jueves, 12 de julio de 2007

ANTONIO CABRERA la poesía de la amistad y el decir más natural de lo inefable


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MONEDA DE NIEVE





a José Luis Parra y Susana Benet





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Tras una inesperada raya negra


de sombra,


el ambicioso verde de la umbría


detuvo el sol de enero.


La senda se abrió paso


entre unos alcornoques.


Bajo su protección,


humilde perduraba un cúmulo


de nieve,


-------------------- una moneda


cuyo reverso


estaba helando el corazón del musgo


y apresaba hojarasca


para hacerla morir de nueva inútil muerte.


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Me aparte del camino


y fuí a dejar sobre su anverso


mi huella voluntaria,


dibujo sin propósito,


juego tan simple,


acuñación sin más valor


que el de un rastro fingido.





Qué casual, y sin embargo,


qué destinada compañía


la de mi huella


y las cautivas


--------------- e íntimas


cosas muertas

AIRE SIN


Todo el futuro

aislado

pretende ser un ideal.

Pero en su

dejarse venir,

en el devenir involuntario

ese afán

de casi llegar,

este espejismo en la desierta

lentitud

del día soleado e implacable

anuncia

lo nunca dicho:


"somos aire, estamos de paso,

en la indócil exigüidad

de la sed somos augurada

agua bajo la roca de los silencios.
-
Mediodía. Liquida línea
-
del horizonte.
-
A mitad de un lugar.
-
Se siente el mundo licuarse.
-
Queremos llegar

y no llegaremos. Habiendo

llegado solos

nadie sabrá

que somos aire sin nombre,

sin bandera, sin rostro".
Viktor Gómez

miércoles, 11 de julio de 2007

EDUARDO MILAN: El poeta uruguayo sin fronteras


POR QUÉ AMO TU LOCURA...

¿Por qué amo tu locura,
tu desparpajo, tu falta
de reloj y tus atajos
cuando estoy prácticamente a punto
de caer de cabeza en el abismo?
O sea en ti. Pero no sólo
eso: hay mucho más de ti que quiero
y no revelo. Esa lámpara
que enciendes en el fondo.




Ahí va por el camino como un ciego
caracol sin cara la escritura, otrora una
diáfana mirada al día, otrora un aura que
el caminante amara. Amara, ¿qué es amara? La
sostenida en la sutil brisa marina, la colgada
por los cabellos a la realidad, reata, rea
más buscada. Y la más mirada: en 1750
la miraron a los ojos, una claridad felina
la sostuvo en pie sobre la piedra lisa: estaba
feliz. La levedad en los ojos del levante y la
caída en los ojos del poniente, luz que baja
a hundirse, ¿a hundirse dónde? en la página. Rosa
de todos los vientos, soplo arrogante que te empuja
más allá y más allá, animal arrogante: después
de la aurora no da un paso.






ESTOY HABLANDO
Una meditación poética de Eduardo Milán
(Fragmento)

Cuando todo ha desaparecido en la noche, «todo ha desaparecido» aparece. La noche es aparición del «todo ha desaparecido». Esto con la contundencia de lo escrito a mano, con marca de labor y con la extrema certeza de quien ve lo que dice por un telescopio, con la visión de lo que dice como de algo que va pasando, fluye. Esto tiene una eternidad encerrada entre comillas y punto. Rastros ininteligibles sobre la arena. Huellas de patitas de mosca. Tiene silencio, no de palabra: de aquel dentro del cual todo duerme, todo abarcando como una carpa la entera disposición de los seres. Esto merece más que una primera vista, un vistazo de amor. Merece una ininteligibilidad, dos, tres. Merece que no se entienda y sobre ese no entendimiento de escritura se funde un pueblo feliz de nombre Feliz. El primer párrafo «Cuando...», guirnaldas de fin de año tendidas de unas a otras comillas, es de Maurice Blanchot. Las guirnaldas son mías. Pero eso cae contra el paso a paso de la noche que fluye desapareciendo.
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Dice Ricardo Cano Gaviria: «Hay que ser Mallarmé. Pero de izquierda.» Esa fusión es creíble y necesaria. Con algo de Joyce y bastante de Tristan Tzara. En cuanto a mí, nada. Yo fui feliz. Y muy probablemente lo sea todavía.

martes, 10 de julio de 2007

Mª VICTORIA ATENCIA: EL PAJARO CAUDAL



El pájaro caudal


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El pájaro que vuela sabe de un dios menor que sabe
-aunque a tientas- de un vuelo
que se proyecta a punta de lápiz en las cartas
frente a la infinitud de una noche o su número.

