martes, 17 de julio de 2007

ADA SALAS: LA SUFICIENTE PALABRA EN LO ABIERTO

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Como brota la sangre.
Mineral en su impulso
de sumarse a la tierra.
Como se quema un cuerpo
en su caída.
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Con palabras que mueran.


*
*

Vuelve
la tarde.
Abierta y pertinaz
como este viento
bate
el frágil andamiaje de las ramas.
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Bajo toda la luz
dónde a salvo de su fiera intemperie.
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Porque todo caduca.
Porque llega la noche y apaga
lo que quema
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levantemos un cuerpo
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en esta soledad.


*
*

También llega el olvido.
Sabe que a toda plenitud
sigue su ruina
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y a pesar del cansancio
llega

y abre una herida limpia
para que entre la muerte.-



Con Ada Salas siempre encuentro lo suficiente. Y quedo convocado a lo abierto. Y quedo en la frontera de mi ciego espacio y soy lugar sin lugar, afanado, ávido, derrotado hombre sin desesperanza.
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Un gran orgullo leer a esta poeta.

V. G.

lunes, 16 de julio de 2007

CARLOS PIERA









Estos son dos poemas de Carlos Piera con especial significación para los Trece Trenes.El primero, "Bolero de la inconmensurabilidad de casi todo (Barcelona)", es un punto de encuentro para nosotros, un poema que a todos nos entusiasma. El segundo, "Sentadito en su tejado", fue el primer pasajero de 13trenes. Es, además, un poema precioso. Ahora los compartimos con vosotros...


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BOLERO DE LA INCONMENSURABILIDAD DE CASI TODO

(Barcelona)


Yo que tuve la suerte de mirarte

si buscara palabras

(un humo en torno tuyo con sus curvas azules)

negaría tus ojos. Va a quedarme,

por no querer ser parte del paisaje del humo

(pero eres tú, y es el alcohol remoto de la noche),

saber esa mirada resignada como

la de quien da una flor y no haber nada,

no tener nada donde no hay amor.

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De Carlos Piera (Madrid, 1942).

En “Antología para un papagayo”

(Madrid, Hiperión, 1985).


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SENTADITO EN SU TEJADO


Vendrá un tiempo también en que la gata Nora

sea vieja y se canse y esté siempre dormida.

Si no me he muerto, entonces seguiré como ahora

calentando la leche mientras ella me mira

o hace sus oraciones, como yo en torno al cazo,

en el suelo de la cocina.

La Europa protestante tiene gatos señores

que crecen, y envejecen, y así sigue la vida.

Así siguen, con suerte, los cuartos interiores

que no tienen salida.

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De Carlos Piera (Madrid, 1942).Inédito en libro.

DESDE LO AMERICANO, EL ENIGMA: BORGES, RUBEN DARIO, TOMAS SEGOVIA, MURILO MENDES

Mi callejero no hacer nada vive y se suelta por la
variedad de la noche.
La noche es una fiesta larga y sola.
En mi secreto corazón yo me justifico y ensalzo:
He atestiguado el mundo; he confesado la rareza del mundo.
He cantado lo eterno: la clara luna volvedora y las
mejillas que apetece el amor…
He sido y soy…
Aún están a mi lado, sin embargo, las calles y la luna.
El agua sigue siendo dulce en mi boca y las estrofas
no me niegan su gracia.
Siento el pavor de la belleza; ¿quién se atreverá
a condenarme si esta gran luna de mi soledad me perdona?
(Jorge Luis Borges ).








Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas.
Esta penumbra es lenta y me duele…
Mis amigos no tienen cara,
las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,
las esquinas pueden ser otras,
no hay letras en las páginas de los libros….
Esos caminos fueron ecos y pasos,
mujeres, hombres, agonías, resurrecciones,
días y noches,
entresueños y sueños, cada infinito instante del ayer
y de los ayeres del mundo…
Emerson y la nieve y tantas cosas.
Ahora puedo olvidarlas. Llego a mi centro,
a mi álgebra y mi clave,
a mi espejo.
Pronto sabré quién soy.

