martes, 5 de agosto de 2008

POESIA Y REBELDÍA: una conversación entre Enrique Falcón y Angel Calle

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llevo cien años sintiendo el frío…
muy d’atrás tú
sentado en mi tótem de caballos
y
estos troncos nel bosque
(agua)
quién abre mi boca para que pueda hablar


AUTT
Enrique Falcón



Interrumpir el lecho gris.

Buscarse incendios de cuestiones.

Distinguir entre respuestas y renovadas lápidas.

Al final ceniza, sí
pero de fuego previo.

ROJO SOBRE GRIS
Ángel Calle






ASÍ comienza...
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Quique Falcón:

- Quizá deberíamos empezar preguntándonos si actualmente tendría mucho sentido escribir una poesía rebelde que, concebida al margen del sistema mercantil, fuera crítica con él. O, al menos, el mismo sentido que tiene también el que tantos de nosotros podamos organizarnos en colectivos y movimientos sociales de orientación emancipatoria, cuando son otras las organizaciones que demuestran una mayor eficacia en la determinación material y espiritual del sistema de cosas dado. En mi caso creo que pocas cosas hay tan urgentes como romper –con nuestro compromiso sociopolítico de base, o con prácticas culturales de signo crítico, o con la movilización de determinados estilos de vida...– la naturalización de los consensos ideológicos tras la que esa determinación actúa en nuestras sociedades. En esto creo que la poesía puede acompañar (no creemos que ella pueda hacer más) a los movimientos sociales de signo antagonista. Hace siete años Negri y Hardt afirmaban –creo que con toda la razón– que "todos los elementos de corrupción y explotación nos son impuestos por los regímenes lingüísticos y comunicativos de producción", y que por ello "destruirlos en palabras (y así también, añado yo, en poemas) es tan urgente como hacerlo en hechos". Pues bien, para tal llamado, los poetas deberíamos profundizar todavía más en el ejercicio de nuestras estrategias comunicativas: tácticas de combate que ya se deciden en el momento de articulación inicial de cualquier poema.

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sigue aquí, en Rebelión.org., una suculenta entrevista para estómagos en rebeldía, hambrientos de veracidad y sentido común y poesía.

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En el nº 56 de los "Materiales de Reflexión" que los compañeros del Ateneo Confederal Rojo y Negro (sindicato CGT, Madrid, julio-agosto 2008) acaban de publicar tanto en papel como en edición digital el monográfico "Poesía y rebeldía". Allí se seleccionan poemas de 15 autores críticos actuales y se recomiendan títulos para los trabajadores/as repartidos por todo el país. La monografía se puede leer, completa, pinchando aquí:

"Poesía y rebeldía: una breve muestra de poesía rebelde actual"

http://www.cgt.org.es/IMG/pdf/materiales_de_reflexion.pdf

3 comentarios:

Laura Giordani dijo...

Sustancioso, sin pérdida. Voy a leerla completa.
Gracias por andar siempre acercando orillas, tendiendo puentes en la nada.
Nos vemos pronto.
Un abrazo.
Laura.

Viktor Gómez dijo...

Laura:

revestí la entrada, con dos textos mínimos y dos fotos.

La entrevista tiene enjundia, vale la pena imprimirla para leerla despacio. Ambos dos apuntan al objetivo sin ambiguedad ni titubeo, sin miedo ni esperanza, con nuevas armas que diría Deleuze.

Un beset

Viktor

Rattenfäringen dijo...

Agudo, como siempre, Quique Falcón.

Viktor, te quería traer, por si no lo leiste, un pequeño complemento a aquel enlace que te pasé. Es un artículo de Maillard publicado el mes pasado en Babelia:

"La pregunta por la relación entre poesía y pensamiento ha llegado a ser uno de los tópicos de los encuentros poéticos. Aparentemente, el tema da para mucho, pero una termina preguntándose si no será ésta otra de tantas falsas dicotomías que se inventan, al nombrarlas, para poder hablar de algo, que de eso, al fin y al cabo, se trata.

Obtuve la respuesta de repente, mientras leía el Fiat umbra (Pre-Textos) de Isabel Escudero cuando, al darme cuenta de que levantaba los ojos del libro y me quedaba con la mirada perdida después de la lectura de uno de sus fragmentos, recordé un ejemplo que ponía Miguel Palacios en sus clases de Ética: el que lee filosofía, decía, levanta a menudo la cabeza, como hace un pájaro al beber. Así, lo leído se filtra, como el agua en la garganta del pájaro, y se asienta en el entendimiento. Pues bien, tomé conciencia, en ese instante, de que no estaba leyendo un ensayo sino unos poemas y que, sin embargo, hacía el mismo gesto; la misma necesidad había de dejar que el agua se filtrase y hallase su camino hacia el núcleo. Si, pues, para beber el verso hay que levantar la cabeza, ¿qué diferencia existía entre el poema y el pensamiento?

No obstante, fiel al principio de sospecha, volví a la pregunta: ¿era realmente el mismo gesto? ¿Acaso no había, en la recepción de un buen poema, además del placer del entendimiento, un cierto paladeo? Ciertamente, el verso se "saborea". Y esto, el sabor, al que los filósofos de la India llamaban rasa, es algo que viene dado por la buena elaboración, por la sabia combinación de los ingredientes. No otra cosa es la poíesis.

Pero si bien la poíesis es el arte de hacer poemas, el poema no es la poesía. El poema es algo más. Nos abre una ventana, a veces pequeña, a veces grande, sobre el mundo. Nos cuenta algo que, sin saber, sabíamos, y que reconocemos. El poema es una evidencia que nos asombra. Derrida lo comparaba con un erizo. Lo encontramos indefenso, hecho una bola en la autopista, y nos dan ganas de cogerlo, de protegerlo porque allí, muy a ras de suelo, murmura, dice algo muy bajito. Algo importante. Pero sin aspavientos. Y repetimos lo que murmura, nos lo aprendemos de memoria (par coeur) y el corazón, entonces, el corazón que no había, se hace.

Este hacerse el corazón no es cosa de artificio. Es tiempo de deponer las ansias, los poetas, y estar atentos. Caracol, mejor que erizo, el poema -y el poeta- es la más humilde de las criaturas. Indefenso pero ligero, lleva consigo su casa, su morada; la construye con su propia saliva a medida que va creciendo. Así ha de ser el poeta para los tiempos que vienen. Humilde, anónimo si pudiera. Porque lo que dice, lo dice para todos y es en boca de todos cuando halla cumplimiento.

Vuelvo al Fiat umbra. A medio camino entre el haiku y la sentencia popular o la métrica breve castellana, estos "farolillos" expanden su luz en mi penumbra. Brevemente, a modo de estampas para la imaginación o para la inteligencia, permitiendo ese sesgo de la mente que tanto abreva. Sirvan de ejemplo para lo dicho. Beber un sorbo y levantar la cabeza. Como el pájaro".

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Chantal Maillard (Bruselas, 1951), premio Nacional de Poesía en 2004, ha publicado recientemente Hilos (Tusquets, 2007, Premio de la Crítica 2008) y, en colaboración con Óscar Pujol, Rasa: el placer estético en la tradición india (José J. de Olañeta, 2007).