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El pájaro solitario y caudal. Quien a solas se alza
-San Juan no lo ha advertido- a solas
desabridamente cae.

MARIA VICTORIA ATENCIA (Málaga)

LORCA: Carta con la misión poética



Una carta de Federico García Lorca dirigida a Melchor Fernández Almagro, en la que habla de su misión poética y de su amigo Dalí, fue adjudicada hoy por 28 mil 400 euros (unos 400 mil pesos mexicanos) en una subasta celebrada por la casa Christie’s de Londres.





“Quiero ser un poeta por los cuatro costados, amanecido de poesía y muerto de poesía. Empiezo a ver claro. Una alta conciencia de mi obra futura se apodera de mí y un sentimiento casi dramático de mi responsabilidad me embarga” ,escribe Lorca (1899-1936).





En la misiva, que superó el valor estimado por la casa de subasta, que oscilaba entre las 8 mil y las 12 mil libras (entre 170 mil y 243 mil pesos mexicanos), el poeta menciona a su “amigo y compañero inseparable Salvador Dalí” y asegura que sostiene con él “una abundante correspondencia”.En la misiva, de la que se ha perdido la parte final, Lorca habla también de sus impresiones de la ciudad de Barcelona y su placer por estar en el Mediterráneo. “Allí está el Mediterráneo, el espíritu, la aventura, el alto sueño de amor perfecto. Hay palmeras, gentes de todos los países, anuncios comerciales sorprendentes, torres góticas y un rico pleamar urbano hecho por máquinas de escribir. Que a gusto me encuentro allí con aquel aire y aquella pasión!” , escribe el poeta granadino. “Además, yo que soy catalanista furibundo simpaticé mucho con aquella gente tan construida y tan harta de Castilla” , continúa.La carta va ilustrada con figuras de la “commedia dell’ arte”, en especial Pierrot, características de la época en la que Lorca trabajaba en su Romancero Gitano.


Lorca dirige la misiva a su “Queridísimo Melchorito”, como llamaba el poeta a Fernández Almagro (1893-1966), una destacada figura de la vida cultural granadina.
LONDRES, Agencia EFE

lunes, 9 de julio de 2007

ELENA ESCRIBANO: TEORIA DE LA INSPIRACION (I)

Hay muy pocos temas tan polémicos entre los poetas como el de la inspiración, de hecho, rara vez sale en sus conversaciones, y cuando esto sucede se nota la huida apresurada hacia las cancelas más seguras o el más cercano burladero, anda suelto el toro embolado de la Musa. ¿Qué decir que no resulte demasiado manido, ingenuo o decadentemente provocador?

Vivimos en una sociedad altamente tecnificada y racionalista en la que todo lo que no se comprende racionalmente es rechazado muchas veces sin contemplaciones. Además el pensamiento democrático impregna parcelas que nada tienen que ver con la política, y reclama la igualdad, no sólo ante la ley, lo que es absolutamente deseable, sino también en campos tan poco propicios para lo democrático como la creación artística.

Así oímos voces que aseguran que cualquier persona que trabaje lo suficiente y se forme de la manera adecuada podrá realizar una obra de arte. Son los defensores del taller, del trabajo creativo con un horario más o menos fijo, de la constancia en la seguridad de que el poema genial acabará por llegar si se le busca con insistencia. En su actitud democratizadora nadie es considerado especialmente merecedor de dones particulares, todo aquel que busque la poesía de la manera correcta la encontrará.

Otros por el contrario mantienen que toda creación poética verdadera es producto absoluto de la inspiración, llegando incluso a defender que el poeta es un mero transmisor de la Palabra, así con mayúsculas, Poética. En ese rapto de la mente el poeta hará bien incluso si desaparece, él mismo y su intrahistoria, porque su función es la de aplicado alumno al dictado de la Musa. Son los poetas arrebatados, abducidos, no lo merecían pero les ha tocado a ellos, como el don de la profecía, y lo viven con el agradecimiento y la humildad que pueden. La poesía es un don gratuito y lo tiene quien lo tiene; pertenecen a la elite de los elegidos y pagan el peaje de la Gracia con el puro miedo de desconocer si serán nuevamente visitados por el Espíritu de la Palabra o han sido abandonados para siempre.

