martes, 16 de octubre de 2007

KEN SARO WIVA (II): El poeta ecologista

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Si vivo o muero es intrascendente. Es suficiente saber que existe gente que compromete su tiempo, dinero y energía para luchar en contra de este diablo, entre tantos otros que abundan en el mundo. Si ellos no tienen éxito hoy, lo tendrán mañana. Debemos mantenernos en la lucha para hacer del mundo un mejor lugar para toda la humanidad —cada uno contribuyendo con un pedacito, a su manera" escribió en prisión Ken Saro-Wiwa.




KEN SARO-WIWA (I): El poeta nigeriano que se resistió Poder del oro negro

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Sentencia: la horca. Nombre y edad: Ken Saro-Wiwa, 56 años. Historial: candidato al Nobel de la Paz, profesor en la Universidad de Ibadan, ex ministro de Educación y celebrado escritor.





Nadie hubiera creído que con estos antecedentes el poeta nigeriano Ken Saro-Wiwa acabaría ejecutado en un remoto penal de su país. Pero a pocos se les escapaba que su destino estaba sellado desde que decidió enfrentarse a una fatal asociación: la de una de las corporaciones más poderosas del mundo, la compañía anglo-holandesa Shell, con una de las dictaduras más brutales de Africa, la encabezada por el General Sani Abacha.


De todos los acusados que han sido arrastrados ante los tribunales marioneta del dictador Abacha, pocos han irritado tanto al régimen como Saro-Wiwa. El escritor no estaba en posición de fraguar golpes de Estado o de convocar huelgas nacionales. Su radio de acción se limitaba a un punto pequeño en el mapa de Nigeria, Ogonilandia, una región que acoge a 500.000 personas en el Delta del Níger.


Desde 1990, las diversas comunidades del Delta -seis millones de personas agrupadas en 20 etnias distintas-, han protestado contra la explotación de su tierra a manos de las compañías petrolíferas, en particular de la Shell, que extrae la mitad del crudo que genera el país. El Gobierno nigeriano se beneficia de la otra mitad, que proporciona al régimen del general Abacha el 80% de sus ingresos a través del Consorcio Nacional del Petróleo de Nigeria.


Pero 35 años de esta explotación conjunta han modificado el exuberante paisaje que circunda al Río Níger. Ahora las emanaciones de gas queman el aire, el sulfuro ha manchado el agua de los lagos, los caminos han quedado bloqueados por las tuberías, los pozos de agua potable están emponzoñados. Los empobrecidos habitantes del Delta se manifestaron pidiendo la autodeterminación y recibieron disparos. Protagonizaron huelgas contra las compañías petrolíferas y fueron detenidos. Organizaron protestas en casa, y vieron crecer su miseria.


Hace dos años, bajo la inspiración del Movimiento por la Supervivencia del Pueblo Ogoni (Mosop), fundado por Saro-Wiwa, 300.000 ogonis se concentraron portando hojas de palma para clamar contra la devastación de su tierra y por la explotación sin contrapartida de su subsuelo en una región que sobrevive sin agua corriente, electricidad o carreteras, y donde hay un médico por cada 70.000 habitantes.


«No necesitamos pistolas -dijo entonces Saro-Wiwa-, debemos utilizar la cabeza». Las únicas armas que han centelleado en Ogonilandia pertenecen a las Fuerzas de seguridad nigerianas, que incitadas por la alarma de la compañía Shell, quisieron silenciar lo que amenazaba con convertirse en una guerra ecológica. Dos mil ogonis fueron asesinados y 80.000 quedaron desplazados de sus comunidades.



Su protesta, además de evocar el fantasma del separatismo en un país habitado por 250 etnias, tocó el talón de Aquiles de los militares: el crudo, su preciada fuente de ingresos.



