
(Revista Prometeo)
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CONFESIÓN DEL FUGITIVO
Sólo soy feliz yéndome.
No entre cuatro paredes, con sus sendas espadas,
sino entre aquí y allí, una casa y otra,
ajenas ambas preferiblemente.
No puedo ya, ni quiero, estarme quieto.
Ni ahora ni después. Ni aquí ni allí.
En todo caso ahí, donde estás tú,
seas quien seas tú, ponme tu nombre.
Yo no soy yo ni puedo tener casa.
No digo ya porque nunca lo fui,
nunca la tuve, siempre fui extranjero:
el mendigo que duerme bajo el puente
que une mis dos orillas y yo cruzo
sin poder, día a día, detenerme.
Escribo porque espero. Pero ya no sé qué,
se me ha olvidado. Espero que escribiendo
llegue a acordarme. Insisto en la intemperie.
Sinvivo entre paréntesis
en el espacio vivo y tiempo muerto
de la espera de qué, entre dos aquíes.
Nunca en, sino entre. No in ma tra.
He decidido que mi patria sea
no decidir, no estar en ningún sitio
que no sean aviones, naves, trenes,
donde yo sea sólo el pasajero
que sé que soy, sabiendo
que me inquieta la paz
y la quietud me asusta,
que la seguridad no me interesa,
que sólo soy feliz cuando me sé fugaz.
Sólo soy feliz yéndome.
No entre cuatro paredes, con sus sendas espadas,
sino entre aquí y allí, una casa y otra,
ajenas ambas preferiblemente.
No puedo ya, ni quiero, estarme quieto.
Ni ahora ni después. Ni aquí ni allí.
En todo caso ahí, donde estás tú,
seas quien seas tú, ponme tu nombre.
Yo no soy yo ni puedo tener casa.
No digo ya porque nunca lo fui,
nunca la tuve, siempre fui extranjero:
el mendigo que duerme bajo el puente
que une mis dos orillas y yo cruzo
sin poder, día a día, detenerme.
Escribo porque espero. Pero ya no sé qué,
se me ha olvidado. Espero que escribiendo
llegue a acordarme. Insisto en la intemperie.
Sinvivo entre paréntesis
en el espacio vivo y tiempo muerto
de la espera de qué, entre dos aquíes.
Nunca en, sino entre. No in ma tra.
He decidido que mi patria sea
no decidir, no estar en ningún sitio
que no sean aviones, naves, trenes,
donde yo sea sólo el pasajero
que sé que soy, sabiendo
que me inquieta la paz
y la quietud me asusta,
que la seguridad no me interesa,
que sólo soy feliz cuando me sé fugaz.
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