jueves, 21 de julio de 2011

GLORIA FUERTES, POETA DE GUARDIA, la más actual y necesaria


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Sale caro, señores, ser poeta.
La gente va y se acuesta tan tranquila
−que después del trabajo da buen sueño−.
Trabajo como esclavo llego a casa,
me siento ante la mesa sin cocina,
me pongo a meditar lo que sucede.
La duda me acribilla todo espanta;
comienzo a ser comida por las sombras
las horas se me pasan sin bostezo
el dormir se me asusta se me huye
−escribiendo me da la madrugada−.
Y luego los amigos me organizan recitales,
a los que acudo y leo como tonta,
y la gente no sabe de esto nada.
Que me dejo la linfa en lo que escribo,
me caigo de la rama de la rima
asalto las trincheras de la angustia
que nombran su héroe los fantasmas,
me cuesta respirar cuando termino.
Sale caro señores ser poeta.

viernes, 15 de julio de 2011

EMILY DICKINSON Y LOS INDIGNADOS

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All men for Honor hardest work
But are not known to earn--
Paid after they have ceased to work
In Infamy or Urn--

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Por honor todos nos afanamos,
pero nada se sabe del salario;
se paga a la tarea concluida
en infamia o en urna. 
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By homely figt and hindered Words
The human heart is told
Of Nothing--
'Nothing' is the force
That renovates the World--
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Tener habilidades
domesticas y ser torpe al hablar
no dice nada del corazón del hombre.
Esa nada es la fuerza
por la que el mundo se va haciendo nuevo.







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Traducción de Carlos Pujol para Ed. La Veleta (Granada) 
para el libro Emily Dickinson. Algunos poemas más

HUGO MUJICA PREGUNTAS Y RESPUESTAS (I)

Entrevistador - ¿qué te abre el poema de Rene Char?


Hugo - Cuando las cosas coincidan con lo que son y no otras. Así es ese canto por un regreso, yo diría una recuperación de lo noble. Es un poema sobre la recuperación de la nobleza.


Entrevistador - ¿qué es la nobleza para ti?


Hugo - Que las cosas coincidan con lo que son, desnudadas de toda apariencia. Quizá eso sea la poesía también.





 - nosotros venimos de una memoria inolvidable por no tenerla... siempre nos falta con ese origen... vivimos como entre dos abismos que taponamos mitos de origen, metas de destino... el silencio fue un viraje en mi vida... el silencio cuando es humano no es silencio... es volverse escucha... escuchar es volver a un lugar de recepción... 

el hombre es un ser de escucha






 - cuando te estás desprendiendo del ruido y todavía no estás en silencio estás en plena pérdida y además el ruido es aquello con lo que te identificas... 
quien soy yo ahora... ser ese que escucha y que intenta dejar hablar eso que soy yo hablando ser"mi hablar" o ser "mi escribir"... pensamiento y poesía van juntos... me defino como un poeta filosofo... amar es crear






HACE APENAS DÍAS

Hace apenas días murió mi padre,
hace apenas tanto. 
Cayó sin peso,
como los párpados al llegar
la noche o una hoja
cuando el viento no arranca, acuna. 
Hoy no es como otras lluvias
hoy llueve por vez primera
                  sobre el mármol de su tumba. 
Bajo cada lluvia
podría ser yo quien yace, ahora lo sé,
                              ahora que he muerto en otro.






Hugo Mujica conversa en el programa de la televisión chilena Una Belleza Nueva de Cristian Warnken.

