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viernes, 24 de agosto de 2012

EDUARDO MILÁN: DICHO SEA DE PASO

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El reto de la retórica
te hace perder pie
hondo donde
ahí te hundes

el poder de lo posible
tiene un pozo
al centro, ojo ahí
te hundes

lo imposible, no-poder
tiene una fuente
caliente
ahí honda
te abrasa

contragiro al ojo, circo, aro de fuego

 –conviene mandar todo al carajo
sin poesía el poema
escribir sin esclavo
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dicho sea de paso, Eduardo Milán
Taller Ditoria, 2008




sábado, 26 de mayo de 2012

EDUARDO MILAN: PA-USA (A NICANOR VELEZ): DOS POEMAS

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Sin duda, Nicanor Vélez, poeta y director de la Colección de Poesía que publica la editorial Galaxia Gutenberg, gran lector y promotor de la mejor poesía publicada en castellano, esencial en su escritura, como en la amistad, fue amigo del poeta Eduardo Milan, con el que le unía una sensibilidad y honestidad política, crítica, cultural y poética, amistad desde dos singularidades bien definidas, autónomas, deliberativas.
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De Eduardo Milán, dijo Nicanor:
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Milán con un golpe de verso, con un giro verbal nos devuelve, también de golpe, a lo palpable inmediato, a lo más real de lo palpable. En su poesía todo es un continuo movimiento o un ir de identidad en identidad, pues no olvidemos que para él el poema, más que un objeto, es una búsqueda sin eludir lo oscuro: «Una escritura sin temer lo oscuro / porque oscuro, el silencio de la piedra, / el resplandor sin palabras, haría un lugar / para el canto».
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A Nicanor Velez

ERIZO constreñido al aire
disponible a la púa, a la coraza
para quien se acerque –va lo que va
viene lo que viene– la excepción
materializada del Estado animal
–cuando no es poema la cosa
se pone fea, concentrada,
alerta, salto latente, de lanza
una tribu replegada al mismo tiempo–
que no regula sino la necesidad
interés, no –sólo que no se vive
a la espera de que venga el mar a patear nido
  











DIGNIDAD del jodido
que se salva por la dignidad
escarabajo, no por el trabajo
una mujer de cincuenta y pico
jaula a la izquierda, canario
pote a la derecha, geranios
“lo mejor es que trabaja todo el día” –piensa
desde la ventana semiabierta con postigo
verde al verte, entrado en años
entrando por el aro de fuego
hechizada sociedad de cuerpos nuevos
hasta el fondo, montoncito de ceniza
cierra hacia adentro el postigo verde
la maceta afuera, geranios

EDUARDO MILAN,
dos poemas pertenecientes a
DISENSO (FCE, 2010)
incluidos en la sección PA-USA,
dedicada a Nicanor Vélez


martes, 3 de abril de 2012

EDUARDO MILÁN: ¿Para quién habla uno?

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¿Para quién habla uno?
Habla uno para uno, no para dos ni para tres.
Ni siquiera para uno:
para dos ojos brillando en la espesura...
Habla el esperma en la esperanza del hijo.
Uno habla para otro intangible que es llovizna,
no tocable, no moldeable por las manos de masa,
o tocable por palabras, tan afecto. 
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Ella oficia lo que oficia,
lo que la pica.
Dándole el sol un brillo jubiloso,
la luna le quita esplendor, la opaca
El día la mueve, en tanto
la noche, reposo, la obliga a posarse.
Se posa. Y es como una pájara
que espera, posada, al pájaro
que venga de una vez a la morada,
que le haga justicia en la tierra.
Que -que-que, vertical descendente,
ha venido el pájaro a hacerle justicia
A la posada, a la en la morada abierta.
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Eduardo Milán
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Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/cultura/Milan-poesia-crisis-permanente_0_671333034.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com
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lunes, 9 de enero de 2012

EDUARDO MILAN, novedad: DESPRENDIMIENTO (Club Leteo, 2011)

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Tres poemas del nuevo libro de Eduardo Milán, Desprendimiento, publicado por la editorial leonesa Leteo en diciembre de 2011. Gracias al poeta y editor Rafael Saravia por propiciar esta presencia en España de la buena y no acomodada poesía de uno de los más arriesgados y veraces escritores vivos. 

