Un día, mediodía para ser más exactos, leyendo solo en la sala familiar, solo e inundado por los ventanales de una luz extraña, leyendo a Enrique Falcón escuché un grito. Ese grito aún lo sigo oyendo. Se ha instalado en mis ojos. Respira bajo el asfalto, entre los espejos, por las cicatrices y entre los túneles y las fuentes. Un alarido que es persistente. Y que se ha instalado en mis ojos...
"Yo quiero oírel alarido de la mariposa"Q.
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(TERCERA PORCIÓN)
Reunidos aquí, por magullados,
hemos jurado no llorar jamás por los pasillos,
deslizamos piedras en estos salvajes
------- que apenas nos permiten dormir.
Los brutales descoloridos, los
que pensando en alto desmigan las estrellas
y socavan con troncos las palmas de las manos.
No nos arrojen a las cajas del río.
Juramos antes la intimidad prohibida, la intrusa
porción con algas con que llenamos su boca,
para siempre las partuzas soplonas, esta banda tremenda
------- nada menos tremenda
con que queremos salir.
------Somos los brutales sin agua, los
que temblando por los puentes se empantanan con hoyos
y rastrean en su cuerpo las agujas de Dios.
----Enrique Falcón