Pero hay otra postura intermedia: la inspiración existe y es imprescindible en todo gran poema, pero esa inspiración no llegará en toda su plenitud si el poeta no ha afinado adecuadamente su voz con el trabajo constante y el conocimiento de la tradición y del aire de su tiempo.


Decía Federico García Lorca:

“Si es verdad que soy poeta por la gracia de Dios –o del demonio–, también lo es que lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo, y de darme cuenta en absoluto de lo que es un poema”


Esta tercera vía acepta la posibilidad de la inspiración, a veces incluso se asombra por su fuerza inusitada, pero es también consciente de que la inspiración, por genial o potente que sea necesita un instrumento bien afinado, una voz muy trabajada para que pueda manifestarse con todos sus matices y en toda su plenitud. Se parecería en cierto modo al trabajo constante de la bailarina clásica que dedica largos años a conseguir un cuerpo fuerte, de músculos bien preparados, conocedora de las distintas técnicas y recursos que logran que su cuerpo sea tan flexible y fuerte, tan preciso y armónico que sea capaz de interpretar con él desde la composición más delicada al más arriesgado de los saltos. Esa bailarina a veces podrá interpretar muy acertadamente composiciones de mucha dificultad, pero puede ser que en algunos momentos su cuerpo perfectamente trabajado reciba ese algo que la eleva más allá de ella misma y su danza ya no sea interpretación sino creación. Arrebatada por sentimientos difíciles de interpretar por ella misma, apoyados en una técnica perfecta, logra la emoción absoluta de todo el que la contempla. Sin el trabajo previo, por mucha inspiración que alcanzara sería una bailarina mediocre, sin la inspiración, por muy experta que fuera en su oficio, sólo alcanzaría el término de correcta.


¿Y qué es la inspiración? J.R.J. la identificaba con la inteligencia. El dios al que dirige su plegaria es su pensamiento, buscador incesante del prodigio de la palabra perfecta, como reflejo de la esencialidad que busca descubrir y poder transmitirnos :
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¡Inteligencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
Que mi palabra sea
la cosa misma
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas…
¡Inteligencia dame
el nombre exacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas!
--
Aníbal Núñez prefiere bromear con el asunto y en su “L.C.M” (Liquidación por Cambio de Musa) nos dice en el poema “Caza Mayor”
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Rastreando las teclas una a una
en conjunto o por zonas
el poeta ojea el muy posible
bando de inspiraciones, la manada de musas…

-
Valente en Treinta y siete fragmentos le suplica:
-

Y ahora danos
una muerte honorable,
vieja
madre prostituida,
Musa.

ELENA ESCRIBANO: TEORIA DE LA INSPIRACION (II)


Entre la inspiración como don divino, como búsqueda intelectual o como manada de musas…o “madre prostituida” hay demasiada distancia de tono y profundidad. ¿Por qué tantas diferencias entre unos y otros? ¿A qué se le tiene tanto miedo?

Desde el Romanticismo a nuestros días hemos andado un largo camino en la poesía lírica que ha ido desde la exaltación del yo más absoluto, a considerar el yo poético como un ente de ficción. En este ocultamiento del yo, en ese pudor que parece que arrastra todo poeta contemporáneo, en ese miedo o en esa delicadeza, que prefiere no imponer el yo del poeta y sólo sugerirlo como personaje, tímido personaje que quiere ser conocido pero no demasiado, se encuentra una de las claves de la poesía del S. XX y actual. El simbolismo y sus velos para ocultar, al mismo tiempo que desvela a los iniciados, el yo lírico, el pudor afectivo, el yo social como ente revolucionario frente al yo íntimo-individual, el monólogo dramático, la metapoesía, y posteriormente, el poeta como “fingidor” o más abiertamente como ente de ficción, son la misma cosa: el miedo que se tiene ante lo inevitable: mostrar las cicatrices del poeta o su emoción, en un mundo racionalista en el que esas cosas se llevan en silencio y lo más discretamente que se pueda.




En este contexto nadie desea ser “señalado” por la Musa, ni menos aún que se sepa que le visita a altas horas de la madrugada. La inspiración ha acabado siendo esa relación vergonzante que se lleva como se puede, y que no se sabe como presentar a los conocidos más presentables: “Aquí mi amiga”…o… “Mi compañera” si es algo progre, y en muchos casos el silencio desconcertante o salvador.