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 humanos no interesados en dignidad
viven sin cavar, manos inmunes
a la mansa, terca, tensa tierra de almas
calidad cálida

soy feliz
sobre los terrones
sin torres fieles, infieles

el acabado perfecto es acabado de la vida
en verso y amor, la misma cosa
guinda el trazo en círculo del vino
hay que verla cómo queda, pétrea de brillo
—a la tierra—

es una piedra, no es una piedra
sí es una piedra, que no lo es
decídete entonces a dar la vuelta
escarabajo boca arriba












águila empotrada en el rostro de Gerónimo sal de ahí
de la tierra

fecha de la foto, vaga
año1887
uno después de apresado
posa con un rifle sobre el brazo

Gerónimo de genoma rastreado
cráneo robado por Prescott Bush, abuelo
suena abuelo igual que nieto, no el cráneo
cuando rebotan, repican las monedas
tamborilean los dedos

águila, sal del rostro que en vuelo te lo llevas
no a vivir entre dos aires
la cosa aquí es la tierra
la cosa es la tierra, madre
sobre la madre suave bajas, ahí lo dejas
en algún lugar parecido al que quería
—sacudida de plumas húmedas—
germinen los gerónimos
precisa posición bajo el sol
dentro de la tierra, entre dos montañas
















nada se suple por completo
no siempre se sustituye
hay quien no quiere verde, dinero fácil
flamante la escasez que llama
cara de héroe circulante
cuando los héroes vienen manchando
la faz, cosas vienen con él
hay quien no viene de nuevo
hay quien no pasta esta noche
hay quien no baja la cabeza
un caballo


Eduardo Milán
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 Eduardo Milán nació en Rivera, Uruguay, en 1952. Por motivos políticos se exilió en 1979. Residente en México, fue miembro del consejo de redacción de la revista Vuelta y es actualmente miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (FONCA) de México. Algunas de sus publicaciones poéticas son 'Acción que en un momento creí gracia' (2005), 'Índice al sistema del arrase' (2007), 'Hechos polvo' (con ilustraciones de Gabriela Gutiérrez, 2008), 'Dicho sea de paso' (2008), 'Pan para las hormigas' (con ilustraciones de Daniel Kent, 2008), 'Habrá tenido lugar' (antología poética, 2008), 'El camino Ullán seguido de Durante' (2009), 'Solvencia' (2009), 'Vacío, nombre de una carne' (2010) o 'Disenso' (2010). Como ensayista ha escrito: 'Justificación material' (2004), 'Un ensayo sobre poesía' (2006), 'Sobre la capacidad de dar sombra de ciertos signos como un sauce' (2007), 'Veredas a los modos de un bosque' (2009), 'Cosas de ensayo veredes' (2010) y 'Ensayos Unidos' (2011), entre otros. 
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'Desprendimiento' es una ruptura con el vacío de la utilidad y la elocuencia de lo colonizado, una insurrección que habla desde la posibilidad de fuga que permite una poesía sin servidumbres, un salto de salud, de joven emergencia de lo inconfesable y de lo preciso: no hay concesiones, la palabra no se rinde, deviene por el poema en un lugar otro al de los discursos triunfantes y las retóricas oportunistas. Eduardo Milán insiste en su indómita aventura contra la usurpación de lo político y desrrealidad de lo poético, desde la frescura y ahoridad del exponerse en la intemperie, desnudo de artificiosidad. Se trata de un libro esencial en la trayectoria de Eduardo Milán, del desconcierto al disenso, cuya inmanencia son "fugas que dan que hablar" no para evadirse de la poesía, la vida, la convivencia sino para ir tanteando que "no hay adentro si no hay pasión por el afuera".

miércoles, 4 de enero de 2012

Diez preguntas sobre la urgencia: una entrevista a Eduardo Milán de Arturo Borra

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1. Para muchas personas la poesía se ha convertido en un lujo que -habida cuenta de sus urgencias vitales- consideran que no pueden permitirse. ¿Qué cabe esperar de quienes consideramos más bien que la producción poética forma parte de esas urgencias? O, para repetir la pregunta de Hölderlin: ¿para qué la poesía en tiempos de penuria?

