martes, 31 de julio de 2012

OLVIDO GARCÍA VALDÉS: TRES POEMAS

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selecciono tres poemas cuya belleza y sustantiva fugacidad
no han remitido ni con la crítica ni con la exégesis ni con la
semiótica ni con la filosofía ni con la retórica porque son y no
tres poemas fronterizos, nómadas, sin amo ni servidumbres.
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entre
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el sueño y la vigilia o cuánticamente en los dos lugares a la vez
con su paradójica y con su intemperie estos tres poemas recelan
de un collar, una estantería, un tributo aunque sea de salud ya
que en su propia e inesperada trayectoria van ligeros de equipaje.
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la poesía entonces, música que no adviertes hasta que retornas,
archipiélago unido por transferencias e hilos, intuiciones y perceptos,
ha conseguido desbancar a la Lógica y la Razón como amaestradoras
del ser y su cualidad es un coro de significantes de lo imaginario a lo real
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desanundando lo simbólico y volviéndolo a unir, dudando y reconociendo
lugares, no para sí,
sombra a sombra,
anudando y desanudando, aunque el gato se enrosque en el ovillo
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tres poemas acuden desde el lento ejercicio de la relectura, acompasada
la muerte-vida al ondulante espejo del agua y la noche, una asimetría ¿no?
así la escritura como diferencia, y no menos como encuentro, caminando...

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Víktor Gómez
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Apuntes y aproximaciones a Y todos estábamos vivos de:

Eduardo Moga
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Pilar Yagüe
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Elena Díaz (entrevista por el Premio Nacional de poesía 2006)
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entre el corazón y la tela
que envuelve el corazón 
en el sueño profundo
sin imagen ni sueños
amodorraditos  en aquel rinconcito

(protéjame esto, proteja esto a quien lo expone)







Dormías. De modo natural
cerré la puerta. Estabas en mi casa
y eras más clara de lo que fuiste
y también era clara la penumbra
de aquella habitación. Buscaba yo
otra cosa y cerré sin ruido comprobando
que ya no tenía voz. Todo
aguardaba bajo formas 
de sueño. Tú semejabas
santa Úrsula, atino ahora,
con aquella claridad y algo
del superior tamaño, Úrsula y su sueño.







si me dejaras ir contigo en la noche,
en la hora parda del metro, antes
de amanecer, si pudiera acoger,
contemplar todo hueso tu rostro, el gesto
de fiera que piensa y vive sola, si no
se removieran airadas las palabras,
si no sintiera el viento que azota los
árboles arriba; qué hice que no
recuerdo, qué hicieron, dónde
ocurre la vida y es libre y no
benigna, dónde con su herida
lo solo del animal
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Olvido García Valdés
Y todos estábamos vivos
(Tusquets, 2006)