jueves, 19 de julio de 2007

JOSEFA PARRA


Así es Pepa, natural y cercana,
con esa sonrisa rojiza que trasmite el calor,
el íntimo erotismo de su palabra.
Su voz de agua refresca
el calor del Sur,
de nuestro Jerez,
saciando de bellezas los sentidos,
porque ella es, ante todo,
poeta de los sentidos
y de esta luz azul que nos convoca
a leer sus versos en el verano eterno
de sus labios.

Ana María Espinosa.


Jerez de la Frontera, 1965.

Ganadora del Premio Unicaja de Poesía 2006. XXI Edición.

Si biografía y poemas:





LOS LUGARES MARCADOS


Los lugares marcados donde casi te tuve.

Una playa encendida a orillas del verano,

una mesa en un bar, un alero de sombra,

un camino de tierra oscurecido y solo

donde creció el deseo como una hierba amarga.

Tengo un mapa aprendido de memoria, un pequeño

mapa (apenas tamaño de una gota de lluvia)

señalado con cruces rojas igual que besos.


De "Alcoba del agua" 2002




IV -DEL GUSTO


Hay sal sobre los labios. En la lengua,

un resto de naufragios y sirenas,

tal vez algas, y el gusto de los fondos

espumosos y verdes del océano.

El sexo siempre sabe a mar de invierno,

a galernas en medio de la noche.


De "Alcoba del agua" 2002
*
Josefa Parra.



Yoshiro Tachibana
*
A propósito de la noticia de un homicida necrófago


No podríais entenderlo.

No cabía mi deseo en sus espacios,

la desbordaba como a un arroyuelo.

Yo, lluvia; yo, torrente.

Era desolador verla desnuda,

mínima y frágil, tras cada combate,

exhausta y triste carne de suspiros.

No bastaban sus pechos.

Me clavaba las uñas en las palmas

por no morder sus húmedas mejillas,

delirando de hambre.

La amaba de un amor ilimitado,

con dolor y con vértigo. La amaba;

no podríais entenderlo.


(Perlas graves,

sus ojos estallando entre mis dientes).
*
Josefa Parra.

ENRIQUE FALCON: AMONAL Y OTROS POEMAS (I)


Enrique Falcón nace en 1968 en Valencia y desde 1993 reside en el Barrio del Cristo. Es profesor de Formación Profesional y miembro de la Comunidad de Vida Cristiana "Ignacio Ellacuria", colectividad "Teuladi" de apoyo en prisión y de la Unión de Escritores del País Valenciano-Foro Social de las Artes. De sus muchos poemarios y libros en participación adjunto un poema de "AMONAL y otros poemas" del año 2004 que se subordina a su proyecto "La marcha de los 150.000.000" aunque funcione como libro independiente.











Negación del héroe y su furor




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Comeremos algas cuando el puente se hunda


y trepen los caídos en mi boca por los mástiles del llanto


hablando de las cosas que provocan el luto


y quién y fue así? - Y el ahogo.


Saldrán las moscas lentas allí donde se sabe


que se cansan los faroles de puro fango lento


y la luz es verdadera


y hay crios en los cuartos


creciendo, pudriéndose, y estallando.


Serán las horas tiernas y los quiénes,


la evaporización de sus derechos,


la zambullida a ras de tierra en las basuras


y el hombre del puñal a ras de llanto


que vuelve, definitivo, a levantar el puente.


martes, 17 de julio de 2007

ADA SALAS: LA SUFICIENTE PALABRA EN LO ABIERTO

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Como brota la sangre.
Mineral en su impulso
de sumarse a la tierra.
Como se quema un cuerpo
en su caída.
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Con palabras que mueran.


*
*

Vuelve
la tarde.
Abierta y pertinaz
como este viento
bate
el frágil andamiaje de las ramas.
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Bajo toda la luz
dónde a salvo de su fiera intemperie.
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Porque todo caduca.
Porque llega la noche y apaga
lo que quema
--
levantemos un cuerpo
--
en esta soledad.


*
*

También llega el olvido.
Sabe que a toda plenitud
sigue su ruina
--
y a pesar del cansancio
llega

y abre una herida limpia
para que entre la muerte.-



Con Ada Salas siempre encuentro lo suficiente. Y quedo convocado a lo abierto. Y quedo en la frontera de mi ciego espacio y soy lugar sin lugar, afanado, ávido, derrotado hombre sin desesperanza.
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Un gran orgullo leer a esta poeta.