La pregunta de Holderlin es fundamental no sólo para la modernidad en que se conceptualiza. ¿ A quien se sirve? Los dioses de Holderlin son el orden, la explicación, la trascendencia, la posibilidad Otra. Pero también lo que escucha, lo que oye. Con quien se dialoga. Para Holderlin se sirve a ese condensado de atributos. Pero en plena secularización, para un poeta, un dios se parece a un lector. O sea, el verdadero poeta -y es difícil esta categoría- no sirve a nadie. Es lo bueno. Pero hay poetas -y eso no quiere decir que sean falsos sino que para mí quiere decir que no cumplen con la dignidad de la poesía- que sirven al lector. El sueño de la mercadotecnia, el sueño del espectáculo -eso propio de ciertos novelistas, de actores, políticos y cantantes de rock: celebrities-- no escapa a nadie. Por otra parte, diría que no cabe esperar nada de quienes consideramos -yo al menos- a la poesía no como una urgencia sino como una necesidad luego de un azar, como un destino aceptado luego de ciertas contingencias que señalan rumbos. Pero decir o preguntarse “qué cabe esperar” es como creer que hay algo de elegidos -secretamente, en voz baja, murmurado porque carece de prestigio en el mundo real- en los que escribimos poesía y somos poetas. Lo que está en juego hace tiempo es lo humano. Y luego, de ahí, lo mejor de lo humano que puede ser la creación. Pero hay que precisar: la creación de buena calidad. También abunda la mala. En esta época es dominante. ----


2. En el contexto del presente, marcado por la masacre y el estado de excepción, ¿cómo podríamos contribuir a transformar desde el campo poético lo extrapoético? ¿En qué sentido la poesía podría tener eficacia política, en unas condiciones culturales que la marginan de forma radical?

Es una cuestión ética. La poesía juega a partir de la ética del poeta, no juega sola. Me cansé de aquellas voces que salvan por anticipado a la poesía, que la salvaron siempre, que, de alguna manera, le otorgaron un lugar tan especial. Alguna vez - en Resistir creo que fue- arrinconé ese argumento contra las cuerdas -no sólo contra las vocales: contra las del ring- y hablé de un mundo donde la poesía se salvaba y se hundían los humanos. A esa paradoja lleva decretar la salvación de la poesía por anticipado. La poesía es política como todo acto humano. Y puede ser política como forma de resistencia. En la medida en que se acepte que la palabra está gastada porque la poesía es gasto ejercido, no ahorro, no capitalizable. De modo que hay un deseo. El deseo no preserva su gasto. Que lo hiciera sería como hablar de un capitalismo del espíritu. Lo que quiero decir es que la poesía no es el ejercicio de un deber ser, de un superyó. Es un acto de libertad. Y depende del alcance que se le dé al concepto y al término. Una sociedad donde todo se consigue no es una sociedad de libre deseo sino de “libre” condicionamiento, valga la contradicción. Cuando uno empieza a decir: “la palabra poética es la contención frente a la”, etc, uno ya condicionó la cosa. La poesía puede ser un acto de contención ante la emisión moldeadora de opinión de ciertos medios dirigidos y orientados para controlar. Puede ser una forma de contención ante la emisión meramente contactual (de hacer contacto) del habla común y cotidiana que son formas de ejercer y poner a funcionar un código. Pero uno puede también comprobar luego que ciertos poetas que rodean la palabra de silencio luego rodean un libro de mutismo y luego esperan en la fila del Nóbel sin hablar de lo que pasa. Insisto: un poema tiene que ser lo que yo quiero, no lo que los pueblos que sufren. A los pueblos que sufren puede o no interesarles la poesía. Y luego veremos qué poesía les interesa. Fabricamos equivalencias con la facilidad de la necesidad. ¿Cuáles pueblos? ¿La parte que se levanta contra el capitalismo o la parte que busca un lugar en el capitalismo? Volviendo a tu pregunta anterior: si algo cabría esperar de nosotros los poetas es que sepamos caminar por este borde difícil, en este equilibrio difícil. Hoy todo está en juego. Hay que preguntarse si ese mundo extrapoético o ese afuera -esa gente, esos lectores- quieren mejorar o quieren cambiar. Si todo está en juego, insisto, la poesía también está en juego. Es insostenible la complicidad de los poetas alrededor de la poesía como si la poesía fuera la misma cosa. Hace mucho que la poesía no es esa cosa esencial que nos vuelve hermanos.