La tierra de los Ogonis está ahora vedada a los visitantes, bajo la cruel batuta del mayor Paul Okuntimo, que habla de «limpiar» la zona y alardea sobre la habilidad de sus tropas para saquear los poblados. Okuntimo ha declarado a la prensa nigeriana que conocía 201 formas de matar, aunque sólo había practicado tres y esperaba que la mítica testarudez de los ogonis le diera la oportunidad de ejercitar la totalidad de su mortal repertorio.
Según testimonios recogidos en secreto por Amnistía Internacional, los dos últimos años han estado marcados por detenciones extrajudiciales, torturas y violaciones. Más de 1.800 Ogonis han sido asesinados y sus aldeas saqueadas por bandas de soldados mal pagados y peor disciplinados.
Shell tuvo que abandonar Ogonilandia en 1993, alarmada por las hostilidades, pero continúa siendo el mayor operador de crudo en el resto de Nigeria, con una producción de 910.000 barriles diarios.



La compañía ha rechazado hasta ahora las acusaciones de complicidad en la muerte de Saro-Wiwa, ha culpado del conflicto a «los enfrentamientos tribales», y ha responsabilizado del deterioro ecológico de la zona al rápido aumento de la población, sin haber realizado un estudio de impacto medioambiental antes de iniciar sus operaciones.



Aún así, los estudios realizados por Greenpeace muestran que la Shell vertió 1.6 millones de galones de crudo en el Delta del Níger entre 1982 y 1992.


Shell insiste


Pese a la indignación internacional, la multinacional ha decidido además seguir adelante con un plan de explotación de gas natural en Nigeria, en el que invertirá unos 4.000 millones de pesetas. Eso después de que la Corporación Financiera Internacional, una rama del Banco Mundial, decidiera retirarse del proyecto, una semana después de la ejecución del poeta nigeriano.


Para Greenpeace, «la sangre de Saro-Wiwa, manchará para siempre el nombre de Shell». Pero hasta la fecha, el dictador Sani Abacha no tiene razones para pensar que se ha equivocado en sus decisiones: Saro-Wiwa está muerto. Su predecesor, el general Obasanjo, encerrado. Y Moshood Abiola, el ganador de los comicios de 1993, se pudre en la cárcel en espera de un juicio que quizás nunca llegará. El Mosop ha quedado prácticamente desmantelado. Las fuerzas de seguridad han saqueado su sede en Port Harcourt y han utilizado sus archivos para aprehender a sus miembros.
El mundo ha condenado a Sani Abacha por estas acciones: la Commonwealth le ha dado dos años para que restaure la democracia, un plazo que supera en 12 meses el límite que el propio dictador se impuso para democratizar el país. Y la Unión Europea ha decretado un embargo de armas y la suspensión de los fondos de ayuda para el desarrollo que concede a Lagos -unos 36.000 millones de pesetas-, a través de los Acuerdos de Lomé.


Pero la propuesta sueca de ir mas allá e imponer un embargo de crudo no ha logrado el consenso de los Quince, que reciben un 39% de las exportaciones del petróleo nigeriano, distribuido entre España, Francia y Alemania. Otro 40% va a parar a EEUU, que no ignora lo que también saben el resto de los compradores: que el oro negro de Nigeria es inmune a las alteraciones políticas de Oriente Medio.



Para el dictador Abacha, sin embargo, la auténtica amenaza a su reinado se escondía dentro de Nigeria, no en el aislamiento internacional. Con el Mosop decapitado y el mercado de crudo asegurado, poco puede importarle que el mundo pueda conceder a Saro-Wiwa el primer Nobel de la Paz póstumo.



EJECUCION DE KEN SARO-WIWA








«Los hombres que ordenan y controlan este teatro ignominioso y esta farsa engañosa temen la palabra libre, el poderío de las ideas, la fuerza de la pluma, las reivindicaciones de justicia social y de los derechos humanos. Sienten tanto miedo y pavor ante la fuerza de la palabra que, incluso, se niegan terminantemente a leer.»
Ken Saro-Wiwa

ANGEL GONZALEZ: 1954, un hombre solo

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Este es el poeta preferido de mi amigo Fran Garcia (La cueva nítida) y conociendo su calidad de lector y persona, es mucho decir... yo le voy leyendo y voy descubriendo bajo un esplendido tronco, una frondosa copa, las raíces.