V. G.

lunes, 16 de julio de 2007

CARLOS PIERA









Estos son dos poemas de Carlos Piera con especial significación para los Trece Trenes.El primero, "Bolero de la inconmensurabilidad de casi todo (Barcelona)", es un punto de encuentro para nosotros, un poema que a todos nos entusiasma. El segundo, "Sentadito en su tejado", fue el primer pasajero de 13trenes. Es, además, un poema precioso. Ahora los compartimos con vosotros...


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BOLERO DE LA INCONMENSURABILIDAD DE CASI TODO

(Barcelona)


Yo que tuve la suerte de mirarte

si buscara palabras

(un humo en torno tuyo con sus curvas azules)

negaría tus ojos. Va a quedarme,

por no querer ser parte del paisaje del humo

(pero eres tú, y es el alcohol remoto de la noche),

saber esa mirada resignada como

la de quien da una flor y no haber nada,

no tener nada donde no hay amor.

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De Carlos Piera (Madrid, 1942).

En “Antología para un papagayo”

(Madrid, Hiperión, 1985).


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SENTADITO EN SU TEJADO


Vendrá un tiempo también en que la gata Nora

sea vieja y se canse y esté siempre dormida.

Si no me he muerto, entonces seguiré como ahora

calentando la leche mientras ella me mira

o hace sus oraciones, como yo en torno al cazo,

en el suelo de la cocina.

La Europa protestante tiene gatos señores

que crecen, y envejecen, y así sigue la vida.

Así siguen, con suerte, los cuartos interiores

que no tienen salida.

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De Carlos Piera (Madrid, 1942).Inédito en libro.

DESDE LO AMERICANO, EL ENIGMA: BORGES, RUBEN DARIO, TOMAS SEGOVIA, MURILO MENDES

Mi callejero no hacer nada vive y se suelta por la
variedad de la noche.
La noche es una fiesta larga y sola.
En mi secreto corazón yo me justifico y ensalzo:
He atestiguado el mundo; he confesado la rareza del mundo.
He cantado lo eterno: la clara luna volvedora y las
mejillas que apetece el amor…
He sido y soy…
Aún están a mi lado, sin embargo, las calles y la luna.
El agua sigue siendo dulce en mi boca y las estrofas
no me niegan su gracia.
Siento el pavor de la belleza; ¿quién se atreverá
a condenarme si esta gran luna de mi soledad me perdona?
(Jorge Luis Borges ).








Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas.
Esta penumbra es lenta y me duele…
Mis amigos no tienen cara,
las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,
las esquinas pueden ser otras,
no hay letras en las páginas de los libros….
Esos caminos fueron ecos y pasos,
mujeres, hombres, agonías, resurrecciones,
días y noches,
entresueños y sueños, cada infinito instante del ayer
y de los ayeres del mundo…
Emerson y la nieve y tantas cosas.
Ahora puedo olvidarlas. Llego a mi centro,
a mi álgebra y mi clave,
a mi espejo.
Pronto sabré quién soy.

(Jorge Luis Borges )




Quirón:

Por suma ley un día llegará el himeneo
que el soñador aguarda: Cenis será Ceneo;
claro será el origen del femenino arcano:
la Esfinge tal secreto dirá a su soberano.
(Coloquio de los Centauros)
Rubén Darío







Aforismo enigmáticos y no de Murilo Mendes
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Sólo no existe lo que no puede ser imaginado.
*
La naturaleza es muy surrealista.
*
La vulgaridad al alcance de todos; he ahí la fórmula de la civilización norteamericana.
*
El amor burgués es la organización de la imprudencia.
*
El hombre es un ser eminentemente teatral.
*
La moral es la filosofía del instinto de conservación.
*
El poeta es el hombre que da; el rico es el hombre que toma.
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Murilo Mendes. Poeta brasileño nacido en Juíz de Fóra (Minas Gerais) en 1901, y muerto en Lisboa en 1975. Su extensa obra poética, que lo sitúa entre los nombres más relevantes de la literatura brasileña, está compuesta por los siguientes títulos: Poemas (1930), História do Brasil (1932), Tempo e Eternidade (1935, en colaboración con Jorge de Lima), A poesia em pânico (1938), O visionário (1941), As metamorfoses (1944), Mundo enigma e os 4 elementos (1945), Poesia liberdade (1947), Janela do caos (1949), Contemplação de Ouro Preto (1954), Poesias (1925-1955) (1959), Siciliana (1959), Tempo espanhol (1959), Convergência (1970), Poliedro (1972); y O menino expermiental, (1979) y Janelas verdes (1989), aparecidos postumamente. Publicó, también, numerosos artículos sobre artes plásticas y literatura.
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Lamento del poeta actual