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3. En conexión con lo anterior, ¿qué puentes podríamos y quizás deberíamos construir quienes participamos en el campo poético con respecto a movimientos sociales críticos, como por ejemplo el movimiento de indignados que, en los últimos meses, se ha expandido a escala mundial?

Indignarse es llenarse de dignidad y desbordarse. Cuando Góngora dice “escribo para pocos” está en el núcleo de la dignidad, no desbordado. Habita pleno la dignidad. La poesía ahí es esa cosa que ocupa su propio lugar, brilla como un insecto que ocupa su propio lugar. Es el momento de alta calidad, o sea: donde contiene su novedad autoabastecida, sin más mercado que el paso de la oreja, los ojos, la sensibilidad y la conciencia, los cuatro pasos del placer en poesía. Pero ese nivel es difícil de mantener. Y empieza el negociado. La indignación de la poesía es no aceptar el negociado. Como la indignación del indignado de la Puerta del Sol o de la Plaza Libertad es no aceptar el ser negociado, el que le roben, secuestren o vendan su futuro y el de los suyos. Pero hay que ver lo que te decía antes: saber si lo que se quiere es no perder la dignidad ante lo intolerable -esa venta, ese negocio de la vida, esa biopolítica del aire- o la demanda de un lugar en el espacio del capital, que ya es bien otra cosa. Queremos cambiar -mantener la dignidad de la poesía en lo que la poesía significa para uno- o queremos reivindicación -acomodarla a cómo dé lugar al deseo o a la necesidad de un lector, de un mundo. O sea, hacerla posible. Lo más hermoso de la poesía, lo que yo considero belleza, es la imposibilidad que esa cosa contiene, su incomunicable intrínseco, su exhibición y defensa de ese incomunicable. Ese efecto que crea de no estar y estar ahí, de no haber estado nunca, de nunca haber sido, de poder ser por no haber sido. Pero jamás volver a ser. Y jamás volver a ser igual, lo mismo siempre. Esto último negaría lo esencial para mí, lo que más quiero. Y creo que es lo que está en juego en la relación dignidad de la poesía-indignados.


Lo otro que me parece de primera importancia de los indignados -que parecieron mucho tiempo dormidos, en verdad, o confiando en un estado de cosas que no era, esa ingenuidad que se parece a los latinoamericanos fascinados con Obama porque se oponía tanto en imagen como en contenido a la bestialidad de Bush- es el riesgo que eso asume en relación a su estado de permanencia en la indignación. El que despertó del sueño de esta sociedad saqueada dirigida por saqueadores - en el capitalismo actual, no vale la pena -aunque no todo es lo mismo, no es lo mismo el sur que el norte- hablar de países o de gobiernos bajo la lógica dominante de las corporaciones- difícilmente pueda volver a soñar aquel sueño. Podrá dormir con la conciencia tranquila en la medida en que actúe. Y los poetas tienen palabra. El problema es el uso de esa palabra. Ese es el gran problema. Ya lo sabemos: esto va para largo. Y esto contradice la noción de urgencia. Urgencia, en realidad, no hay. Yo apoyo a los indignados como ser humano. Yo me indigno. Eso marca mi escritura. Pero no es una receta ni un mandato. “Todo poeta debe indignarse”. Todo ser humano debe indignarse. Se juega la vida en eso. Como poeta no sé si es necesario proclamarse. ¿En la modernidad la poesía no ha sido una suerte de indignación más o menos estentórea? No era Rimbaud un indignado? Lautréamont? Baudelaire? Mallarmé? Artaud? Duchamp? Satie? Martínez Rivas? Nicanor Parra? Décio Pignatari? Y sigue la lista. La creación artística que yo valoro vivía en el punto de indignación. Otra no. El problema es que esa que no se volvió mayoritaria y dominante. Tampoco se volvió celebratoria como un Perse o un Guillén. Se volvió pasiva, acompañante, expectante de los resultados de la Academia. Eso también indigna. La dignidad de la poesía pasa por no esperar nada. Y eso es dificilísimo en este mundo.