www.hugomujica.com.ar
www.unabellezanueva.org

martes, 12 de julio de 2011

NOVEDAD EDITORIAL: LOS SUMERGIDOS de Miguel Ángel Curiel


SABINAS
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¿Qué otro árbol podría agarrarse de esa
manera al sol y al viento? ¿Te has agarrado así
alguna vez a la vida? O esas perchas de luz
que se mecen en las higueras. Así, los nudos
secos de mis palabras se desatan aquí por un
tiempo, por la ciudad que se aleja lentamen-
te, como una placa de memoria desgajada.
Rotura natural, implacable. Con todo eso
nunca olvidaré dónde está. Llevo la llave de
una puerta traída de la sierra. ¿Quién inventó
entonces las ventanas, los ojos de las casas?
Incluso cuando están vacías, ellas ven. El cris-
tal se empaña rápidamente. Las palabras lo
empañan todo. Así nos alzamos de puntillas
para ver el paso del desfile, los pájaros que
chillan o esas ascuas de espinas que remuevo
para sacar las palabras entre la ceniza verde.
Te quemas en el silencio de la raíz. No hay un
nudo que desatar en mi garganta o unos ojos
helados en el sol.

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LA FIESTA
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Unas palabras que ya no se cotizan, que
no ascienden una vez liberadas, o porque hay
demasiada luz, o se cargan con más peso del
que debieran asumir. De todos modos las he
leído en la fiesta y la gente ha aplaudido. Sa-
car  un papel doblado del  bolsillo de la cha-
queta, ahí están escritas. Unos renglones que
ascienden. Pensé siempre que lo que escribi-
mos o decimos debía ascender, aunque fuera
ligeramente, y si fuera posible salirse del pa-
pel. Ascender, como la alegría  más  leve, no
como el caracol o la babosa, que se deslizan
dejando  una  marca amarilla, unas líneas de
baba, de mucosidad cruzándose en los techos
y en las paredes blancas. Palabras que van de
una oscuridad a otra. Trazos lentos y sin ori-
gen. No es porque me haya puesto ahora un
caracol  en el brazo  esperando  que  me reco-
rra  que  digo esto. No  era  un buen ejemplo
para lo que quería decir. Las palabras deben
ascender, así es que no deberían encadenarse
unas a  otras, sino soltarse al momento para
abrir  el espacio. No  deberían formar una 

pesada cadena. Cierro  los  ojos y  me duelen
los  eslabones  de nieve. Ellas mismas dejan
el mundo  por  un instante y  no pesan. Allí
arriba parece que hay puentes metálicos, las
cabras de montaña los cruzan pero de una in-
visibilidad a otra. Era más fácil elevar metales
que piedras, casi todo era más fácil que eso.
Esos puentes metálicos más ligeros, que flo-
tan en la alegría allí arriba. Hasta las palabras
de amor pesan  demasiado para esta misión;
hermosas, no hablan más que de la posesión.
Son como las  cometas de papel, sólo el hilo
es lo que las hace volar, estar en el aire. Roto
el hilo caen en la turbulencia. Caen rompién-
dose en la fiesta. Un hilo que une la ternura
a la violencia del aire las hace estar allí arriba,
a veces bailando, otras quietas. Pero no qui-
se leer esto en la fiesta. Les hubiese parecido
un texto  demasiado  disipado, efervescente;
un hielo desaparece en el licor. Hay quien se
mete piedras  de hielo  en la boca, caramelos
del pasado. Bocas frías, eso hice antes de leer
el texto  ascendente, dejar  piedras  de hielo
en las  bocas  de los  comensales. Pero  no leí
esto. Tenían que ascender como cometas sin
hilo, o si no cometas, algo parecido a las sá-
banas, algo muy blanco en el aire casi tan li-
gero como las nubes. Esas sábanas en el cielo
descendiendo ligeramente o quedándose para

siempre como pájaros de hilo que chillan. Leí
algo más directo, pero esas palabras se soste-
nían mal, eran lombrices salidas de la tierra,
perforadoras de los  instantes, palabras oscu-
ras aireando la cal o los montones de arena.
¿O no hacen eso estas lombrices un poco an-
tes  de que  llueva, escribir palabras indecisas
en la luz, o ese silencio de ramas en el que te
dispersas demasiado?


Bajo mis pies hay dinosaurios, bordes de
abismo, alas de hueso. ¿Qué soy entonces, el
ujier de estos  misterios, un hombre  libre  o
una liebre borracha?