Pero la relación existe. Siempre ha existido. Existe la inspiración, nadie que la haya conocido una sola vez en su vida puede negarla. Y los lectores también huelen su presencia porque, cuando realmente se muestra en un poema, éste adquiere una categoría superior a la de “bueno” o “perfecto”, es sencillamente inefable. Es eso que nadie sabe lo que es pero que se encuentra incluso en poemas de técnica defectuosa, pero da igual, son grandes poemas. Sin embargo, por adecuado que sea el ritmo, por exacto el lenguaje…si no está atravesado por ella resultará grato, inteligente, bueno incluso, pero no será un gran poema.
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El problema tal vez sea el nombre: inspiración. Nombre desgastado por el uso, pero sin embargo absolutamente revelador desde mi punto de vista.






Inspirar significa “atraer el aire exterior a los pulmones”. Se necesita para ello un ser capaz de mezclar su yo íntimo, su aliento –que ha recorrido por los glóbulos rojos de su sangre alimentándola–, con el exterior; de él recoge el aliento y a él lo devuelve. Se comunican el interior y el exterior, lo más profundo de nuestro ser entra en contacto permanente con el exterior del ser. De él se alimenta, a él devuelve lo utilizado. Se hace un, en un acto tan sencillo y repetitivo que todos aquí lo hacemos sin darnos cuenta de que, a la vez, estamos mezclándonos, refrescándonos, alimentándonos unos y otros de la misma materia que compartimos a pesar de las distinta individualidades.

La inspiración tiene su materia orgánica en el aire del tiempo que nos rodea a todos y en la tradición. No hay inspiración atemporal. Machado lo dijo muy bien: la poesía es la palabra esencial en el tiempo. Y es el poeta el que inspira ese aire común, esa forma de entender la vida que tiene cada generación como evolución de la tradición y como búsqueda revolucionaria, y lo hace suyo, lo introduce alimentando su ser, refrescando su sangre, y devolviendo en forma de poema lo que fue un latido, un descubrimiento, una “ocurrencia”.




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Elena Escribano con su amigo el poeta Angel Gonzalez en Valencia, 2007






Porque en el momento de la inspiración está funcionando a la vez todo lo que somos, todo lo que nuestro ser ha sido capaz de metabolizar a lo largo de nuestra vida: la tradición literaria, el “aire” de nuestro tiempo, el ritmo de la música, todas nuestras lecturas y escrituras, películas, canciones, y fracturas, desde el yo más íntimo al más social. Y en ese momento, cuanto mejor se haya trabajado el oficio de poeta, cuanto más afinada se tenga la voz, mejor sonará ese verso primero que dicen nos regalan los dioses pero que hemos de trabajar, y mucho, para que surja pleno de significados y de belleza.

Sí, creo en la inspiración, pero nada puede hacer por ella misma sin el trabajo continuado, el conocimiento de la tradición el estudio serio y la autocrítica rigurosa.

Sin ella sólo tendremos versos bien manufacturados, versos de artesanos del verso, correctos e inteligentes en el mejor de los casos, pero faltos de eso que nadie sabe qué es aunque siga llamándose inspiración.

Y como creo que me he puesto muy seria, quisiera acabar con un poema anónimo que me he encontrado encima de la mesa esta mañana, tal vez lo haya dejado la Musa de los lunes, pero que le agradezco profundamente por irle al pelo a todo esto que les acabo de contar.


Dice así:

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LA INSPIRACIÓN


Se busca un poeta que emocione
a un lector que se ha quedado sin palabras.

Me sirven los poetas ya expirados,
inspirados, ex - pirados
o pirados ya directamente,
siempre que me lleven arrastrada
o en volandas
desde el primero al último
de los versos de un poema,

Me va la línea clara o el silencio
siempre que digan algo con aquella inteligencia
que convierte la barra de los bares
en un campo de combate de distinta artillería,
o me dejen sin aliento cuando adensan
–apenas unos cuantos sustantivos–
la sustancia de lo que siempre ando buscando
y cambia tanto a lo largo de la vida.

En el fondo la poesía
es así de imprescindible.
A mí al menos me permite respirar.

Artículo de Elena Escribano


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Es por esa facilidad que tiene Elena Escribano de atraparnos como la araña en su red y dejarno indefensos ante su pasión por la poesía por lo que un Taller de Poesía Universitario acaba convirtiendose en un vivaz grupo poético, de lo más libre, vario y singular y sus clases en un con-versar con la poesía de todos los tiempos y la escucha de muchos lectores con instinto órfico.


V.G.