Aquí, Madrid, mil novecientos


cincuenta y cuatro: un hombre solo.


Un hombre lleno de febrero,


ávido de domingos luminosos,


caminando hacia marzo paso a paso,


hacia el marzo del viento y de los rojos


horizontes - y la reciente primavera


ya en la frontera de abril lluvioso...-


Aquí, Madrid, entre tranvías


y reflejos, un hombre: un hombre sólo.


- Más tarde vendrá mayo y luego junio,


y después julio y, al final, agosto.


Un hombre con un año para nada




delante de su hastío para todo.








Ángel Gonzalez

lunes, 15 de octubre de 2007

NATALIA GINZBURG: Memoria del esposo preso

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El poema que hoy presento fue escrito por Natalia Ginzburg cuando Leone, su marido, estaba preso por la Gestapo, fue torturado y asesinado en la prisión de Regina Coeli. Desde que su esposo es arrestado hasta su muerte, Natalia no pudo verle (del 20 de noviembre de 1943 al 5 de febrero de 1944).

Mientras transcribía el poema un rumor lejano de hojarasca tensó el alma de la noche. Crujía como una madera seca arrancada tempranamente del árbol.


V.G.



---------------------------- Lienzo de Edward Hopper, Chair Car, 1965


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BIOGRAFIA desde Wikipedia






Natalia Levi nació en Palermo en el seno de una familia de origen triestino. Su padre, Giuseppe Levi, era un profesor universitario de Medicina y llegó a tener gran reputación. Tanto él como sus tres hermanos serán apresados y procesados por sus ideas antifascistas.




La infancia y adolescencia de la escritora transcurrió en
Turín. Hija de padre librepensador y madre cristiana, tuvo una formación atea. En 1933 publica su primer cuento, I bambini (Los niños), publicado en la revista "Solaria". En 1938 se casa con Leone Ginzburg, un intelectual comunista de origen ruso. El matrimonio Ginzburg se relaciona con los intelectuales antifascistas turineses, especialmente los relacionados con la editorial Einaudi, con la que Leone Ginzburg colaboraba desde 1933. Entre otros, mantendrán gran amistad con Cesare Pavese.



En 1940 se traslada con su marido a un pueblo de los Abruzzos donde este último había sido desterrado por las autoridades fascistas. Allí permanecerá hasta 1943.
Con el pseudónimo de Alessandra Tornimparte publica
1942 su primera novela, titulada La strada che va in città, que reeditará en 1945 ya con su firma definitiva, Natalia Ginzburg. En España actualmente existe una traducción en el mercado de Arantxa Iturrioz ("El camino que va a la ciudad", Bassarai, 1997).



Tras la muerte de su marido en la cárcel de Regina Coeli de Roma, Natalia Ginzburg regresa en 1944 a Turín. Al término de la II Guerra Mundial comienza a trabajar en la editorial Einaudi.



En 1947 publica su segunda novela È stato così, con el que gana el premio "Tempo".
En
1950 se casa con el profesor universitario Gabriele Baldini, que será nombrado director del "Istituto Italiano di Cultura" en Londres.



En 1952 publica Tutti i nostri ieri , en 1957 el libro de cuentos Valentino (premio Viareggio) y la novela Sagittario, en 1961 Le voci della sera.
En
1963 gana el prestigioso premio Strega con Léxico familiar, novela autobiográfica con la que consiguió también un gran éxito de ventas. Ese mismo año hizo su único papel en el cine, en la película de Pier Paolo Pasolini: El Evangelio según San Mateo, en la que interpretó a María de Betania.



