jueves, 17 de enero de 2008

ARTURO BORRA: El testimonio inerte de las fosas

Arturo Borra y Laura Giordani, de pie, junto a Angelines y Antonio Gamoneda. Los poetas argentinos afincados en Alzira, de sensibilidad extrema, perspicacia y coraje, escriben dos poéticas que entablan diálogos con la realidad herida de los que no renuncian a la libertad, a la generosidad, a la palabra de amor y honor. Arturo publicó recientemente el poema "El testimonio inerte de las fosas" en MLRS (ejercicio poético de excavación esmerada, y reordenación de las estructuras e imágenes líricas con la precisión y certidumbre de un poeta técnicamente depurado y volitivamente reaccionario) y aquí lo traigo, a la intemperie de este blog vuestro y mío, en el que es feraz la visita de poetas y pensadores, vivos y muertos y en la que se tiene especial preferencia por las poesías de conciencia, por la poética que incordia, descentra, libera, incendia, remueve, horada, descuelga, arrima, se revuelve, pregunta, muestra su precariedad y también su belleza sin renunciar a la justicia, sin olvidar a los excluidos, sin anestesiar al participe, lector o poeta, que también tiembla y se sorprende, ante el espesor del presente, en las espectativas ajenas y comunes, que precisan armonia y concordia, consenso que lleve a la paz, palabras de amor que no amordacen, que no amoraten, que sean realmente bellas, hasta la médula, sin quebrar la posibilidad felicitarias de los otros, sin ningunear lo invisible, lo sepultado en las inertes fosas de la historia.

Víktor Gómez






la guerra de Malvinas murieron 649 soldados argentinos. La Junta Militar no pidió la repatriacion del los cuerpos. La mayoría fue enterrada en fosas comunes en las Islas por los ingleses.Esta foto fue tomada por cámaras británicas.
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La zapa incendiaria improvisa fuegos,
quema la piel todavía cándida,
exhala el humo de los condenados,
desfigura el consuelo de los mapas.
¡Los herradores de la memoria prometen futuros redimidos!
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Deberán enterrar en las aceras la pesadumbre,
incinerar las evidencias,
montar la pantalla de cielos nuevos.
Deberán arrancar el sacrificio a las córneas,
ejecutando a mansalva las promesas revueltas,
niños que se escurren en las alcantarillas rojas.
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¡Ah, mundo yermo,
amnesia de regazos que expiran!
Bajo la pila de despojos hay un hilo luminoso
retorciéndose en sus estertores.
El marasmo de los días permite evocar aún
la última danza ante la mujer
que acaricia sus instantes.
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Descalzo anda el presente,
por la intemperie que ninguna alfombra esconde.
Una máquina de quebrantos levanta sin querer
el polvo de una pregunta:
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¿quién dará testimonio de las fosas?
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Arturo Borra



(poeta argentino. Reside en España desde el 2001)

3 comentarios:

Arturo Borra dijo...

Mi querido amigo, otra vez me sorprendés con tus lecturas y tu generosidad. Siempre es de agradecer esos gestos en tiempos de mezquindad; por fortuna, también en el campo literario hay quienes nos resistimos a la tentación ególatra, de la que nadie está exento, a la tentación de dejarse seducir, de dejarse encasillar (los rótulos tranquilizan a veces, sobre todo cuando tienen una historia semántica de distinciones), de aceptar un orden de privilegios. Lo sabemos muy bien. Siempre estarán aquellos que se suben al parnaso, aquellos que confunden su propia poética con la poética en general, incluso cayendo en el terrorismo del entendimiento.
En fin, eso sí, tengo una protesta: no comprendo lo de “volitivamente reaccionario”. ¿Se está refiriendo a mí? ¿Se refiere a que estoy dispuesto a responder o que soy de esos que se dejan llevar voluntariamente de las narices? No sé cómo gesticular con mis palabras, pero ya anticipará mi risa… En cualquier caso, déjeme decirle que cada vez me convenzo más de que no se trata de poesía de la conciencia. La conmoción (el temblor poético, la dislocación) no puede ni debe estar recluida a una dimensión –superficial, como sabía Freud, aunque no superflua- de la subjetividad. Desde luego, producir desde la conciencia crítica, pero no sola ni exclusivamente. ¿Qué sería de los surrealistas, de los que escriben con el hambre y con la tristeza dentro que crece más allá de cualquier autoconciencia y avanza hacia las orillas de la sensibilidad? Como decía Sábato, hay que escribir con el corazón y corregir con la cabeza… Lo mismo diría: leer desde ahí, y acaso dejar que el concepto haga su trabajo luego…
En fin Víktor, tus palabras son, precisamente, discurso de la intemperie. También allí se puede construir una comunidad emocional con los repudiados. ME quedo entonces con esa poética [de la conmoción] “que incordia, descentra, libera, incendia, remueve, horada, descuelga, arrima, se revuelve, pregunta, muestra su precariedad y también su belleza sin renunciar a la justicia, sin olvidar a los excluidos, sin anestesiar al partícipe, lector o poeta, que también tiembla y se sorprende, ante el espesor del presente, en las espectativas ajenas y comunes, que precisan armonía y concordia, consenso que lleve a la paz, palabras de amor que no amordacen, que no amoraten, que sean realmente bellas, hasta la médula, sin quebrar la posibilidad felicitarias de los otros, sin ningunear lo invisible, lo sepultado en las inertes fosas de la historia”.
Muchas gracias y un fuerte abrazo,
Arturo

