martes, 13 de enero de 2009

JESUS APARICIO GONZÁLEZ: diálogos con el temblor


La perfección de su mano retiene
este amanecer deshabitado de pájaros.
En la quietud la sombra
se sabe eterna. Sin herida
ni esperanza la tierra es sólo ausencia.
Nada. El silencio está sin alimento.
El ser tambien descansa.
Papel en blanco. Luz
en barbecho.

Jésus Aparicio González



Recibí a finales del 2008 el poemario de Jesús Aparicio y vengo leyéndolo despacito en horas de asueto o perdidamente en algún Café de la ciudad. Valoro el potencial positivo, ilusionante, resistente de su temblor ante la vida, ante los límites y desastres. Entiendo desde sus textos una voluntad soberana de iluminar la mañana con la claridad apasionada del verso, con la esperanza humana de la intrahistoria gobernada en justa belleza por los dones del espíritu y una inteligencia dada al bien común, a la entrega y al esfuerzo por mejorarse uno y aportar al presente una voluntad de paz y equilibrio. Difícil tarea, en tiempos aciagos. Valiente su salir a la calle con estas "cuartillas de náufrago" a darnos contra el desánimo, coraje y frente a las torpezas y olvidos, memoria de los bienes y solvencia de lo vivido. El poemario no elude ni disimula lo atroz o lo enigmático de muchas situaciones vitales o sociales. Es su manera de situarse, de renombrar, lo que le confiere ese gozoso morar, esa solidaria y cercana escucha, tan a propósito, tan sin rencores o reservas. Es pues un sol el de sus páginas, irredento: "Mas no se rinde / mi sol de infancia". Y una sabiduria, de ingenuidad después de la experiencia y lo fatal, un defender la niñez como reserva de verdad y capacidad de mirar el mundo, que nos interpela.

Gracias, compa, por el regalo.


Víktor Gómez



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El increado

A Salvatore Quasimodo


Seré polvo
apenas perceptible
que pase fugaz
sin posarse en nada.
Nada me debes.
Pero exijo el don
de nombrar mi vacío
y hacerlo en secreto,
la gracia de saberme
rocío entre las peñas
que no puede aguantar
la luz del sol,
el consuelo de haber
vestido de lluvia
el rostro de la amada.
Concédeme mi día.



©Jesús Aparicio González
(Guadalajara, 1961)
Las cuartillas del náufrago
Ed. Vitruvio

4 comentarios:

Ana María Espinosa dijo...

Tanto las imágenes elegidas y los textos son de gran belleza Víktor.
No conocía a este autor, ni a Salvatore Quasimodo. Me gustan ambos, tienen conexiones en sus poéticas.

Esmeralda Martí dijo...

Me encanta este autor. Quisiera habitar ese momento desprovisto de pájaros, de miedos, de luces o sombras...llena de la satisfacción, la paz de los espacios habitados por la calma.
Muy bonita descripción. Enhorabuena.
Esmeralda

Viktor Gómez dijo...

Ana Mª:

Salvatore Quasimodo es uno de esos premioados con el Nobel (1959) olvidado y de poca atención en España si bien tiene una sugerente musicalidad y ritmo mediterraneo, a la vez filosofante e intimista, matizado en ocasiones por un lenguaje irracional, de corte más centroeuropea y vanguardista.

Su poesía sabe darse en lo íntimo y en lo social, en el clasicismo y en la innovación. Es muy singular y reconocible, un mundo propio se ofrece, rico en matices y propuestas, lírico y esencialista. Este es pues grande, a mi modo de leer.

En cuanto al compañero de Guadalajara, la verdad es que me hizo un hermoso regalo, poco antes de entrar en las navidades, que he ido saboreando y respirando, que me ha acompañado con calidez en las horas más frías de éste metasimbólico invierno. Julio bebe de la poesía canónica y la envuelve de veraz pulsión y revulsión positiva en un poemario que se relee con fluidez.

Me alegra que te haya gustado. Sabrás más de él.

Un abrazote

Víktor

Viktor Gómez dijo...

Esmeralda:

Valga lo comentado a Ana para introducir un poco sobre la poética de Jesús. Dije por error Julio a Ana. Me perdone el lapsus. ¡En quién estaría yo pensado...!.

Como bien dices, este poeta nos situa frente a lo real, con sanas vibraciones, con serenidad. Ese caudal trae paz, se agradece. Y está bien resuelto formalmente.

Gracias por tu visita y huella,
ganas de veros,
Un beset,

Víktor