En 1969 muere su marido. Ella continua con su escritura, cada vez más interesada en el microcosmos de las relaciones familiares: Caro Michele (1973), Famiglia (1977), la novela epistolar La città e la casa (1984), La famiglia Manzoni (1983).
Otras facetas en las que destacó fue como autora de comedias teatrales y traductora: entre las primeras, destacan títulos como Ti ho sposato per allegria (
1970) o Paese di mare (1972). Sus traducciones más celebradas son las que realizó del francés (obras de Marcel Proust y Gustave Flaubert).



Murió en Roma la noche de 6 al 7 de octubre de 1991.









Leone y Natalia Ginzburg


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------------- Carta de natalia a su esposo, Leone Ginzburg






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MEMORIA





La gente va y viene por las calles,

hace sus compras, camina a sus asuntos

con los rostros vulgares y felices,

con el grato bullicio de costumbre.

Levantaste el lienzo para mirar su rostro,

te inclinaste a besarlo con el gesto de siempre.

Y era el rostro de siempre, pero era la última vez,

quizá tan solo un poco más cansado.

Su ropa tambien era la de siempre.

Y los zapatos eran los de siempre. Y las manos

eran las manos que partian el pan,

vertían el vino y la alegría.

Todavía hoy cada minuto que pasa

vuelves a levantar el lienzo,

a mirar su rostro por última vez.

Si caminas por las calles, no hay nadie junto a ti.

Si tienes miedo, nadie te coje la mano.

Y no es tuya la calle, no es tuya la ciudad

alegre y confiada y de los otros,

de los hombres que van y vienen

comprando el pan, la fruta y el periódico.

Puedes asomarte a la ventana

contemplar en silencio el oscuro jardín:
nadie vendra a tu lado,

nadie te dará fuerzas para entrar en la noche.

Antes cuando llorabas había una voz serena,

antes cuando reías alguien reía contigo.

Pero una puerta se ha cerrado para siempre,

para siempre se ha apagado un fuego,

tu juventud es ya una casa vacía

para siempre.

Carta del Jefe Indio Seattle al Jefe de Washington (1819)

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¿Qué escuchas, hombre blanco?

Acaso no recuerdas, tú que dominas

las grandes máquinas y los pequeños

artefactos, que elevas grandes ciudades

y construyes poderosas naves ¿no recuerdas?

Ya hace tiempo un hombre salvaje

puso en tus ojos con caligrafía de selva

y con tinta de río su verdad tan milenaria

y sabia que hasta las piedras temblaron

y las nubes, que son para siempre, dejaron

formas precisas de lo inacallable.


Hoy, en un presente desolador, su voz

retorna con el viento y el trueno,

con la lluvia. Escuchala, hombre blanco,

aún estás a tiempo.


V.G.




El Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras. El Gran Jefe también nos envía palabras de amistad y buena voluntad. Apreciamos esta gentileza porque sabemos que poca falta le hace, en cambio, nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta, pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego y tomarse nuestras tierras. El Gran Jefe de Washington podrá confiar en lo que dice el Jefe Seattle con la misma certeza con que nuestros hermanos blancos podrán confiar en la vuelta de las estaciones. Mis palabras son inmutables como las estrellas.




¿Cómo podéis comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? Esta idea nos parece extraña. No somos dueños de la frescura del aire ni del centelleo del agua. ¿Cómo podríais comprarlos a nosotros? Lo decimos oportunamente. Habeis de saber que cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada hoja resplandeciente, cada playa arenosa, cada neblina en el oscuro bosque, cada claro y cada insecto con su zumbido son sagrados en la memoria y la experiencia de mi pueblo. La savia que circula en los árboles porta las memorias del hombre de piel roja.