(Jorge Luis Borges )




Quirón:

Por suma ley un día llegará el himeneo
que el soñador aguarda: Cenis será Ceneo;
claro será el origen del femenino arcano:
la Esfinge tal secreto dirá a su soberano.
(Coloquio de los Centauros)
Rubén Darío







Aforismo enigmáticos y no de Murilo Mendes
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Sólo no existe lo que no puede ser imaginado.
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La naturaleza es muy surrealista.
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La vulgaridad al alcance de todos; he ahí la fórmula de la civilización norteamericana.
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El amor burgués es la organización de la imprudencia.
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El hombre es un ser eminentemente teatral.
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La moral es la filosofía del instinto de conservación.
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El poeta es el hombre que da; el rico es el hombre que toma.
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Murilo Mendes. Poeta brasileño nacido en Juíz de Fóra (Minas Gerais) en 1901, y muerto en Lisboa en 1975. Su extensa obra poética, que lo sitúa entre los nombres más relevantes de la literatura brasileña, está compuesta por los siguientes títulos: Poemas (1930), História do Brasil (1932), Tempo e Eternidade (1935, en colaboración con Jorge de Lima), A poesia em pânico (1938), O visionário (1941), As metamorfoses (1944), Mundo enigma e os 4 elementos (1945), Poesia liberdade (1947), Janela do caos (1949), Contemplação de Ouro Preto (1954), Poesias (1925-1955) (1959), Siciliana (1959), Tempo espanhol (1959), Convergência (1970), Poliedro (1972); y O menino expermiental, (1979) y Janelas verdes (1989), aparecidos postumamente. Publicó, también, numerosos artículos sobre artes plásticas y literatura.
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Lamento del poeta actual

Me dieron un cuerpo, sólo uno
Para soportar callado
Tantas almas desunidas
Que chocan unas con otras
De tan variadas edades;
Una nació mucho antes
De que yo apareciera en el mundo,
Otra nació con este cuerpo,
Otra está naciendo ahora,
Hay otras, ya ni sé bien,
Son mis hijas naturales,
Deliran dentro de mí.
Quieren cambiar de lugar,
Cada una quiere una cosa,
Ya no tengo más sosiego.
Oh Dios, si existes, junta
mis almas desencontradas.
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De O visionário (1941)Trad. Rodolfo Mata


viernes, 13 de julio de 2007

RESPUESTA A UN POEMA, UN POR QUÉ DE EDUARDO MILAN


Porque presientes
ese lugar confluyente
ese vértice sólido
ese punto donde
quieres ser
parte de ese abismo,
o sea
fuera de ti
o sea
en mí.
Enciendo lámparas en un pozo;
deslumbran
se expanden
flotan,
reverberan en la piedra
en el musgo de tus ojos.
En ese momento
nos miramos
pero llega la noche
enterrando soles
ocultándonos de sombras.

Ana María Espinosa.



¿Por qué amo tu locura,
tu desparpajo, tu falta
de reloj y tus atajos
cuando estoy prácticamente a punto
de caer de cabeza en el abismo?
O sea en ti. Pero no sólo
eso: hay mucho más de ti que quiero
y no revelo. Esa lámpara
que enciendes en el fondo.


Eduardo Milan.




