miércoles, 30 de mayo de 2012

Novedad: LA BICICLETA DEL PANADERO (Ed. Calambur, 2012) de JUAN CARLOS MESTRE

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POEMA UNO

le dije las sillas se hacen insoportables cuando están vacías sobre todo me dijo después de los entierros sobre todo después de los casamientos cuando se van los invitados tienes razón le dije un martillo es un hermetismo en mangas de camisa que entra en la sala de lectura dando voces dispuesto a abrir lo que sea no es para tanto dijo él ningún libro abre lo suficiente la boca como para enredarse en una investigación policial no te creas le dije yo se han dado casos en francia y al sur de la polonia ocupada ya pero no aquí dijo él donde la cobardía y las gabardinas abarrotan los percheros en cuanto caen dos gotas

los poemas dijo él se han convertido en escaparates de los almacenes de moda yo hice una mueca él me miró como quien no quiere la cosa pero pretende decir te he atrapado mangante creías que bastaba con quitarte la camisa de fuerza e irte a robar gallinas entre los escombros del público no le dije ni se me hubiera ocurrido las lágrimas me han vuelto mediocre y el prestigio de los textos dramáticos han desencajado la burla de los autómatas obligados a trabajar en el elenco de los asuntos humanos

bueno me dijo él los sacos están ahí empieza a transportarlos cuando quieras no sé si podré le dije me respondió eso es asunto tuyo ya pero cómo voy a poder hacerlo yo solo a mí no me vengas con esas me respondió huraño qué iba a decirle no me tocaba más que callar el camino a la infancia era largo y cuanto antes empezara mejor pensé para mis adentros ya la doctrina del academicismo había hecho en mí estragos mentales y las monjas embarazadas con la información divina me ofrecían un puesto en su fábrica

me dijo las conveniencias están reñidas con lo buenamente así que allá tú no entiendo lo que quieres decirme no te lo voy a repetir para un actor fracasar es terminar en el carromato de un circo junto a la jaula de cebras en el mejor de los casos ahora me entiendes no del todo le dije me siento un apóstata atravesando un paisaje de sillas vacías comienza cuando quieras dijo él bueno dije yo en el circo no importa tanto el maquillaje exagerado haz lo que quieras me respondió careces de sentido común y amor propio eso es verdad respondí
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El ermitaño

El ermitaño abre la cancela y su mirada limpia la noche con la lira de las cinco serpientes. El ermitaño no dice nada, tampoco sabe proteger con palabras esa parte del firmamento en la que crecen los espinos. Los espinos dan al ermitaño consejos que han sido repetidos desde hace dos mil años: los reyes del Norte tienen la sangre fría como los lagartos, los reyes del Sur no usan camisa. La amargura y lo hermoso saben que serán un mismo pájaro hembra en la cabeza del ermitaño, Tiene paciencia, bebe granero para los climas que todavía no se han bautizado, lámparas de aceite en cada choza de lo distinto. Lo que desconoce el ermitaño lo comprende cualquier tozudo con modales si le da una patada a este párrafo. El ermitaño vive en él, dentro de él, como la carta en el sobre y el amo de las gallinas en el comedero de las matemáticas. Wittgenstein era un ermitaño y todo aquel que nunca ha visto a su padre puede ser considerado un ermitaño al leer los e-mail que se envía a sí mismo. Las avenidas de Nueva York están abarrotadas de ermitaños que oyen cada cuarto de hora las trompetas de la resurrección de Lázaro. Un ermitaño pone un frasco junto a la ventana y esas serán las aguas que han recorrido las aguas del acento. No mencionarán detalles, ni cuando aman, ni cuando se los llevan aparentemente muertos. No usan espejo ni han olido la decisión predestinada a la canela. Tampoco recuerdan a las muchachas con pelo rojo a la hora de acostarse. Desconocen los evaporadores y el ballet. Están ahí flotando en el afuera como insectos en la órbita del neón. Quién sabrá si atrapados en otro tipo de música. Sin dueño. 
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La bicicleta 

del panadero
Juan Carlos Mestre
480 p. 2012.
ISBN 978-84-8359-238-0. 25,00 €. 
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