Los muertos del hombre blanco se olvidan de su tierra natal cuando se van a caminar por entre las estrellas. Nuestros muertos jamás olvidan esta hermosa tierra porque ella es la madre del hombre de piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las fragantes flores son nuestras hermanas; el venado, el caballo, el águila majestuosa son nuestros hermanos. Las praderas, el calor corporal del potrillo y el hombre, todos pertenecen a la misma familia. "Por eso, cuando el Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras, es mucho lo que pide. El Gran Jefe manda decir que nos reservará un lugar para que podamos vivir cómodamente entre nosotros. El será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por eso consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Mas, ello no será fácil porque estas tierras son sagradas para nosotros. El agua centelleante que corre por los ríos y esteros no es meramente agua sino la sangre de nuestros antepasados. Si os vendemos estas tierras, tendréis que recordar que ellas son sagradas y deberéis enseñar a vuestros hijos que lo son y que cada reflejo fantasmal en las aguas claras de los lagos habla de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.
Los ríos son nuestros hermanos, ellos calman nuestra sed. Los ríos llevan nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si os vendemos nuestras tierras, deberéis recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos y hermanos de vosotros; deberéis en adelante dar a los ríos el trato bondadoso que daréis a cualquier hermano.


Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de ser. Le da lo mismo un pedazo de tierra que el otro porque él es un extraño que llega en la noche a sacar de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermano sino su enemigo. Cuando la ha conquistado la abandona y sigue su camino. Deja detrás de él las sepulturas de sus padres sin que le importe. Despoja de la tierra a sus hijos sin que le importe. Olvida la sepultura de su padre y los derechos de sus hijos. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano el cielo, como si fuesen cosas que se pueden comprar, saquear y vender, como si fuesen corderos y cuentas de vidrio. Su insaciable apetito devorará la tierra y dejará tras sí sólo un desierto.


No lo comprendo. Nuestra manera de ser es diferente a la vuestra. La vista de vuestras ciudades hace doler los ojos al hombre de piel roja. Pero quizá sea así porque el hombre de piel roja es un salvaje y no comprende las cosas. No hay ningún lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ningún lugar donde pueda escucharse el desplegarse de las hojas en primavera o el orzar de las alas de un insecto. Pero quizá sea así porque soy un salvaje y no puedo comprender las cosas. El ruido de la ciudad parece insultar los oídos. ¿Y qué clase de vida es cuando el hombre no es capaz de escuchar el solitario grito de la garza o la discusión nocturna de las ranas alrededor de la laguna? Soy un hombre de piel roja y no lo comprendo. Los indios preferimos el suave sonido del viento que acaricia la cala del lago y el olor del mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado por la fragancia de los pinos.


El aire es algo precioso para el hombre de piel roja porque todas las cosas comparten el mismo aliento: el animal, el árbol y el hombre. El hombre blanco parece no sentir el aire que respira. Al igual que un hombre muchos días agonizante, se ha vuelto insensible al hedor. Mas, si os vendemos nuestras tierras, debéis recordar que el aire es precioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con toda la vida que sustenta. Y, si os vendemos nuestras tierras, debéis dejarlas aparte y mantenerlas sagradas como un lugar al cual podrá llegar incluso el hombre blanco a saborear el viento dulcificado por las flores de la pradera.


Consideraremos vuestra oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, pondré una condición: que el hombre blanco deberá tratar a los animales de estas tierras como hermanos. Soy un salvaje y no comprendo otro modo de conducta. He visto miles de búfalos pudriéndose sobre las praderas, abandonados allí por el hombre blanco que les disparó desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo como el humeante caballo de vapor puede ser más importante que el búfalo al que sólo matamos para poder vivir. ¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales hubiesen desaparecido, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu. Porque todo lo que ocurre a los animales pronto habrá de ocurrir también al hombre. Todas las cosas están relacionadas ente sí.


Vosotros debéis enseñar a vuestros hijos que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, debéis decir a vuestros hijos que la tierra está plena de vida de nuestros antepasados. Debéis enseñar a vuestros hijos lo que nosotros hemos enseñados a los nuestros: que la tierra es nuestra madre. Todo lo que afecta a la tierra afecta a los hijos de la tierra. Cuando los hombres escupen el suelo se escupen a sí mismos.