Otra vez puentes metálicos allí arriba so-
bre esas ondulaciones de hierba peinada o sá-
banas, y  al final ese  paisaje  donde ella baila
con  las  raíces, una  hondonada  con  árboles
clavados, chopos boca abajo. ¿No será eso lo
que se llevan mis ojos al corazón, un paisaje
abierto por un río seco? 


Nunca se hizo  el milagro. Durante mu-
chos años lo esperaste. Qué queda entonces
sino la gravilla blanca de los  viejos caminos
o ese retrato de mujer que has dibujado con
carboncillos, un rostro blanco. Al menos tie-
nes su maquillaje en los dedos. ¿Cuánto tiem-

po estaría subiendo el hombre para traer las
palabras verdaderas al mundo. Y esos árboles
quemados, dónde tienen las bocas y las ore-
jas? Sólo veo nudos de silencio en la madera y
muy arriba astros con víboras. 


¿Si escucháis por las raíces las campanadas
de hielo, no podríais escucharme a mí que ya
no hablo? Pero esto no lo dije en la fiesta, sino
otras cosas menos invisibles, que se libran de
mí y me dejan más vacío y ligero que de cos-
tumbre. Esto lo notas bien al meter la mano
en el agua, nunca dejas de ver la mano en el
agua. Una mano sumergida en el agua; era así
la escritura de la alegría, y la mano que escri-
bía, al arrastrar las  palabras, no era más que
una  mano sumergida  o  sometida al silencio
del  agua y  la trasparencia, o  como lágrimas
de gusano mientras saca el hilo de su muer-
te. Toda mano escribe sumergida. ¿Ycuánto
tiempo la tuve bajo el agua aún cuando esta
estaba fría a principios de abril? Pero lo que
quería decir  no era  esto, se trataba  de algo
más transparente, menos pesado, como ma-
nifestar una dicha, y esa dicha era la misma
que  la del  día. Poco  podía  aportar  a  la luz,
y mi sombra en la hierba era siempre mayor
que yo. Me marché de la fiesta por las som-
bras de la noche.


Existía entonces un espacio para las pala-
bras no corrompidas, donde estas establecían
con la luz un reino invisible.
Pero a veces nos eran arrancadas de la boca
con fuerza.

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TACHADO
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Lo  que  fue  tachado  para no ser  aún  se
puede leer. Otra vez las escribo hasta que sa-
nen. (Mientras se hace hielo en el congelador
mi mano se quema en la nieve). Frutos , ojos
duros. De  noche la lluvia quema mis oídos.
Todo lo que escribo se secará.

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Miguel Ángel Curiel (2011, Almud Ediciones)
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martes, 14 de junio de 2011

ESTHER RAMON: SALES (Portbou - Colección Trasanlántica)

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Hemos recibido un don. Memoria. Pero todavía en la verdad de lo oral, no en la caligrafía ni en la prescripción, todavía en el nervio óptico, en su sintaxis inaprensible, un relámpago preciso sobre lo real remueve el corazón de la materia, nos comunica lo inaudible y desde ese fulgor de discrección somos emparejados para una visible fuga de lo sustancial. La vida, misteriosamente mineral, acuerda con el silencio y la ausencia un pacto: el poema quiere cumplir su anti-oficio, se abre en cicatriz carbón, nos anuda a la tierra como ningún otro imán. No por si mismo, sino por lo que le hace decir el mundo.

Salto.

Víktor Gómez






De cicatriz carbón 






Cicatrizan estos motores

en la palabra o el grito,

animales de la llamada,

del carbón dulce bajo la tierra.









Donde sólo ruinas,

donde hablan dos chimeneas

y se vierten los Circos,

las Compañías Explotadoras,

las manos de herrumbre,

las herramientas.









Había una enorme grieta,

entraron muchos hombres

de hambre y fuerza,

sus intensos olores,

sus pájaros en completo

hacinamiento.









Desnudar

la savia

en el contorno.

Lo que es

cae en gotas,

sin dispersarse.

