domingo, 2 de marzo de 2008

ARTURO BORRA: Revuelta ahogada (de una mujer pastún)


Titulo: EL SUICIDIO Y EL CANTO

Tema: Poesía

Isbn: 84-87198-79-1

Autor: Sayd Bahodín Majruh

Editorial: Ed. Oriente y Mediterráneo

Lugar de Publicacion: Madrid

Fecha de Publicacion: 2002

Formato: Rústica

Paginas: 125

Dimension: 21x13cm

Peso: 170g

Precio €: 7.00


Descripcion: Poesía popular de las mujeres pastún de Afganistán. En los valles afganos y en los campos de refugiados de Paquistán, las mujeres pastún improvisan cantos de gran intensidad y fulgurante violencia: los "landays" (breves). Esta forma poética limitada a dos versos crea una instantánea de emoción, apenas un grito, un furor, una puñalada en el pecho. Estos poemas, dotados de un marcado ritmo interno, hablan de amor, honor y muerte, y, valiéndose de estos temas, de rebeldía siempre. Sin duda, nunca un canto tan breve reveló tanto de la inhumana condición de la mujer y de la opresión que la reduce al estado de objeto doméstico y la somete al código pueril de los hombres. Privada de libertad y vejada en sus deseos y su cuerpo, a la mujer pastún no le queda otra salida posible que el suicidio o el canto....





Con Arturo Borra y Laura Giordani comparto algunas lecturas, algunas vivencias, afinidades, miradas y una imposible punzada que se abre con los acontecimientos brutales en el presente, en el mundo, en nuestra receptividad temblorosa y airada. En el 2006/07 leímos por separado "El canto y el suicidio" poesía oral de las mujeres pastún, conocidos como landays. De esa herida se hizo un río de versos y revueltas palabras ordenadas en el poema "Revuelta ahogada (de una mujer pastún)" de Arturo Borra y que ya me conmovió hace un año. Hoy su relectura pide aflorar en tierra de nadie, ante las miradas de muchos. ¡Qué tristemente actuales son estos versos del año pasado!

Víktor Gómez






Revuelta ahogada (de una mujer pastún)


-I-

Ahogaré esta revuelta
de esclava: las montañas atestiguan el camino
que me veda. Soy oprobio para la Ley
que prohíbe mis pasos, la laceración
de una vida sin rostro.

Sólo un canto contenido me sobrevive.


-II-

El veneno y el ahogo
rescatan el pulso repudiado. Otros
nombrarán mi muerte: evasiva, suicidio, puja
contra la suerte echada antes de nacer.

Cuando parta, no seré yo quien hable:
“¡Oh, Dios mío!, me envías de nuevo la noche oscura.
Y de nuevo tiemblo de la cabeza a los pies, pues debo entrar en el lecho que odio”[1].





[1] Citado en Majruh, Sayd Bahodín, El suicidio y el canto, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 2002, p. 20. Los landays que el libro recoge pertenecen a mujeres anónimas de Afganistán.















-III-

No puedes enseñarme las arrugas de la noche:
cada mañana mi piel padece el estigma.

Si no me es lícito amar, ¿qué otra moneda acuñaré
que no sea este furor de lecho forzado, la repetida
leyenda de los clanes que me aplastaron desde siempre?

Guardaré el recuerdo para quien no debe estrecharme,
y será olvido la rutina de morder las sábanas.






-IV-

No busques vestigios de dulzura: todo azúcar
se disolvió en la boca de mi amo.
¿Qué estrépito me resta como no sea la desnudez,
celebrar mi carne, el temblor
de un abrazo sin testigos que me esperanza
quebrando las tablas del catre al que me encadenaron?

No iré en silencio: habrá un último bullicio
que desafíe los escombros echados sobre los landays.

Desde esa tierra sola podré gritar el desierto
cayendo sobre mis horas.








-V-

Mi cuerpo es todo lo que tengo: continente sumergido,
surco horadado que aguarda la simiente. No me salves
más que la respiración; mi corazón es ruina
en la lentitud del abandono;
Kandahar es mi prisión, recuerda, Kandahar
-soledad de la nieve, aridez, miel imposible, arrebato
de oscuridad que se derrama sobre una mujer pastún-:
Kandahar, lapidación de las estrellas, tumba de mí,
amor en el destierro
que cifra este código del sacrificio.

No albergo la más mínima ilusión: volveré al polvo, seré hierba,
fuego, agua que apaga este puñado de añoranzas
tan inconclusas, ocultas tras la maleza que me creció en los senos
dormidos, habituados al cerrojo, sin más testamento que el terrible dios
de la crueldad que nos manda.












