viernes, 28 de noviembre de 2014

QUINUA Y HAMBRE, de VÍKTOR GÓMEZ


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Traigo de nuevo a la red, un poemita rabioso del 2011, en virtud de unos artículos de prensa que advertían de otro acoso más de las multinacionales y los países enriquecidos a las comunidades agrícolas, en este caso, andinas. Entonces no era aún fácil ver la quinua en nuestros supermercados, restaurantes, hogares. Hoy, tres años y medio después, se va generalizando el uso de este valioso cereal. Así que conviene refrescar un poco el asunto, ampliando el espectro de análisis y deliberación sobre cómo se manejan a nivel internacional el "trafico" o trapicheo alimenticio. Es exigible que la producción y distribución de la quinua vuelva a ser gestionada por los campesinos andinos y no por las industrias extranjeras con su desmesurado afán de lucro y su irresponsable intervención social.


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desarmó La Paz

Mercado de Batallas

niños sin quinua (*)



la NASA hambres cultiva


ralos soles por ángeles

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Víktor Gómez
(Nuevas trazas del calígrafo zurdo)
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Quinua es un alimento básico de las comunidades andinas, altamente energético y hasta hace poco tiempo, al ser de consumo local, accesible a las poblaciones rurales. El reciente interés yanki, de La NASA y otras organizaciones, así como de países como Francia o Italia ha multiplicado su precio, haciéndolo inaccesible a los bolivianos. Consecuencia de ello es la sustitución por fideos y otros productos que no bastan para la nutrición, afectando de manera importante a los niños de la zona. La desnutrición infantil y la impotencia de los padres ante este fenómeno no deja de manifestar que las prácticas de Globoimperalismo, por más que se disfracen de mestizaje son un avasallamiento de las economías fuertes sobre las debilitadas. La Paz, es la capital de Bolivia, y juega en este texto un perverso abanico de sugerencias, al situarse paralelamente a "mercados de Batallas" cuyo nombre bélico podría inducir a pensar en varias líneas en esa Cuarta Guerra Mundial, o mejor dicho, mundializada, que ejercen hoy las multinacionales contra los pobres o empobrecidos. A su vez, tenemos que para tocar el cielo, para asumir ese progreso tan deseado por el neoliberalismo y cuyo exponente más espectacular es la carrera hacia las estrellas comenzada en la Tercera Guerra Mundial (aquella que se escondía con el eufemismo de Guerra Fría y que fue ardorosamente genocida tanto por el Gulag como por las maniobras de la CIA, El ejercito USA y otros cómplices en las interferencias y maniobras por las Américas, Oriente Medio y Africa) que lidera claramente La NASA justificamos el hambre o la miseria en zonas que expoliar por sus minerales o cultivos (pensemos en el coltán o la kasiterita de el Congo, Ruanda, etc.,) . Lo lejano e inmenso fascina y preocupa(¿?) pero no somos capaces de atender y cuidar lo cercano, de proteger del daño sistemático a los pueblos más desfavorecidos por las políticas del capitalismo tardío. No entra dentro de la lógica de mercado (eufemismo para referirnos a personas con nombre y dirección postal y de una gran entidad, que diría Brecht, que determinan cuales son sus prioridades y los medios y modos de ejecutarlas)
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Así, nos venden ralos soles por ángeles, basura por belleza, dinero por cuerpos, codeína por lucidez, apaciguamiento por paz, mangoneo por justicia.
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Víktor Gómez

Valencia, marzo, 2011