sábado, 12 de febrero de 2011

GEORGE STEINER: LA PARADOJA LINGÜÍSTICA DEL POETA (fragmento de Gramáticas de la creación)

-
-
-
El escritor digno de este nombre, el poeta sobre todo, es un ser humano en una situación lingüística realmente paradójica. Tendrá una sensibilidad excepcional para la historia de las palabras y para los recursos gramaticales. Oirá en la palabra los ecos remotos, los sonidos profundos de sus orígenes.
-
-


-
-
-
A su vez será también sensible y sabrá registrar las armonías, los matices, las connotaciones y los parentescos que vibran alrededor de la palabra ( El «tono perfecto» de Shakespeare y su capacidad auditiva para la totalidad de un campo semántico permanecen sin parangón).
-
-


-
-
-

Pero en este preciso momento, el poeta será consciente de la desesperación de los dictados normativos del código léxico-gramatical, de los modos en que la moneda que tiene en su mano se ha desgastado, se ha devaluado o también falsificado a causa de su uso universal (cliché). A veces la frustración o el impulso de «hacerlas renacer» desemboca en experimentos de invención de palabras o de sintaxis sin precedentes. Hay ejemplos en el futurismo ruso y en la poética surrealista. Pero incluso el éxito más logrado, que es infrecuente, es sólo momentáneo (los dos versos inventados en el discurso del Infierno de la Comedia de Dante).

-
-
-
-
-

Comunicar, incluso en las más elevadas vibraciones del poema lírico, implica ofrecer una entrada a través de la equivalencia, de la paráfrasis (aunque parcial), como en un diccionario. En todo acto de enunciación, si tal acto tiene la intención de ser inteligible, el «lenguaje privado» se convierte en léxico y compartido (de ahí el rechazo de Wittgestein ante el concepto mismo de privacidad lingüística). Lo que el poeta trata de hacer, tal como veremos, es esta novedad de combinaciones que sugerirá al lector ú oyente una aureola, una nueva esfera de significados perceptibles, de energía radiante, que sea comprensible y aumente al mismo tiempo lo que ya está al alcance de la mano (lo trascendente). Este sentido generativo y profundo es el que hace que la poesía, siempre escasa y de un modo u otro «contrafactual» sea metafórica.

Gramáticas de la creación, George Steiner

-

-

-

Para leer sobre el ensayo Gramáticas de la creación,

leer aquí


-

.

Para leer sobre George Steiner,

acá

y

acullá

.

.

.

viernes, 11 de febrero de 2011

LÊDO IVO: EPIGRAMA DO PÁSSARO (Epigrama del pájaro)

-
-
-

Epigrama do pássaro

-

“Precisamos deixar algo para a posteridade”

disse o poeta, contemplando o gari

que recolhia o lixo da cidade.

E o pássaro que ñao deixa nenhum canto após a morte

e se limita a ser vida no ar perene

que habitao instante

em silêncio pousou no ramo de una árvore.

-

-






-
-
-

Epigrama del pájaro

-

“Necesitamos dejar algo para la posteridad”

dijo el poeta, contemplando al barrendero

retirar la basura de la ciudad.

Y el pájaro que no deja canto alguno tras la muerte

y se limita a ser vida en el aire perenne

que habita el instante

se posó silencioso en la rama de un árbol.

-

-

(trad. Martín López-Vega)

Lêdo Ivo,

Rumor nocturno

Vaso Roto Poesía,

2009

jueves, 10 de febrero de 2011

ARTURO BORRA: Umbrales del naufragio (Ed. Baile del sol, 2010) Una relectura en las orillas para la poética de las diásporas de Arturo Borra (I)

.
,
.



. . .
.
.
.
Supervivencia

.
Sobrevivir al frío:
sobrellevarlo, entibiar rincones
entumecidos con el recuerdo de tarde
al fin entregada al sol, cuando
alguien trae una infancia de la mano
que regresa
cuando todos se han ido.
.
Arturo Borra
.

.
.
El náufrago, a vueltas del abismo, se derrumba en palabras, a orillas del silencio que es Isla, soledad del superviviente. ¿Qué impulsa su escritura? ¿a quiénes dirige sus mensajes en una botella? No es ya sólo su salvación, sino la necesidad de los otros, de su nos+otros que han desaparecido o están todavía en los umbrales del naufragio los que nombra, los que dictan una caligrafía arenosa y espumeante, como ese mezclarse sonoro de las aguas y la arena en la playa desconcertante del ahora. Un ahora de los exiliados, un ahora que tiene hambre y rutea hacia una imposible laridad sin expoliados, sin vencidos, sin ciudadanos de tercera clase, sin esclavitud, razismo, desprecio. Lo inhospito sacude páginas, como huesos sin manto. Pero no lo derrumba, aún no. El poema se aproxima no sólo a cubrir los anhelos de una miel imposible, sino el primer frío acuciante del desamparo.