4. Ante el devenir secta de los grupos poéticos dominantes, una estrategia típica para “hacerse hueco” en el campo es la apelación al pluralismo estético (lo que a menudo se convierte en una forma de desentenderse del ejercicio de la crítica a esos grupos). ¿Cómo articular –si cabe- una cierta forma de pluralismo con la elucidación de los límites de una determinada escritura y de las prácticas más o menos legítimas que la posibilitaron?

Lo único es respetar una frontera. No se puede dejar de creer en lo que uno cree por convivir en forma pacífica. Eso es suicida. También empezar a conceder mediante espacios de silencio -no decir nada ante lo que uno no puede soportar porque considera mal hecho, mal pensando, o, como digo: entregado al lector- termina siendo autoaniquilante. Hay que acordar las diferencias. Delimitar los bordes. No se puede renunciar a la crítica. Los grandes maestros de la negación -como los grandes maestros de la Nada en Oriente- fueron los que formaron el concepto que manejamos de la conciencia, sobre todo la crítica. Renunciar a la conciencia crítica es enfermarse. El mayor síntoma de salud que conozco es denunciar los abusos del Poder. Y eso está considerado, precisamente, una especie de “enfermedad negativa”. Los cansados de negación son los que ahora vienen con el abrazo hermano y con la poesía “para mirarse a los ojos”. Conmovedor de veras. Equivale en términos políticos a la negación de la justicia. Viva la hermandad caritativa del beso. A mí que me cuenten fuera.


5. Decías en otra ocasión que la poesía exige trabajar con la pérdida. Ante esa sombra que remite a la melancolía, quizás sea preciso repreguntar: ¿qué es lo que perdemos en la escritura? También podría reformularse la pregunta de forma paradójica: ¿tuvimos alguna vez aquello que la poesía supone que pierde?

Se relaciona con el ser. El ser pierde por ahí. Toda la poesía es un ejercicio de esa pérdida, de ese dejarse ir del ser. O sea: lo contrario de esa sobre-potencialización atribuida a los grandes metafóricos -no Quevedo ni Góngora- a los grandes poderosos de la poesía, creadores de grandes universos. No es el ejercicio de una debilidad: es el de una pérdida en el sentido de algo ya constituido. Una pérdida no en el sentido que deja un hueco, un buraco: en el sentido que va hacia otra cosa. Toda la poesía -esto no tiene que ver, por una vez, con la cantidad en el sentido de una industrialización de la cosa- es un gran movimiento hacia la pérdida, una trashumancia hacia la pérdida de sí misma. Nada sacrificial, nada en nombre de otra cosa, ninguna hoguera, ningún quemarse: esos siguen siendo los enemigos. Pero esa herejía frente a lo institucionalizado del ser, primero, y luego frente a lo institucionalizado del olvido del ser como dice Heidegger, toda esa glaciación, todo ese imprevisible de la vida -que pudo haber sido otra cosa radicalmente distinta-, eso lo lleva la poesía en sí misma. Una nostalgia de su ausencia, si quieres. Eso es lo que quiero decir. Todo arte tiene para mí la emanación de esa nostalgia de no haber sido y no de haber sido otra cosa como un caballo que llora por dejar de haber sido grifo, una almendra por haber dejado de ser ojo egipcio o dos combas tocadas en sus inicios sobre el cielo. O mucho menos imaginaria y como me gusta a mí: una pobreza que lamenta su ser riqueza ya perdida. No esa aristocracia. Algo más libre. Se trata de algo que lleva lo de la vida, ese movimiento. No ponerse dramático. La cosa es compleja. Alain Badiou hablaba en ese libro magistral “El siglo” de las posibilidades todavía del arte a través de lo que él llama sustracción -como francés lo puede decir: aquí sustraer es robar, hay que decir tal vez restar, o en términos de acción sustraer (se) es omitirse, no estar allí. Hay una enseñanza total en esto. Los poetas complejos y paradójicos (Guillaume de Poitiers, Juan de la Cruz, Garcilaso, Góngora, Quevedo, Lope, John Donne, Holderlin, Von Kleist, Rimbaud, Laforgue, Augusto de Campos, John Cage, López Velarde, Rulfo) lo sabían. ¿Por qué lo olvidamos nosotros? Porque no hablamos de lo mismo cuando decimos “poesía”.



