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No es lo mismo escribir del exilio, que desde el exilio, ni es lo mismo hablar del duelo de la pérdida, que desde el duelo mismo. Juan Gelman, más allá del consuelo que la poesía le ofrece, se expone, arriesga su vida y su corazón, en cada poemario. Como Eduardo Milán no escogió una vida tan compleja, atribulada. Se le vino encima. Lo que si optaron ambos poetas es por RESISTIR y por DARSE en cada poema, con la urgencia, generosidad y talento que muy pocos poetas vivos pueden ofrecer hoy.
En Visor, aparece MUNDAR. Lo recibí ayer. Me sumergí y al menos a mi me ha roto algo dentro. Algo que se expande hacia afuera y comparto con todos: gratitud.
Poesía así, reclama gratitud por gracia recibida y acción. Osadía que no se complazca, que siga indagando e indagándose, creando 'otra gramática' (al decir de Gamoneda sobre Gelman), descubriendonos qué somos, quienes somos. Desenmascarando las metiras, los mentirosos (los internos y los ajenos a nosotros).
Dejo, pués, el poema que incia el libro y que recomiendo encarecidamente.
Víktor Gómez

MUNDAR
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La manzana
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Manzana sola en la fuente.
¿Qué haces sin Paraíso? Nadie ve
su cicatriz amarga.
¿Me pregunta
a dónde fue el secreto
de irse por tanta puerta
cerrada, alto el crepúsculo
firme, la cara que
sueña, sueña, sueña,
sin importar lo que perdió?
En un rincón, el viento
mueve la sombra de las hojas.
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Más sobre Juan Gelman en su bitácora:
http://www.juangelman.com/