La poesía de Arturo Borra (Argentina, 1972) es sensible hasta lo impronunciable con la suerte desaforada de los emigrantes, de los desplazados por cualquier causa de su región de nacimiento y vida familiar, a otras tierras. El extranjero es pues, un yo poético que circunda y habla en muchos de sus poemas, de honda raíz reflexiva y crítico cuestionamiento de las políticas contra los pobres que se practican en gran parte del mundo.
.
¿Puede la poesía ser anatomía de la Historia, testamento de los apátridas, reencuentro entre la utopía y la practicabilidad de otras maneras de convivencia y organización social? ¿Qué papel le toca jugar al extranjero en un tiempo dónde son más los removidos de su tierra y dónde la mezcla de culturas y gentes está conspirando a favor de una esperanza sostenible en los vínculos con los distintos a mi? La lectura que Borra dibuja del presente no es especialmente optimista a este respecto. "Detrás, la estela de lo vivido / tiembla.//" reconoce el poeta, que llevan los naufragos en su más hondo pulso, una tormenta, en su abisal ser, un naufragio que les acompaña donde vayan, como un estigma que no sólo ellos sienten, sino que la comunidad no nativa ni común vee en ellos. Aún así, pese a la consistencia del desierto, hay una clave vital, una resistencia innegociable que deviene de una fuerte autoexigencia de conocerse, de reconocerse y de comprender el mundo observándolo, meditando, apostando por un pensamiento tenaz y crítico que ponga las cosas en su sitio, desenmascaré las falsedades de los estereotipos y los prejuicios y nos posibilite para un diálogo y una restitución de la identidad.
.
Leer este poemario, no tranquilizará, no acomodará ni regalará paraisos de consolación. Eso si, habré un pasillo entre lo negado y lo por cultivar, entre la soledad marginal y la dignidad del diferente, entre la civilización del pensamiento único y la heterodoxia que socializa y confraterniza contrarios, extraños, en una pluralidad y complementariedad que es el mayor tesoro de nuestra especia y futura supervivencia. Umbrales del naufrafio dice del hoy, y apertura un mañana inmediato más justo, sostenible, amable. Aunque cueste tener que naufragar una y otra vez en su intento.
.
.
Víktor Gómez,
Una relectura en las orillas para la poética de las diásporas de Arturo Borra (I)
-
-




-
.

.
. POEMA DEL HAMBRE
- .
No parace que quepa, hoy en día,
otra poesía más que la que diga el hambre.
.
Chantal Maillard
- -
Preguntás como se conjuga la palabbra
'hambre' en un poema. Pero un poema
sin hambre no es. No todos saben que el hambre
es poema, que no hay

palabra que salve de la desnutrición que rompe
los cuerpos.

Es cierto que la palabra 'hambre' no
es
todavía cuerpo hambriento. Apenas un poema
la menciona avergüenza de delgadez
(pero quien conjuga
no puede conformarse con la plenitud

de lo inexistente).
.
Un poema sin hambre es palabra desdentada,
altar de sacrificios.
La palabra
'hambre' no llena el poema: lo abandona
desnutrido hasta la médula, socava
su manta, la geometría del
equilibrio.
.
El hambre muerde tanto silencio y
por hambre se escribe:
-
-
para ofrecer el vientre . . .


. .
-
-
CEGUERA

. .
No es que las cosas sean transparentes
y la mirada enturbiara lo que reposa

en su espera.
.
-
La ceguera es anatomía de la mirada

y sn embargo

hay resquicios de la luz que no sucumben
en trayectos de lo imperceptible.

Se mira desde el fragmento; se ensaya
en la penumbra.

-
-
-. . .

. . .
-
ç
-
OTRA ESCALA

.

.
¿Me dejaré caer?
.
¿Qué otra playa
rescatará este naufragio

que llevo a bordo?
.
Detrás la estela de lo vivido
tiembla.
.
.

..
. .

-
-
TAMBIÉN VIAJAN

las heridas también viajan
por regiones innombrables
que en los precipicios te nombran
con la furia de las flores en manos de la noche
y esa ternura de vientre ofrecido a los labios.

.
. .
. Arturo Borra Umbrales del naufragio,
Ed. Baile del Sol, 2010
-
-
-
.