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6. La concepción del poema como «erizo», que lleva en su superficie lo incomunicable, suele toparse con el reclamo de más claridad y sencillez, exigiendo algunas certidumbres poéticas para atemperar nuestra perplejidad. De hecho, uno de los señalamientos habituales es que ese tipo de poema “espanta” al lector… ¿Qué presupuestos sobre lo poético y lo político implican posturas semejantes? Y como contraparte, ¿cómo replicar a una posición así, erigida en presunta portavoz de lo popular?

Si la implicación política del erizo-poema es la incomunicación bienvenida sea. La comunicación es para los comunicadores. Si un poema espanta hoy en día todavía hay esperanza. El problema es precisamente que ningún poema espanta. El adormecimiento que da lo previsible necesita de vampiros, días después de mañana, sequías, hambrunas de radical suelo rajado. Hoy la incomunicación es política porque actúa como alternativa a la sobre-comunicación. Seamos contingentes. Esto es hoy, política es hoy. No ayer ni mañana. Hay que decirle -si uno quiere decirle- a esa masa, a ese pueblo que tanto había a principios del siglo XX, a ese movimiento de gente pendular que vela -cuando vela- o reacciona solamente por sus intereses que tiene que aprender a no comunicarse. Tiene que aprender re-individualizarse y no andar por ahí en patota esperando la promesa después de las urnas -o sea, la post-vida, la ultratumba. Indignado es el que renunció a la promesa de la falsa democracia. Eso es lo que interesa. ¿Si uno renuncia en la vida a esa falsa democracia va a pedir verdadera democracia para la existencia en sociedad del poema? ¿Qué locura tan fea es esa? ¿De lo contrario cómo va a distinguir a Bob Dylan de Palito Ortega o del bueno de Joselito?


7. En varios ensayos tuyos has contrapuesto una “lengua del exilio” a un “exilio de la lengua”. ¿Qué supone esa lengua de la que nos exiliamos y qué lugar (más o menos inestable) traza o promete nuestra escritura? En ese desplazamiento, ¿cuáles serían sus fronteras infranqueables, en caso de que existieran?

Esa lengua del exilio de la lengua no existe como lugar, no hay eso, supone una posición y una creación. No hay un lugar en la lengua llamado exilio de la lengua. Hay que crearlo en la escritura. Significa agarrar el lenguaje por los cuernos de la luna que no tiene. Ahí sí no hay fronteras, en la medida en que siga siendo exilio. La condición exiliar -así me gusta decir eso- no se pierde nunca. Es la utopía personal en mi hábitat, lo que yo me comprometo a hacer. De todos modos significa además no intentar crear ninguna lengua del exilio, eso que hablaríamos todos en esa situación. La mayoría de los exiliados intenta regresar a casa. Y no hay reproche de ningún tipo de mi parte. Regresar de noche con los focos prendidos o sin los focos prendidos, recién orillado el barco o desmontado el caballo, con los ojos fijos de plato de la liebre sobre ti o sin sus ojos, los del vecino detrás de la cortina. Sólo que ya no se puede intentar escribir en posición de un exiliado de la lengua. Uno vuelve para volver -valga la redundancia- no para seguir afuera.