PD: muy atinada la foto, aun cuando este poema estaba dirigido a otras guerras más recientes...

Viktor Gómez dijo...

La voluntad reaccionaria, el ser 'volitivamente reaccionario' no es en mi torpe y apresurado balbucir, tras la inmediata conmoción de la lectura de tu poema, sino esa fortaleza de espíritu, esa honorable convicción, esa directriz convencida e inacallable que te convierte en vocero de los pringaos, los desprotegidos, los maltratados, los presos, los violados. Porque tienes fe en la dignidad del ser humano como fin y meta histórica aunque vives, observas y escuchas un rumor de cadenas y un 'alarido de la mariposa' que arde en el aire oscurecido de los acontecimientos. pese a la tragedia del Siglo XX, pese a la memoria no vendida ni vendada ni revenida en complacencia ú dislocación de lo real.

Voluntariamente eres antifascista. Y eso empieza en tu lucha por gobernar tus instintos, tus recuerdos, tus líneas de pensamiento y las prioridades del inquieto corazón.

Lo fecundo es nacer tras cada muerte. Y lo justo saber que no hay guerras antiguas y nuevas, sino una perenne guerra desigual, injusto, maldita entre los que avasallan y los avasallados, entre los sin escrúpulos y los pacíficos, entre los hipócritas y los justos, entre los enriquecidos y los empobrecidos, entre los esclavizados y los esclavizadores, entre los prostituidos y los prostituidores.

Hermano, yo no se expresarme con la exactitud y hondura de tu escritura, por eso más que generar un caudal fecundo de vida y palabra ecuánimes corregido por la mente, creado por el corazón yo soy orilla de los otros, linde, remanso, dique de arena que apenas contiene y casi siempre se inunda ante la palabra creadora y libertaria de los Poetas. Tienes mucha razón al matizar y precisar que hay muchas "formas" y estilos desde los que crear arte no cómplice de las estructuras delictivas e inmorales que soportan una 'sociedad de mercado'. Y aún más creo firmemente que se empiezan a revisar y se buscan caminos no explorados, trochas que a través de la maleza de la historia de la cultura, atajen en estos tiempos de barbarie el 'retorno al corazón' que propone Eduardo Milan.

Gracias por tu visita, que me enseña a repensar, a deliberar y crecer, a escuchar. Y falta me hace, descubrir la lentitud y aprender a escuchar.

Un abrazote

Tu Viktor

Arturo Borra dijo...

Viktor, amigo, ahora que tengo unos minutos vuelvo sobre tu mensaje, sólo para recordarte algo que una vez me dijiste. Como en el judo, uno sólo tiene que medirse consigo mismo, con su propio potencial, procurando evitar las luchas que otros nos endilgan, incluso con vocación espectacularizante. Aunque seamos arrojados a las comparaciones, pienso que cada uno tiene un potencial de singularización y es con ese potencial con el que uno realmente tiene que habérselas y vos tenés bastante con vos mismo como para pensarte inexacto o lo que fuera.
Lo más paradójico es que esa singularidad es producto de un ejercicio en el que lo impropio (lo impersonal) hace lo suyo. Es el camino extraño de la originalización de la escritura: perdiéndonos en los otros, alguna vez, emerge la silueta de una singularidad.
Y ahí sí, uno no puede refugiarse ni ampararse en algún colectivo, incluso aquellos no antologados, aquella comunidad de los oprimidos... Como decía alguien -creo que Riechman- uno habla desde uno, aunque hable de los otros. Por eso, uno ocupa un lugar vacío, que nadie puede legítimamente ocupar: el lugar de los dominados. Aunque querramos hablar por ellos -y esa es una tentación mesiánica casi siempre-, finalmente, sólo hablamos de ellos, a menudo mal. Eso sí, bajo nuestra responsabilidad, pues, intentamos recordar esa gran ausencia.
Finalmente, no puedo menos que agradecerte ese retorno al corazón que propiciás.
En fin, perdón por el delirio.
Va un fuerte abrazo,
ARturo