Me dieron un cuerpo, sólo uno
Para soportar callado
Tantas almas desunidas
Que chocan unas con otras
De tan variadas edades;
Una nació mucho antes
De que yo apareciera en el mundo,
Otra nació con este cuerpo,
Otra está naciendo ahora,
Hay otras, ya ni sé bien,
Son mis hijas naturales,
Deliran dentro de mí.
Quieren cambiar de lugar,
Cada una quiere una cosa,
Ya no tengo más sosiego.
Oh Dios, si existes, junta
mis almas desencontradas.
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De O visionário (1941)Trad. Rodolfo Mata


viernes, 13 de julio de 2007

RESPUESTA A UN POEMA, UN POR QUÉ DE EDUARDO MILAN


Porque presientes
ese lugar confluyente
ese vértice sólido
ese punto donde
quieres ser
parte de ese abismo,
o sea
fuera de ti
o sea
en mí.
Enciendo lámparas en un pozo;
deslumbran
se expanden
flotan,
reverberan en la piedra
en el musgo de tus ojos.
En ese momento
nos miramos
pero llega la noche
enterrando soles
ocultándonos de sombras.

Ana María Espinosa.



¿Por qué amo tu locura,
tu desparpajo, tu falta
de reloj y tus atajos
cuando estoy prácticamente a punto
de caer de cabeza en el abismo?
O sea en ti. Pero no sólo
eso: hay mucho más de ti que quiero
y no revelo. Esa lámpara
que enciendes en el fondo.


Eduardo Milan.




Palabras para Elena Escribano

PALABRAS PARA ELENA ESCRIBANO EN LA PRESENTACION DEL LIBRO "REINCIDENCIAS

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Cuando conocí a Elena Escribano, hace ya algunos años, tuve la impresión primera de que me había topado con un caudal, con una persona caudalosa que transportaba un volumen de gestos y palabras sumamente expresivos, casi apabullantes para un tímido como yo. Soy un pésimo nadador en aguas reales; todavía más pésimo si se trata de aguas fluyentes. Y como me manejo con parecidas carencias en las aguas simbólicas de la conversación, enseguida imaginé los apuros en que me vería, braceando torpemente para mantenerme con dignidad y educación a flote.
Pero debo confesar que me bastaron unos minutos para percatarme de que aquel caudal de comunicación que se me venía encima contenía una sustancia desaceleradora y tranquilizante: ideas. Y, además, ideas claras, bien musculadas por si fuera poco, sobre la poesía y su difusión. En torno a lo primero intercambiamos impresiones, juicios y nombres, y no nos resultó difícil ponernos de acuerdo. Sin embargo, sobre lo segundo, el peliagudo asunto de la difusión del género literario minoritario por antonomasia, he de admitir que no pudo haber intercambio ni consenso, sino más bien un manso, admirado asentimiento por mi parte. Supe entonces que estaba ante una mente y una voluntad inusuales, empeñadas ambas en la búsqueda de beneficios para la poesía.
Desde este punto de vista, Elena Escribano es –además de en el sentido moral en que todos lo somos- una de las personas más necesarias que conozco. La considero, de hecho, la defensora número uno de la poesía, la más dispuesta y eficaz activista en favor de los versos.
Todos estamos al tanto de sus actividades y de sus logros, no hace falta enumerarlos ahora. Baste decir que Elena proyecta, negocia, desarrolla, publicita, tutela... Con ella, la poesía en Valencia –en las dos lenguas- ha conocido, o mejor, está conociendo un periodo extrañamente sostenido de ocasiones para que se produzcan talleres, lecturas, publicaciones, congresos, presentaciones y no sé cuántas cosas más en las que la poesía y los poetas son protagonistas exclusivos. Y todo esto con un más que razonable público, circunstancia que sin duda representa la prueba inapelable de su éxito.