8. En tu crítica a la claustrofobia del presente, en una entrevista anterior señalaste que el poema es, precisamente, la instancia que abre la puerta (lo que no significa que los pájaros salgan necesariamente). Una vez más: ¿forjar salidas hacia dónde, en qué dirección, para que no se conviertan en nuevas trampas? En particular, ¿qué poéticas contemporáneas contribuyen a crear esas salidas?

Bueno, ahora hay que aguantar esto: forjar salidas hacia el afuera. Y luego vemos. Porque adentro se muere sofocado. Lamento la falta de garantía. Pero es un problema de integridad. La dirección se ve en la marcha. De nuevo lo del exilio. Cuando uno se exilia muchas veces no tiene la seguridad de la meta -en realidad, sólo transitoriamente se le presenta, en general. Nunca fue lo mismo salir a México que a Noruega -y eso que México estaba muy bien en el 79. O mucho mejor que ahora. Vivimos este mientras tanto que posibilita alguna acción sin saber hasta cuándo ni hacia dónde. En cuanto a las poéticas, vivimos el tiempo de las variables. No sé si una variación mínima puede señalar un rumbo. Aquí la teoría del diminutivo no ayuda mucho. “Una lucecita que nos guíe y devuelva el esplendor”, decía el extraordinario Ezra Pound en traducción de Vázquez Amaral. O apostar por la reversibilidad catastrófica. De cualquier manera es cuestión de tiempo. El capitalismo también es cuestión de tiempo. La eternidad, si existiera, expulsaría al capitalismo asqueada.


9. Puesto que toda producción poética está situada en condiciones sociales e históricas determinadas, ¿qué huellas más o menos reconocibles deja en tu discurso tu estancia prolongada en México? Como contraparte, ¿qué persiste de ese Uruguay del que te exiliaste?

México es la cultura que tiene el mayor componente mítico que conozco en América Latina. En algunas partes se toca con un Brasil que quiero, ese Brasil del sertao de Glauber Rocha y de Joao Guimaraes Rosa, que coexiste con esa otra grandeza que representa -antímitica por cierto- la de los poetas concretos de Sau Paulo, Augusto de Campos, Décio Pignatari, Haroldo de Campos, toda esa herencia que me viene de mi madre brasileña. México practicaba en su cultura una gran coexistencia cultural. Pero faltaba, en los ochenta, práctica crítica. Yo no hacía crítica literaria ni de poesía en Uruguay. Estudié Letras. Empecé por invitación de Octavio Paz a escribir una columna de poesía en Vuelta alrededor de 1987. Ya escribía poesía en Uruguay, tenía tres libros publicados antes de salir a México. En 1991 publiqué un libro, Errar, con el que fui reconocido como poeta, no unánimemente. Tengo el orgullo de no haber sido un éxito en nada. Una de las huellas que en mi discurso se pueden notar es la resonancia de los que me quieren y la resistencia a una buena cantidad de gente que no me quiere y detesta lo que hago. En cuanto a Uruguay, persiste lo esencial. Me siento un uruguayo en México, nunca dejé, salvo en períodos de flotación amorosa, de sentirme uruguayo. Hablando de dignidad, Uruguay para mí es una lección, en cuanto a su sociedad -algo que viene de Artigas- de dignidad y resistencia. La figura de mi padre -que alcanza una dimensión muy particular con su prisión política de 12 años- es una presencia permanente en mi vida, difícil, constitutiva.


10. Para terminar, en una realidad drástica en la que todo parece naufragar, ¿cuál es la tarea más urgente para una poesía que no se conforma con sobrevivir entre los escombros?

Hay que tratar de ser buenos fenicios. No mercantes: navegantes. Navegar, no en internet sólo, no precisamente. Navegar en la conciencia. Crear posibilidades. No todo está cerrado. Hace diez años cuando todo parecía más abierto -en Europa, sobre todo- no sé si no estaba más cerrado. El poder-no de los indignados es una esperanza. Se puede ir todo al demonio. Es posible. Pero insisto en que despertar a un cierto grado de conciencia vuelve imposible soñar el mismo sueño. En todo caso, profundizar en los grados de conciencia. No aceptar la homologación: “Nosotros, los poetas…”, “la poesía, que para nosotros…” ¿nosotros quiénes? Esto no es separar: esto es discernir. Hay una gran confusión en todo esto. La clase dominante no sé si está en riesgo. Pero la clase dominante no discierne entre poesía y poesía.