Esto lo sabemos: la tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida: es sólo una hebra de ella. Todo lo que haga a la red se lo hará a sí mismo. Lo que ocurre a la tierra ocurrirá a los hijos de la tierra. Lo sabemos. Todas las cosas están relacionadas como la sangre que une a una familia.


Aún el hombre blanco, cuyo Dios se pasea con él y conversa con el -de amigo a amigo no puede estar exento del destino común-. Quizá seamos hermanos, después de todo. Lo veremos. Sabemos algo que el hombre blanco descubrirá algún día: que nuestro Dios es su mismo Dios. Ahora pensáis quizá que sois dueño de nuestras tierras; pero no podéis serlo. El es el Dios de la humanidad y Su compasión es igual para el hombre blanco. Esta tierra es preciosa para El y el causarle daño significa mostrar desprecio hacia su Creador. Los hombres blancos también pasarán, tal vez antes que las demás tribus. Si contamináis vuestra cama, moriréis alguna noche sofocados por vuestros propios desperdicios. Pero aún en vuestra hora final os sentiréis iluminados por la idea de que Dios os trajo a estas tierras y os dio el dominio sobre ellas y sobre el hombre de piel roja con algún propósito especial. Tal destino es un misterio para nosotros porque no comprendemos lo que será cuando los búfalos hayan sido exterminados, cuando los caballos salvajes hayan sido domados, cuando los recónditos rincones de los bosques exhalen el olor a muchos hombres y cuando la vista hacia las verdes colinas esté cerrada por un enjambre de alambres parlantes. ¿Dónde está el espeso bosque? Desapareció. ¿Dónde está el águila? Desapareció. Así termina la vida y comienza la supervivencia....

sábado, 13 de octubre de 2007

EDUARDO MILAN

El arte está en confusión porque ha dejado de tener la función que tenía; ya no es, ya no está en el lugar que aparentemente intentó colocarlo el Renacimiento, que es el lugar de una usurpación...

E. MILAN


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ESCRIBIR ES COMO UN CÍRCULO…

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Escribir es como un círculo,
como la creación de una cabeza de viento.
Es como abejas alrededor de algo
así como un panal, así como una dulzura
saliendo de tus senos por una vez posible:
ésta. Así es escribir,
no como se dice oscuramente debajo de una piedra,
la del alma. Así es como el alma
va perdiendo gravedad y levanta.

Querencia, gracias, 2003.
EDUARDO MILAN

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La liebre se vuelve cuando encuentra tras de si una posibilidad
de supervivencia. Es rápida.

El poema siempre lento, siente azorado
cómo llega tarde a girarse,
cómo el ave rapaz le caza al vuelo
y eleva hacia un nido léjos del firme ras.
No se cómo
este decir
baja ahora
a alimentar la noche en que regreso a casa.

------------------------------------------------------- V.G.













Mi enhorabuena al gran poeta, al osado y arriesgado hombre sin paragüas ni deportivoque nos viene poco a poco dejando una estelade pasos y bellísimas palabras en un mundoensordecido por la metralla de las televisionesy el aullido feroz de los walkmans.



Gracias, Eduardo.



Tuyo,un lector, un lento aprendiz.
Viktor

LA CONCIENCIA según Mario Benedetti

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La conciencia es ubicua

la siento a veces en el pecho

pero tambien esta en las manos

en la garganta en las pupilas

en las rodillas en los pulmones


pero la conciencia mas conciencia

es la que se instala en el cerebro

y alli ordena prohibe festeja

y hasta recorre interminablemente

los archipielagos del alma

la conciencia es incomoda

impalpable invisible pero incomoda

usa el reproche y las bofetadas

las penitencias y el sosiego

las recompensas y las paradojas

los gestos luminosos y libertarios


pero la conciencia mas conciencia

es la que nos aprieta el corazon

y vaga por los canales de la sangre


Mario Benedetti