miércoles, 28 de diciembre de 2011

LUIS MUÑIZ: VIRTUD DEL CAPITALISMO

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Si no eres parte de la solución, eres parte del problema. Eso dice ella mientras la veo ir y venir, con platos o tijeras y guantes de podar, sin haber decidido si me quedaré otro día, sin saber si ella me dejará hacerlo o rompera a reir o a llorar o me echará de comer aparte o atenderá mis requerimientos para satisfacer sus necesidades.
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(inicio del poema "monólogo" incluido en Libro segundo)
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VIRTUD DEL CAPITALISMO
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Lo que tienen en común
todas las teorías políticas, excepción
hecha del capitalismo
es que ignoran el egoísmo humano:
su probada eficacia. Todas las otras ignoran
lo que a esta le sirve para insuflar
nueva vida a lo imperecedero, de paso que da al instinto
rango de pensamiento. El cuerpo social
es víctima del egoísmo que engendra.
Así rezan las antiguas proclamas, pero
por cada uno que es víctima
(o ese mismo uno que es víctima)
hay dos o tres que desean ser verdugos.
La probada eficacia consiste
en que uno y otro sean el mismo: nadie
más egoísta que quien ha padecido egoísmo.
Ni nadie tan libre, porque ejerce su poder contra quienes
antes lo han ejercido contra él, y lo que manda se cumple.
Pero hay quien no llega a mandar nunca
ejerce su egoísmo en la esfera privada
es verdugo en su casa y víctima en todas las de los demás.
Dice de este la doctrina
que no ganará su libertad hasta que ejerza
su egoísmo en el ámbito público.
Deben verse, pues, distintos grados en la libertad
que gana para el individuo el ejercicio puro del instinto.
Y libres somos todos, pero no todos por igual
por lo que una libertad que es ganada a costa
de muchas libertades
vale más que otra que retoña en lo privado
sin ambicionar ninguna posesión.
Eso dice la doctrina, que las otras condenan por valerse
de un sentimiento negativo. A este ellas oponen
la verdad que encierra la necesidad de tenerse
unos a otros, que es la verdad que guardan los cónyuges
cuando no están usurpándose mutuamente la libertad.
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Luis Muñiz
(Libro segundo, Ed. Trea, 2011)
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La contraportada del libro Libro segundo no tiene desperdicio y ahí va integra:
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Una escritura experimental que, no obstante, aspire a construir, a fundar, y que asuma la imperfección como valor inherente, si no a la poesía, sí al menos al trabajo que conduce a ella, siempre más excitante que el hallazgo codificado.
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El experimento, pues, más que su resultado. O un experimento que esté dispuesto a aceptar cualquier resultado. Pero que crezca sin traicionar las premisas de partida. O que, mientras avanza, las esquive, igual que la vida sigue su camino sin nosotros, ignorándonos. Ya que, si la vida es un proceso, ¿por qué ha de presentarse como objeto, mientras el riesgo y el tedio de vivirla quedan reducidos a una formulación, una entre muchas, del éxito o del fracaso?
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¿Riesgo o realización? La idea de riesgo es proyectiva, no culmina nunca; la idea de realización alude a lo acabado, a lo que ha sido concluido con éxito. Entre una y otra idea, el poema nace portando la marca de vacilación, del titubeo, de la inestabilidad. Incluso de la renuncia a lo ya escrito.
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Así, también, en este segundo libro de Luis Muñiz, en el que el autor da fe de que la poesía (lo que esta sea) tiene más de secreción corporal que de ilusión lingüística, lo que le conmina a realizarse más que a realizar, y a mostrar sin recato las vergüenzas de sus impúdicos objetos.
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Para leer más desde la obra y pensamiento de poeta asturiano Luis Muñiz
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En Isla kokotero
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En la Revista 7de7

Entrevista en La Voz de Asturias
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