A
a
a

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De  casetas



Abierta la baldosa 
oscura en la gavilla, 
sombra del bidón 
que se proyecta, 
oreja mordida 
por el perro oculto,
en los sacos 
de transporte, 
escuchar la mitad 
de sus gritos, 
clausurado el hangar 
se reproducen, 
cerrada la puerta 
no hay manos que 
destapen la mezcla 
de sus cantos, 
el barril rebosante 
de ambrosía, 
con fruición libar 
los platos, 
embudo con olor 
a combustible, 
sabor de la loza 
abandonada.
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 Oteiza. Homenaje a Mallarmé
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Sales de plata, quemadas por el sol. Salir de la mina, al aire. Cruzar el umbral. Salir del cuerpo. De la muerte. Un texto que profundiza en la condición mineral de la escritura como decía Cabral de Melo. Las sales de plata reaccionan a la luz, forman el negativo. La palabra impresa, negro sobre blanco, como negativo de la experiencia. Concavidad, huella de un vacío. Como la caja Homenaje a Mallarmé de Oteiza, da forma al vacío. Sale. Del interior de la mina, del interior de la caseta, cerrada a cal y canto. Los poemas de Esther Ramón, acompañados por fotografías de Mark Bentley, cuestionan la ausencia y la escritura. Ni son ilustrados por las imágenes ni las describen. Fotografía y poema son dos medios usados con una misma conciencia crítica, como explica la poeta en la nota final: “Se trata de fotografías de un tiempo que no sucedió, que fue creado a posteriori, puesto que Mark ensambla diferentes imágenes para crear un solo individuo o Frankenstein que evidencia o muestra −como el poema− sus cortes y cicatrices para señalar, tal vez, las nuestras. O para brindarnos un espacio intacto, inexplorado y un tiempo paralelo y no medido donde existir. Detrás.” Ambos procedimientos dicen el esto ha sido de Barthes. En el afuera los poemas musitan, no se sabe si estos espacios están ocupados. Habitados. Nos dicen: Esto ha sido habitado
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Portbou –Colección trasanlántica
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domingo, 12 de junio de 2011

LA PECERA SUBTERRÁNEA, de PILAR FRAILE. Aproximación y lectura.

Si Terry Eagleton nos sugiere en Cómo leer un poema que

Un poema es una declaración moral, verbalmente inventiva y ficcional, en la que es el autor, y no el impresor o el procesador de textos, quien decide donde terminan los versos

hoy celebro la lectura, exposición oral de la autora y relectura de La pecera submarina.

Tocuhe!, poema, me has llevado a esa incomodidad, a ese entrever, alteración del mirar, del  sentir lo oculto o imperceptible y me has evidenciado cuánto hay detrás, cuánto subyace en nuestro presente amenazador, inquietante. Y más.







Vivimos en su pecera subterránea. En la habitación mohosa y abisal que siempre permanece cerrada porque van a venir los invitados.
(fragmento de 37)





Espera y devenir: visita (aproximación) a la Pecera subterránea

el mundo existe porque existe el libro
J. Derrida

lo privado es público
J. Butler

El autor es responsable de lo no-escrito
E. Jabès



1

un círculo que enmarca otro círculo. aguas con vida bajo tierra. un lugar en el no-lugar.
se observa vida-muerte, luz-noche, lo privado-público, lo ajeno-propio, lo no-escrito-escrito que hablan, datan, sin fecha. los marcos móviles muestran insectos, vísceras y océanos bajo el mundo de la realidad… lo real son las multiplicidades del mirar: la extrañeza es el hogar donde la voz nos interpela, donde impaciente espera entre dos silencio una visita imposible.






2

es hija del vértigo y la caída del sueño al despertar, signo, imagen, partitura de los partos, nana de misterio y “memorias microscópicas”. no la alucinación:
metamorfosis de la metamorfosis.


3

desenterrar la aún viva sangre, emerger en ella, auparse sobre un “millón de cadáveres” suciedad y resplandor, ser temblorosamente un cuerpo lacerado, desde la herida colectiva del daño que aúlla.



