jueves, 6 de septiembre de 2007

ELOY SANCHEZ ROSILLO

Descubrí a este poeta por indicación de otra poeta, Elena Escribano. Y al principio no me hacía con su escritura. Fue en la relectura. En la distancia, en el reencuentro donde se encendió una palabra generosa y lenta, sabia sin pedanteria y tan cercana que propicie los encuentros en horas muy silenciosas y apartadas del bullicio. A media noche. Os dejo una humilde y magnifica muestra de su talento, naturalidad y hondo pálpito.

V. G.

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ELOY SANCHEZ ROSILLO Nació en Murcia, el 24 de junio de 1948. Obtuvo el Premio Adonais de 1977 con su libro Maneras de estar solo (Ediciones Rialp, Madrid, 1978), que lo dio a conocer como poeta. Ha publicado posteriormente otros cinco libros de poemas: Páginas de un diario (El Bardo, Barcelona, 1981), Elegías (Trieste, Madrid, 1984), Autorretratos (Ediciones Península / Edicions 62, Barcelona, 1989; segunda edición, 1989), La vida (Tusquets Editores, Barcelona, 1996; novena edición, 2007) y La certeza (Tusquets Editores, Barcelona, 2005), al que se le concedió el Premio Nacional de la Crítica correspondiente al año de su publicación. Su poesía completa ha sido publicada hasta la fecha en tres ocasiones: Las cosas como fueron (1974-1988), recopilación de los cuatro primeros libros del autor, con numerosas correcciones (Editorial Comares-La Veleta, Granada, 1992; segunda edición, revisada, 1995) y Las cosas como fueron (Poesía completa, 1974-2003), que recoge todos los títulos de Sánchez Rosillo (excepto La certeza), con nuevas correcciones y algunos poemas inéditos (Tusquets Editores, Barcelona, 2004). Hay también una antología de su obra, Confidencias, con prólogo y selección de Andrés Trapiello (Editorial Renacimiento, Sevilla, 2006). Ha publicado asimismo el ensayo La fuerza del destino (Universidad de Murcia, 1992), ha traducido una Antología poética de Giacomo Leopardi (Editorial Pre-Textos, Valencia, 1998; segunda edición, 2004) y se ha encargado de la selección y el prólogo de El volador de cometas, antología poética de Andrés Trapiello (Editorial Renacimiento, Sevilla, 2006). Ha colaborado en numerosas revistas literarias y sus poemas figuran en las antologías más representativas de la poesía actual. Alguno de sus libros y selecciones más o menos extensas de su poesía han sido traducidos a diversos idiomas. Es profesor de literatura española en la Facultad de Letras de la Universidad de Murcia.




Este poema fue la colaboración de un poeta excepcional, Eloy Sánchez Rosillo, para el tercer número, un especial sobre la música, de la muy interesante revista TRECETRENES ( http://trecetrenes.blogspot.com/ ) en la que colaboran poetas de trayectoria fiable y lectura recomendada.
Adjunto manuscrito:








LA CIGARRA



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Es increíble la tenacidad



que en estas tierras que ganó el verano



exhiben, incansables, las cigarras.



No dudan nunca, muestran una fe



en que su canto es lo mejor del mundo



que para sí quisieran cuantos tienen



cualquier convencimiento. Son criaturas



de laboriosidad indeclinable



(aunque no sé por qué suele decirse



precisamente todo lo contrario)



y hacen su hermoso oficio un día y otro



sin ningún mal humor, con alegría,



y sin la cabizbaja seriedad



de la que las hormigas, por ejemplo,



en obedientes filas se envanecen.



Le resultan al sol imprescindible



para forjar imperios hegemónicos.



Y cuando cesa su crepitación



se derrumba de súbito el verano.




De “La certeza” (Tusquets, Barcelona, 2005).


Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948).
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DOS BREVES APUNTES DE SU ARS POETICA
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“ La voz de los poetas es siempre la misma pese a las modas. Son ingenuidades que no afectan a la poesía, como no afectan al canto del ruiseñor que cantaba igual con Safo, Catulo, Keats y ahora.”
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“ Mi poesía toda tiene un tono elegíaco. Yo veo el mundo así. Tengo una inclinación especial hacia el pasado. No es que me interese el pasado como pasado, como algo cerrado y alejado; me interesa porque forma también parte del presente para mí, y siempre veo todo lo que me está sucediendo como algo que se está yendo. Y, claro, la juventud, que ya quedó lejos por desgracia, me parece un momento culminante de la vida del hombre, aunque no tenga esa etapa de la vida muchas cosas que después vamos adquiriendo. Pero tales cosas se adquieren cuando uno ya no tiene, creo yo, la plenitud vital que tenía en el tiempo de la juventud, y eso es quizá lo que se echa de menos de ella, de no tenerla. Y de ahí se deriva el tono nostálgico, elegíaco”

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