar ahí, apostando por la construcción de una democracia radical que no se disipe como las promesas oficiales de darnos lo que sistemáticamente nos han negado.
Arturo Borra, poeta y ensayista
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