-VI-

Ah, pena de hambre,
hambre de goce, de ser recorrida alguna tarde
antes que caiga el remordimiento o la piedra.

No me hables del alma –soy este montículo al viento,
una hendidura hambrienta
que se rebela ante la ausencia.

Ni siquiera este incendio te pertenece.


Arturo Borra

15 comentarios:

Ana María Espinosa dijo...

Artura:

Es un tema demoledor, increiblemente real en el siglo que corre, pero en otra sociedad que parece estancada, la de tantas mujeres, aún, en distintos lugares del mundo. Sería necesario
un profundo cambio liberador.
Tus poemas también son impresionantes, me han llevado
al alma de estas mujeres a través de tu voz.
Este libro "El suicidio y el canto"
debe ser estremecedor.
Son unos poemas impactantes Arturo.

Un fuerte abrazo.

Viktor Gómez dijo...

Nada que envidiar el magnífico libro de la poesía oral de las mujeres pastún a la relectura y creación poética de Arturo y su revuelta silenciosa.

Conforme vuelvo a sus versos, crezco:


"No busques vestigios de dulzura: todo azúcar
se disolvió en la boca de mi amo.

¿Qué estrépito me resta como no sea la desnudez,
celebrar mi carne, el temblor
de un abrazo sin testigos que me esperanza
quebrando las tablas del catre al que me encadenaron?"


Gracias por tu rauda visita, Ana

Buenas noches, vuelve al cine, que salí con los interminables anuncios


Tu Víktor

Anónimo dijo...

Este extenso poema de Arturo Borra deja a la luz una realidad estremecedora. Es muy potente y apetece leer el libro que reseñais.

Creo que ya había leído algo de este poeta en su blog.

Kioto

Viktor Gómez dijo...

Kioto:

Su blog recoje con esmero y calidad voces inconfundibles y rigurosamente actuales.

Arturo tiene una escritura difícil y maravillosamente sorprendente. Con las relecturas se abre y muestra caminos y lares necesarios.

Un abrazote,

Viktor

Arturo Borra dijo...

Querida Ana, mil gracias por tu comentario. Realmente, es un tema demoledor. Me dejó conmovido, tras el regalo que me hizo Víktor del libro de landays afganos.
Desde luego, ese caso es extremo, pero el (hetero)sexismo es también omnipresente en Occidente, a pesar de las nobles conquistas de las feministas. Hay mucho trabajo por hacer y desde ya que la liberación femenina sólo puede suceder si se destituyen los amos internos, aquellos que están impidiendo su goce.
De mis poemas, ¿qué decir? Te agradezco tu generosidad. Y si impactan un poco, entonces, quizás ayuden algo a desmontar algo de las estructuras simbólicas sobre las que se sostiene ese machismo lamentable.
Te mando un fuerte abrazo,
Arturo

Arturo Borra dijo...

Viktor: "Revuelta silenciosa"... decís. Nada mejor para referirse a estas mujeres que en su escritura gestan lo que la comunicación diaria les impide: las trazas de una rebelión.
Y lo que las distingue ya no será el canto: es su testimonio desgarrador, ante lo ominoso de su condición de esclavas.
Mi lectura de ese dolor que se elabora en el decir es apenas un gesto, quizás preciso, pero absolutamente insuficiente. Valga pues como forma de dar algo de luz a una realidad actual, que excede la geografía afgana.
Gracias otra vez por tu tarea encomiable de construir los puentes imprescindibles del diálogo.
Un abrazo enorme,
Arturo

Anónimo dijo...

potente potente...

después de leeros me asusta pensar cuánto me queda por aprender, y peor todavía, por ver, sentir, vivir...

joder. no se me ocurre nada mejor.

un beso con admiración hacia Arturo, Laura y, sobre todo últimamente, hacia Víktor.

lu.

Viktor Gómez dijo...

Arturo:

¡Qué fácil y extrañamente entrañable me ha resultado siempre conversar contigo!

Tienes mesura, contención y delicadeza para hablar sin resultar pedante y a su vez bombardear con tantas ideas, matices, aristas, huecos y alcances que apabullas (aunque disimule y aguante el tirón en nuestras afectivas y efectivas conversaciones). Pero más allá de lo humanizador y rico que resulta compartir contigo lecturas y preocupaciones, en tu poesía es donde me quedo parado, inmóvil, cautivo. Dice tanto más que la mejor y más sesuda de tus complementarios estudios, prosas y ensayos, a los que no renuncio.

La poesía oral de las mujeres pastún nos facilitó un puente entre tu experiencia personal de la escritura comprometida y la incipiente sensibilidad translectora que iba yo desarrollando.