A esta mujer-río, con el tiempo, he tenido oportunidad de tratarla y observarla desde la cercanía de la amistad. Puedo decir ahora que el torrente de su carácter no sólo posee tramos rectos con gran poder de arrastre, también traza curvas donde su caudal no espumea, y meandros cariñosos y calmos donde sus aguas limpias reposan para dejar sitio al reflejo.
En esos momentos he visto en Elena a una persona de sensibilidad y coraje. De este último –sabido es- ha echado mano, según un comportamiento admirable, cuando la salud le ha puesto zancadillas. En cuanto a la sensibilidad, que la segrega y que la emplea lo demuestra con creces en lo humano y, por supuesto, en esa señalada capacidad suya de transmisión de amor empírico por la poesía, lo mismo en el trabajo que lleva a cabo en la Universidad Politécnica como en la selva de la ESO, en cuyo interior se adentra sin miedo.
No puede extrañar, por tanto, que Elena Escribano volcara también su sensibilidad en la escritura. Los enamorados de la poesía terminan contactando de un modo más físico con el objeto de su desvelo: crean la carne de los versos propios. Y no puede negarse que este acercamiento de Elena a la producción poética ha dado un primer fruto magnífico: Reincidencias, libro que ha sido reconocido y premiado por un jurado de lujo, desde el primero hasta el último de sus miembros.
Quizá no sea este el lugar más adecuado, pero permítanme que haga un poco de teoría. A mi entender, la poesía puede ser dividida, según su contenido, en dos clases muy amplias y generales, que sólo voy a describir superficialmente, dejando para mejor ocasión cuantas matizaciones exigen. Estos dos territorios son, por un lado, la poesía entendida como lenguaje del acontecer vital, en la que la vida se decanta en palabra poética, y, por otro, la poesía entendida como acontecimiento del lenguaje, en la que la palabra poética aspira a crear ella sola algo vivo.











Pues bien, Reincidencias se adscribe con toda nitidez a la primera gran familia. Elena transita el suelo de las vivencias efectivas, y las traslada luego al poema con el propósito de que en sus versos lo vivido sea pronunciado, se traduzca y cobre acentos que lo iluminen o le den el contorno literario encargado de dotar a la experiencia privada de un valor estético, público. Reincidencias cuenta un episodio biográfico concreto. Y digo bien cuando digo que cuenta, pues el libro se organiza narrativamente, cuenta una historia, una historia de amor.
Se inicia con una reflexión acerca de lo imprevisto –o acaso lo intempestivo- del despertar amoroso en según qué etapas de la vida, es decir, comienza meditando sobre el deseo que en algún momento es llamado “inoportuno”. A continuación, la narración toma como nudo la fase en que la relación amorosa ha declinado después de su eclosión inesperada. El recuerdo y la consideración analítica de los sentimientos, así como de escenas clave de la historia, van configurando toda la segunda sección. “Cuando amas –se nos dice- caen una a una / todas las paredes de tu casa”. Hay una retrospectiva de ese derrumbe, y un acta que enumera dudas, desencantos y una provisional reconstrucción de la casa caída.
Provisional, sí, porque la tercera sección, que da título al conjunto, narra el regreso del amor, renacido en su posibilidad, reincidente. Pero su triunfo demandaría una suerte de viaje hasta un infierno particular con el objetivo de ayudar al otro a salir de él. Los poemas de esta parte muestran ese viaje que recuerda al viejo mito griego, sólo que en esta ocasión Eurídice hace de Orfeo. Cambian los papeles pero no el final. La derrota –y así se titula la parte última- llega y en este caso le toca a Eurídice volver sola, levantar otra vez las paredes caídas de la casa.
De este repaso esquemático que acabo de hacer de Reincidencias tal vez pudiera deducirse que su tono es amargo. No lo es en absoluto. Yo encuentro, por el contrario, un decir que se emite desde una cierta distancia, la conseguida después de someter a la inmediatez sin disfraz de lo sentido a una contención que se impregna de sentimiento diáfano y al mismo tiempo de ironía, de lucidez y de inequívoca decisión de vivir.
El verso de Elena Escribano es directo y claro. Percibo en él la sabia digestión de los clásicos españoles, y la de poetas más recientes del amplio espectro que representarían, por ejemplo, Jaime Gil de Biedma o Ángel González.






Se asegura en un lugar de este libro que el corazón funciona haciendo trampas. Será el corazón, porque la poesía de Elena enseña sus cartas sin dobleces ni trucos. Es palabra para el sentimiento, trabajada, libre de retóricas inútiles.
A esta mujer caudalosa hay que escucharla, en lo que dice y en lo que escribe. Quienes la conocemos sabemos que comunica con inteligencia y emoción dos pasiones valiosas: la que manifiesta por la poesía, la que muestra por la vida. Me callo y la escuchamos. Muchas gracias.

Antonio Cabrera
Casa del Llibre, Valencia, 15 Mayo 2007