Entrevista confeccionada y coordinada por Arturo Borra a Eduardo Milán
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miércoles, 28 de septiembre de 2011

EDUARDO MILAN: LENTITUD

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Inventarse otro corazón

con ritmo lento, parece ser la idea.

Este presente será la eternidad

menos la falta, parecería el augurio.

Un corazón con falta puede andar

mucho más lento, con su seguridad

vacía. Las palabras podrían acompañar

como muletas la falta del corazón,

el gran faltado. El corazón, no yo,

es el faltado. Y las palabras sin corazón.


Es El faltado.

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.Eduardo Milán
Razón de amor, acto de fe
(Visor, 2001)

miércoles, 11 de mayo de 2011

MIGUEL ÁNGEL CURIEL: POESIA Y LIBERTAD

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Al hablar durante unos días y luego seguir con-versando con Miguel Ángel Curiel sobre la poesía y el mundo, sobre la cultura y los conflictos del ser humano, individuo, agente social, observador y actor de la historia y la intrahistoria, desde intimidad y desde su relación con la polis (ser político) surgieron temores, iras, pasiones, razón e irracionalidad, claridad y umbría, conciencia y desnudez, miedo y libertad en torno a lo que da de sí la palabra, a lo que se expone y por lo que se justifica, entre tanto ruido y tanto silencio, la palabra dada. Una palabra que no dé la espalda al mundo.
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Me llegó entonces esto, que comparto, fragmentado y descontextualizado, pero que es sustantiva respuesta a mi gran interrogante y caudal dilema como lector y poeta:
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¿Por dónde pasa la poesía?
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¿o debería decir siguiendo a Laura Giordani, la poe-diversidad?
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Ya nos advierte Eduardo Milan, como punto de partida, en su Ensayo sobre la poesía:
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Esto es lo moderno: todos los caminos.

No sé porque, pero creo que este debate, esta cosa que pica donde rascar es difícil, pica y mucho. Pica hasta hacer sangre. Y pica a muchas y muchos. ¿sabremos rascarnos donde pica y rascarnos bien?
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.../...
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Víktor Gómez







(Afganistan, 2011)
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UNA POESIA EN LIBERTAD

He querido que estas palabras fueran más transparentes que de costumbre, que no las vierais ni si quiera en el papel, sino en la voz que siempre intenta dejarlas allí arriba para que caigan despacio sobre el agua. Quería hablar de una poesía que no rescindiera su misión de discurso moral y ético, y de espacio de autentica libertad. Aves y hombres juntos volando. Y oigo el eco de los agoreros, el eco de los falsarios, y veo el monopolio, la dictadura de lo blando, de lo que nos falta a la inteligencia, de lo amarillo, la etiqueta burda, y leo la poesía blanda e imbécil de nuestros tiempos. Blanda, esa es la palabra que produce en la boca asco. He querido que estas palabras arrastren a otras. He dicho simplemente no a la poesía de la experiencia porque en verdad carece de experiencia. Yo tengo experiencia de vida y de muerte y mi poesía, o mi reino de palabras transparentes radica en eso, en mi experiencia verdadera, y no en una experiencia falsaria, en una construcción literaria, en una filología vacía. Necesito para esto que mis palabras entablen conmigo una relación esencial, una relación pura, y a veces será clara y otras oscura, será lo que ella quiera ser. Y necesito encontrar mi lengua para esto, mis palabras en la ceniza de mis palabras. Es así que manifiesto una necesidad ahora de una poesía en libertad, una poesía que no ataje, que se encuentre en el centro del lenguaje y no en el de la filología. Una poesía que no sea secuestrada. Voces a media altura, y aves y hombre volando a media altura en la luz. Sumaros a estas palabras y no tengáis miedo.

Miguel Ángel Curiel