Palabras para Elena Escribano

PALABRAS PARA ELENA ESCRIBANO EN LA PRESENTACION DEL LIBRO "REINCIDENCIAS

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Cuando conocí a Elena Escribano, hace ya algunos años, tuve la impresión primera de que me había topado con un caudal, con una persona caudalosa que transportaba un volumen de gestos y palabras sumamente expresivos, casi apabullantes para un tímido como yo. Soy un pésimo nadador en aguas reales; todavía más pésimo si se trata de aguas fluyentes. Y como me manejo con parecidas carencias en las aguas simbólicas de la conversación, enseguida imaginé los apuros en que me vería, braceando torpemente para mantenerme con dignidad y educación a flote.
Pero debo confesar que me bastaron unos minutos para percatarme de que aquel caudal de comunicación que se me venía encima contenía una sustancia desaceleradora y tranquilizante: ideas. Y, además, ideas claras, bien musculadas por si fuera poco, sobre la poesía y su difusión. En torno a lo primero intercambiamos impresiones, juicios y nombres, y no nos resultó difícil ponernos de acuerdo. Sin embargo, sobre lo segundo, el peliagudo asunto de la difusión del género literario minoritario por antonomasia, he de admitir que no pudo haber intercambio ni consenso, sino más bien un manso, admirado asentimiento por mi parte. Supe entonces que estaba ante una mente y una voluntad inusuales, empeñadas ambas en la búsqueda de beneficios para la poesía.
Desde este punto de vista, Elena Escribano es –además de en el sentido moral en que todos lo somos- una de las personas más necesarias que conozco. La considero, de hecho, la defensora número uno de la poesía, la más dispuesta y eficaz activista en favor de los versos.
Todos estamos al tanto de sus actividades y de sus logros, no hace falta enumerarlos ahora. Baste decir que Elena proyecta, negocia, desarrolla, publicita, tutela... Con ella, la poesía en Valencia –en las dos lenguas- ha conocido, o mejor, está conociendo un periodo extrañamente sostenido de ocasiones para que se produzcan talleres, lecturas, publicaciones, congresos, presentaciones y no sé cuántas cosas más en las que la poesía y los poetas son protagonistas exclusivos. Y todo esto con un más que razonable público, circunstancia que sin duda representa la prueba inapelable de su éxito.






A esta mujer-río, con el tiempo, he tenido oportunidad de tratarla y observarla desde la cercanía de la amistad. Puedo decir ahora que el torrente de su carácter no sólo posee tramos rectos con gran poder de arrastre, también traza curvas donde su caudal no espumea, y meandros cariñosos y calmos donde sus aguas limpias reposan para dejar sitio al reflejo.
En esos momentos he visto en Elena a una persona de sensibilidad y coraje. De este último –sabido es- ha echado mano, según un comportamiento admirable, cuando la salud le ha puesto zancadillas. En cuanto a la sensibilidad, que la segrega y que la emplea lo demuestra con creces en lo humano y, por supuesto, en esa señalada capacidad suya de transmisión de amor empírico por la poesía, lo mismo en el trabajo que lleva a cabo en la Universidad Politécnica como en la selva de la ESO, en cuyo interior se adentra sin miedo.
No puede extrañar, por tanto, que Elena Escribano volcara también su sensibilidad en la escritura. Los enamorados de la poesía terminan contactando de un modo más físico con el objeto de su desvelo: crean la carne de los versos propios. Y no puede negarse que este acercamiento de Elena a la producción poética ha dado un primer fruto magnífico: Reincidencias, libro que ha sido reconocido y premiado por un jurado de lujo, desde el primero hasta el último de sus miembros.
Quizá no sea este el lugar más adecuado, pero permítanme que haga un poco de teoría. A mi entender, la poesía puede ser dividida, según su contenido, en dos clases muy amplias y generales, que sólo voy a describir superficialmente, dejando para mejor ocasión cuantas matizaciones exigen. Estos dos territorios son, por un lado, la poesía entendida como lenguaje del acontecer vital, en la que la vida se decanta en palabra poética, y, por otro, la poesía entendida como acontecimiento del lenguaje, en la que la palabra poética aspira a crear ella sola algo vivo.











