jueves, 10 de febrero de 2011

ARTURO BORRA: Umbrales del naufragio (Ed. Baile del sol, 2010) Una relectura en las orillas para la poética de las diásporas de Arturo Borra (I)

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Supervivencia

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Sobrevivir al frío:
sobrellevarlo, entibiar rincones
entumecidos con el recuerdo de tarde
al fin entregada al sol, cuando
alguien trae una infancia de la mano
que regresa
cuando todos se han ido.
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Arturo Borra
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El náufrago, a vueltas del abismo, se derrumba en palabras, a orillas del silencio que es Isla, soledad del superviviente. ¿Qué impulsa su escritura? ¿a quiénes dirige sus mensajes en una botella? No es ya sólo su salvación, sino la necesidad de los otros, de su nos+otros que han desaparecido o están todavía en los umbrales del naufragio los que nombra, los que dictan una caligrafía arenosa y espumeante, como ese mezclarse sonoro de las aguas y la arena en la playa desconcertante del ahora. Un ahora de los exiliados, un ahora que tiene hambre y rutea hacia una imposible laridad sin expoliados, sin vencidos, sin ciudadanos de tercera clase, sin esclavitud, razismo, desprecio. Lo inhospito sacude páginas, como huesos sin manto. Pero no lo derrumba, aún no. El poema se aproxima no sólo a cubrir los anhelos de una miel imposible, sino el primer frío acuciante del desamparo.

La poesía de Arturo Borra (Argentina, 1972) es sensible hasta lo impronunciable con la suerte desaforada de los emigrantes, de los desplazados por cualquier causa de su región de nacimiento y vida familiar, a otras tierras. El extranjero es pues, un yo poético que circunda y habla en muchos de sus poemas, de honda raíz reflexiva y crítico cuestionamiento de las políticas contra los pobres que se practican en gran parte del mundo.
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¿Puede la poesía ser anatomía de la Historia, testamento de los apátridas, reencuentro entre la utopía y la practicabilidad de otras maneras de convivencia y organización social? ¿Qué papel le toca jugar al extranjero en un tiempo dónde son más los removidos de su tierra y dónde la mezcla de culturas y gentes está conspirando a favor de una esperanza sostenible en los vínculos con los distintos a mi? La lectura que Borra dibuja del presente no es especialmente optimista a este respecto. "Detrás, la estela de lo vivido / tiembla.//" reconoce el poeta, que llevan los naufragos en su más hondo pulso, una tormenta, en su abisal ser, un naufragio que les acompaña donde vayan, como un estigma que no sólo ellos sienten, sino que la comunidad no nativa ni común vee en ellos. Aún así, pese a la consistencia del desierto, hay una clave vital, una resistencia innegociable que deviene de una fuerte autoexigencia de conocerse, de reconocerse y de comprender el mundo observándolo, meditando, apostando por un pensamiento tenaz y crítico que ponga las cosas en su sitio, desenmascaré las falsedades de los estereotipos y los prejuicios y nos posibilite para un diálogo y una restitución de la identidad.
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Leer este poemario, no tranquilizará, no acomodará ni regalará paraisos de consolación. Eso si, habré un pasillo entre lo negado y lo por cultivar, entre la soledad marginal y la dignidad del diferente, entre la civilización del pensamiento único y la heterodoxia que socializa y confraterniza contrarios, extraños, en una pluralidad y complementariedad que es el mayor tesoro de nuestra especia y futura supervivencia. Umbrales del naufrafio dice del hoy, y apertura un mañana inmediato más justo, sostenible, amable. Aunque cueste tener que naufragar una y otra vez en su intento.
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Víktor Gómez,
Una relectura en las orillas para la poética de las diásporas de Arturo Borra (I)
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. POEMA DEL HAMBRE
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No parace que quepa, hoy en día,
otra poesía más que la que diga el hambre.
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Chantal Maillard
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Preguntás como se conjuga la palabbra
'hambre' en un poema. Pero un poema
sin hambre no es. No todos saben que el hambre
es poema, que no hay

palabra que salve de la desnutrición que rompe
los cuerpos.

Es cierto que la palabra 'hambre' no
es
todavía cuerpo hambriento. Apenas un poema
la menciona avergüenza de delgadez
(pero quien conjuga
no puede conformarse con la plenitud

de lo inexistente).
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Un poema sin hambre es palabra desdentada,
altar de sacrificios.
La palabra
'hambre' no llena el poema: lo abandona
desnutrido hasta la médula, socava
su manta, la geometría del
equilibrio.
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El hambre muerde tanto silencio y
por hambre se escribe:
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para ofrecer el vientre . . .


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CEGUERA

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No es que las cosas sean transparentes
y la mirada enturbiara lo que reposa

en su espera.
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La ceguera es anatomía de la mirada

y sn embargo

hay resquicios de la luz que no sucumben
en trayectos de lo imperceptible.

Se mira desde el fragmento; se ensaya
en la penumbra.

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OTRA ESCALA

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¿Me dejaré caer?
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¿Qué otra playa
rescatará este naufragio

que llevo a bordo?
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Detrás la estela de lo vivido
tiembla.
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TAMBIÉN VIAJAN

las heridas también viajan
por regiones innombrables
que en los precipicios te nombran
con la furia de las flores en manos de la noche
y esa ternura de vientre ofrecido a los labios.

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. Arturo Borra Umbrales del naufragio,
Ed. Baile del Sol, 2010
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