4

espectro, bestia, la pared-malla traza el violento marco de “su inexplicable geometría”; la imaginación creativa por lo real, esa esperanza que dibuja es la libertad y es la insurrecta consciencia del prisionero:
el miedo al durmiente muestra los límites…









5

miedo y límites, las razones no bastan, las palabras no son suficientes para subir por encima de la asfixia, ¿ahí nace el poema? ¿no es la fragilidad, las primeras derrotas, donde la tinta se vuelve música de sentido, alarma, voz poética? un si que sube resbalando por el agujero al fondo de lo innombrable, donde pueda la vida comenzar otra.



6

un incendio, la escritura: quemados todos los nombres, comenzar desde el cuerpo un diálogo.



7

nacer con un grito, ondas que abren ondas, se expande, atrás queda el círculo cerrando otro círculo. ese enjambre alrededor sigue zumbando sobre las páginas nos pregunta. Dije zumbido, que es “decir hambre, ceguera, escombro.”


8

las palabras se han deshecho. ni cuerpo ni voz quedan. de la inútil querencia, desasosiego, tiempo, La pecera subterránea deviene en burbuja, posibilidad-canto, lejos del “maná de las pantallas” su oralidad es península de nuestra escucha; desde nuestra intensa atención pervive, insiste en nuestra respiración al sumergirnos en su poética subterránea.

Y parece que en esa delicada atención quizá nos salvaríamos de vivir solamente una realidad superficial. ¿Lo comprobamos?



Víktor Gómez, Valencia a 4 de junio de 2011









Mi durmiente bebe saliva de las moscas. Bebe del vientre de los escarabajos mientras sueña con muertes estelares. Con muertes-luz.
Se viste con los miembros de los cadáveres que el río trae a la orilla de su sueño.
Prueba unos ojos, otros y otros ojos de mirada oceánica.




5

Mi durmiente sueña con su esqueleto flotante. Sus miembros transparentes rodeando por las copas de los árboles. leves, ascendentes, como en una melodía barata. Hecha para conmover a los niños.
Sonríe con sus cartílagos tiernísimos. Saluda desde lo alto. Desde cada lugar donde han ido a parar sus partículas de materia celeste.







6

Debajo de las uñas, entre el vello más oculto tengo memorias microscópicas. Como si fuera de goma estiro mis muslos, hablo con sonidos desconocidos, me esfuerzo, imito una sonrisa. Para ocultar mis minúsculas
memorias trinchera
memorias paritorios a la intemperie
memorias marcas de la soga en la cerviz
memorias madre amasando pan
madre tosiendo bajo las sábanas oscuras
madre no rezando.








14

Pero hay hambre en nosotros.
Con estiércol y a la luz de lámparas podridas alumbramos la pared lisa y vidriosa; intentamos hacer en ella un dibujo, una silueta.





36


Crecemos sobre nuestras patas insecto para dar de comer a los pequeños reptiles, a las crías de los vivos. Crecemos sobre nuestras patas de insecto, sin hambre ni memoria. Limpios de corazón y de grasa bajo la carne.

Crecemos entre los juncos metálicos, entre los plásticos visionarios.
Nuestras oraciones son idénticas al murmullo de los amantes electrónicos.



La pecera subterránea
Pilar Fraile Amador
Ed. Amargord, 2011



jueves, 9 de junio de 2011

FELIX GRANDE, DEL OFICIO DE POETA


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Todo mi oficio se reduce a buscar sin piedad ni descanso la fórmula con que poder vociferar socorro y que parezca que es el siglo veinte quien está aullando esa maravillosa palabra. Que salga esta derrota de lo más puro de mi corazón y llegue a los demás impregnada de siglo veinte y de universo, como un insulto espléndido cuyo esqueleto es de amor y desgracia. Que adviertan que me puse entre los torcidos del mundo para ayudarles a zurcir y defendí la vida con todo mi terror. Clamar socorro como el nombre de un dios.

Felix Grande
Biografia (1958-2010)
Ed. Galaxia Gutenberg, 2011