Pues bien, Reincidencias se adscribe con toda nitidez a la primera gran familia. Elena transita el suelo de las vivencias efectivas, y las traslada luego al poema con el propósito de que en sus versos lo vivido sea pronunciado, se traduzca y cobre acentos que lo iluminen o le den el contorno literario encargado de dotar a la experiencia privada de un valor estético, público. Reincidencias cuenta un episodio biográfico concreto. Y digo bien cuando digo que cuenta, pues el libro se organiza narrativamente, cuenta una historia, una historia de amor.
Se inicia con una reflexión acerca de lo imprevisto –o acaso lo intempestivo- del despertar amoroso en según qué etapas de la vida, es decir, comienza meditando sobre el deseo que en algún momento es llamado “inoportuno”. A continuación, la narración toma como nudo la fase en que la relación amorosa ha declinado después de su eclosión inesperada. El recuerdo y la consideración analítica de los sentimientos, así como de escenas clave de la historia, van configurando toda la segunda sección. “Cuando amas –se nos dice- caen una a una / todas las paredes de tu casa”. Hay una retrospectiva de ese derrumbe, y un acta que enumera dudas, desencantos y una provisional reconstrucción de la casa caída.
Provisional, sí, porque la tercera sección, que da título al conjunto, narra el regreso del amor, renacido en su posibilidad, reincidente. Pero su triunfo demandaría una suerte de viaje hasta un infierno particular con el objetivo de ayudar al otro a salir de él. Los poemas de esta parte muestran ese viaje que recuerda al viejo mito griego, sólo que en esta ocasión Eurídice hace de Orfeo. Cambian los papeles pero no el final. La derrota –y así se titula la parte última- llega y en este caso le toca a Eurídice volver sola, levantar otra vez las paredes caídas de la casa.
De este repaso esquemático que acabo de hacer de Reincidencias tal vez pudiera deducirse que su tono es amargo. No lo es en absoluto. Yo encuentro, por el contrario, un decir que se emite desde una cierta distancia, la conseguida después de someter a la inmediatez sin disfraz de lo sentido a una contención que se impregna de sentimiento diáfano y al mismo tiempo de ironía, de lucidez y de inequívoca decisión de vivir.
El verso de Elena Escribano es directo y claro. Percibo en él la sabia digestión de los clásicos españoles, y la de poetas más recientes del amplio espectro que representarían, por ejemplo, Jaime Gil de Biedma o Ángel González.






Se asegura en un lugar de este libro que el corazón funciona haciendo trampas. Será el corazón, porque la poesía de Elena enseña sus cartas sin dobleces ni trucos. Es palabra para el sentimiento, trabajada, libre de retóricas inútiles.
A esta mujer caudalosa hay que escucharla, en lo que dice y en lo que escribe. Quienes la conocemos sabemos que comunica con inteligencia y emoción dos pasiones valiosas: la que manifiesta por la poesía, la que muestra por la vida. Me callo y la escuchamos. Muchas gracias.

Antonio Cabrera
Casa del Llibre, Valencia, 15 Mayo 2007

jueves, 12 de julio de 2007

ANTONIO CABRERA la poesía de la amistad y el decir más natural de lo inefable


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MONEDA DE NIEVE





a José Luis Parra y Susana Benet





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Tras una inesperada raya negra


de sombra,


el ambicioso verde de la umbría


detuvo el sol de enero.


La senda se abrió paso


entre unos alcornoques.


Bajo su protección,


humilde perduraba un cúmulo


de nieve,


-------------------- una moneda


cuyo reverso


estaba helando el corazón del musgo


y apresaba hojarasca


para hacerla morir de nueva inútil muerte.


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Me aparte del camino


y fuí a dejar sobre su anverso


mi huella voluntaria,


dibujo sin propósito,


juego tan simple,


acuñación sin más valor


que el de un rastro fingido.





Qué casual, y sin embargo,


qué destinada compañía


la de mi huella


y las cautivas


--------------- e íntimas


cosas muertas

AIRE SIN


Todo el futuro

aislado

pretende ser un ideal.

Pero en su

dejarse venir,

en el devenir involuntario

ese afán

de casi llegar,

este espejismo en la desierta

lentitud

del día soleado e implacable

anuncia

lo nunca dicho:


"somos aire, estamos de paso,

en la indócil exigüidad

de la sed somos augurada

agua bajo la roca de los silencios.
-
Mediodía. Liquida línea
-
del horizonte.
-
A mitad de un lugar.
-
Se siente el mundo licuarse.
-
Queremos llegar

y no llegaremos. Habiendo

llegado solos

nadie sabrá

que somos aire sin nombre,

sin bandera, sin rostro".
Viktor Gómez