domingo, 5 de octubre de 2008

poeconomía (del oso astur) por Julio Obeso

la bolsa cayó por tercera vez





en la misma mañana





y volverá a hacerlo otras tantas



si no amaina el viento






poseo un bien no mueble inadmisible como aval

me comentan en ventanilla que el amor apenas respalda










.la oferta dice:

"hasta el fin de la existencia"
pero no continua sólo hay números

¡qué lástima! la verdad es que prometía




cuando el mercado fluctúa

se abre una horquilla

para los pequeños suicidas













eco: NO MÍA-NO MÍA-NO MÍA-NO MÍA-NO MÍA








Julio Obeso Gónzalez, poeta y narrador de Gijón, escribe aquí






4 comentarios:

Jenni dijo...

Me ha encantado, me ha encantado, me ha encantado!!!

Viktor Gómez dijo...

Jenni:

Éste Julio es un crack. Y de nuevo me volvió a sorprender. Es un oso astur y canalla.

Me alegra que también a tí te gustase, teniendo en cuenta que de esto de la poesía visual sabes y haces con muy buena mano y ojo.

Un beset

Víktor

Julio Obeso González dijo...

Gracias Viktor por "incrustarme" en tu espacio; lo disfruto mucho más que la última vez contra el escaparate del Corte Inglés, sin tener ni una sola de mis facultades activa (por lo menos a ti que conducías te saltaron los airbags). En serio, compi : Todo un detallazo.
Jenni: Gracias. Visitando tu blog de Fotopoemas, me encuentro que a tus veinti...pocos, en una de las entradas (papiroflexia-creo), hay una pieza musical increible: "My Favorite Things" de mi (porque es mío) John Coltrane. Te dejaré un comentario en cuanto pueda. Esa canción tiene una historia detrás muy curiosa. ¿Viste la película Sonrisas y lágrimas? Pues por ahí van los tiros. Una grta y enorme sorpresa, tus fotopoemas y la música que eliges.
Un besazo a los dos, por separado ¿eh?, que Viktor enseguida propone figuras de poker.
Julio

Viktor Gómez dijo...

¿cómo no flipar con los fotopoemas?

Verás, Julius, que hay buena madera, que se suma y se espesa en ese bosquecillo de Levante que última y necesariamente se llega de las orillas mediterraneas hasta tu ventana. ¿Oyes los pájaros?, vuelven a su nido, en tu tejado tras jugar entre nuestras ramas.

Gracias a tí, hermano, que acompañas y que me enseñas sin ninguna pretensión secretos pequeños -y descuidados de sí- del vivir.

Tu Víktor