Ejercicios en los que aún estamos y si la vida nos dá cuerda estaremos, compañero del alma, compañero.

Un abrazote

Tu viktor

Viktor Gómez dijo...

LU:

Graciaaaaas, compi. Tu briosa lectura y respuesta se agradece, nos vincula. Y el beset multiplicado lo acogemos con empatía.
Vale, pero un cafetito o una cervecita tampoco iría mal.

A ver si podemos vernos todos prontito.

Buena semana,

Tu Viktor

Ana María Espinosa dijo...

Arturo:

Impactan "un mucho" tus poemas
y lo hacen porque conocen el lugar
de donde vienen y a donde van
y caminan tremendos por la belleza
y la justicia.
La palabra es instrumento
en lugar de arma, porque arma,
alude guerra y ésto
no es una guerra, es una educación
como bien dices, de los amos interiores y hay que hacerlo
desde la infancia, después desde
el daño: las curas.
Tengo la impresión que somos una
voz propagando necesidad de justicia. Voz desnuda, desinteresada, suficiente,
potente. Hemos de estar unidos.
Corto, estoy soñando.

Arturo Borra dijo...

Anónimo: difícil no estremecerse ante esta realidad de muchas mujeres. Difícil, pero en realidad, generalizado: cada día constatamos que hay cientos de millones que les importa absolutamente nada el dolor de millones de mujeres y hombres de otros hemisferios.
Pese a todo, vale la pena luchar por que ese estremecimiento pueda extenderse, como modo de participar en la reinvención de nuestro mundo.
Muchas gracias por pasar y un saludo,
Arturo

Este extenso poema de Arturo Borra deja a la luz una realidad estremecedora. Es muy potente y apetece leer el libro que reseñais.

Creo que ya había leído algo de este poeta en su blog.

Kioto

Arturo Borra dijo...

Gracias Lu por pasar por estos versos. Y no te asustes, eso sí, de lo que resta, de lo que nos queda a todos: ese aprendizaje es interminable; cuando lo interpretamos así, a pesar del deseo de saber, terminamos comprendiendo que es ahí donde radica el sentido de la búsqueda. Si fuéramos omniscientes no habría aventura posible.

Gracias otra vez y un fuerte abrazo,
Arturo

Arturo Borra dijo...

Viktor, ya sabés que nuestros diálogos no acaban y en esa inconclusión quizás esté su belleza. Fluir entonces: la facilidad es sintonía y no me queda más que agradecer otra vez tu inventario de virtudes que, más bien, son las tuyas propias.
En cuanto a la importancia relativo de lo poético y lo teórico, en fin, asumo tu lectura y quizás deba aclarar que para mí lo teórico más que ayudarme a poetizar (que también), es una forma de intentar comprender lo que hago. Admito que escribo a oscuras...(y no lo digo desde un esnobismo tonto sino desde una experiencia repetida: escribir sin saber bien hacia dónde va uno).
Y de los landays, lo sabés bien, me enteré por vos, por ese libro-puente que ayuda a que estemos inventando cada día esta amistad.
Un fuerte abrazo,
Arturo

Arturo Borra dijo...

Viktor, ya sabés que nuestros diálogos no acaban y en esa inconclusión quizás esté su belleza. Fluir entonces: la facilidad es sintonía y no me queda más que agradecer otra vez tu inventario de virtudes que, más bien, son las tuyas propias.
En cuanto a la importancia relativo de lo poético y lo teórico, en fin, asumo tu lectura y quizás deba aclarar que para mí lo teórico más que ayudarme a poetizar (que también), es una forma de intentar comprender lo que hago. Admito que escribo a oscuras...(y no lo digo desde un esnobismo tonto sino desde una experiencia repetida: escribir sin saber bien hacia dónde va uno).
Y de los landays, lo sabés bien, me enteré por vos, por ese libro-puente que ayuda a que estemos inventando cada día esta amistad.
Un fuerte abrazo,
Arturo

Arturo Borra dijo...

Ana: otra vez, gracias por estar ahí. Y de ese impacto, uno sueña con ahondar en un modo de poetizar que no sea indiferente al dolor del mundo -ese que habitamos y nos habita.
Hay una demanda de justicia, desde luego: un reclamo para que las palabras dejen de ser armas y el encuentro guerra.
Me alegra que sigas soñando.
Un fuerte abrazo,
Arturo

PD: como te había anticipado, agregué tu link a mi blog. Ahora me tenés que enviar unos haikus tuyos. Los que Laura colgó me gustaron mucho.