sábado, 14 de abril de 2012

LO SOLO DEL ANIMAL de OLVIDO GARCÍA VALDÉS



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Articular en pinceladas la condición humana, su animalidad sensitiva, su cultural transformación, llegar al meollo de lo carnal, como territorio en el que se define lo ético, lo sustancial, verter desde una mirada honda y reflexiva lo importancia de lo cotidiano en la presencia y resolución del ser persona, dejar que los poemas, verdades en sí mismos, nos interroguen sobre el cómo actuamos, sentimos, pensamos, descubrir en el lector el más firme y necesario agente del libro LO SOLO DEL ANIMAL así como tener la conciencia de ese diálogo que inicia el último poemario de Olvido García Valdés sólo tiene ahora una primerísima observación de gratititud. Y a partir de ahí, leer y conversar.   
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Víktor Gómez
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se orienta el animal por el peligro, al
mundo se le arroja y todo oye, viva en
carne la atención
se llama
verderón al que es verde amarillento
como la joven higuera soleada




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… porque fíjate: son ingrávidos
Y nosotros ahora empezamos.  
                               Virgilio Piñera

protégenos cicuta
farolillos aéreos encandilen
el trago no tragable
amarillos y leves adormezcan
la vida siquiera
extemporánea volver



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la sombra de un animal en la fachada
de la casa de enfrente, el sol a sus
espaldas, erizado sería si no fuera
sucio e hirsuto, animal de terraza
y tejado, animal de exterior, y frío
el maullido al encenderse
arriba clara la
luz de la cocina





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por el corredor va el mirlo entre dos alas
a recogerse, ni nido ni canto en el
ciprés, aún noches largas
y amanecer adormecido

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En la cafetería de unos grandes almacenes, más

allá, casi enfrente, dos hombres. En la mesa

contigua a la suya, dos mujeres de leves

rasgos orientales se disponen a irse, parecen

madre e hija. Los dos dirigen

al unísono la vista a sus traseros, casi

al alcance de la mano. Su mirada, los

gestos, las risotadas apenas contenidas

traducen inaudibles la lubricidad de las

palabras. Ajenas ellas, continúan

una conversación que al pasar a mi lado

escucho en lengua inglesa. Los ojos

de los hombres han seguido el trayecto fijos

en el mismo punto. No es seguro que a esto

Freud lo llamara fase anal y me pregunto

cómo afecta a las mujeres la escena, si sabemos

al verla el lugar que ocupamos; nadie

al parecer alrededor observa nada. ¿Cómo

pueden, pregunto tras hacer el relato, cómo pueden

hablar así entre si? –Tal vez por la costumbre

porque así lo han expresado y compartido

desde chicos–. Ellos también, al volver sus

mujeres y una niña del baño, se levantan y salen.
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LO SOLO DEL ANIMAL (Tusquets, 2012)
De OLVIDO GARCÍA VALDÉS

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