lunes, 14 de abril de 2008

TOMAS SEGOVIA: una generosa limpidez

Leo en Letras Libres este poema de Tomás Segovia y no puedo resistirme.
Pensamiento, que excéntrico eres, palabra dada, resuelta en poema. Movimiento y tanta luz tras luz, casi rozando la ingenuidad por su otro extremo: el poeta es un niño haciendo equilibrios en el límite de las edades. Sin vértigo y sin euforia. Y es verdad su sensible extrañeza, en la diáfana hora, deslumbrador juego: descubrir la lentitud que ve aún lo imposible.
Y casi lo toca.



Víktor Gómez

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Tanto equipaje inútil que hemos abandonado
Y todavía hoy no se desdice el tiempo
La infancia es fría y limpia y en sus horas extáticas
Relucía en lo alto
Glacial y deslumbrante la promesa
Hoy sigue viva y fría
Y no entregada nunca mas nunca desmentida
Y hoy sigue siendo mi cordial tarea
No querer descansar en el reproche
Nunca llamarme a engaño
Saber que en la promesa es siempre
La verdad misma la que habla
Y afirmar que no es nunca la promesa quien miente. ~



Tomás Segovia
abril, 2008
Letras Libres

viernes, 11 de abril de 2008

EDUARDO MILAN EN VALENCIA, 15-16 DE ABRIL

Leed esta entrada en el Blog de la poeta argentina LAURA GIORDANI. Es muy importante y buena noticia. Ampliamente documentada.

http://lauragiordani.blogspot.com/2008/04/eduardo-miln-en-valencia-recital-martes.html

EDUARDO MILAN: APUNTES SOBRE LA FORMA (II)

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La poesía actual es un péndulo que oscila entre la búsqueda de una antiforma (eco inequívoco de la estética barroca) y el retorno al canon y a la preceptiva de la estética clásica. la poesía de la antiforma corre siempre paralela al peligro del silencio por el límite que significa la condena del ser poeta a la invención permanente, es el intento constante de ir más allá.
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Hija de la vanguardia y su matriz abierta, la poesía de la antiforma riñe con la Historia puesta en entredicho. Sin un canon formal al que responder, su posición es una persistente crítica del mundo y sus posibilidades referenciales. Por el contrario, la poesía del retorno clásico es la aliada más inmediata a la negación de la Historia. Abolida toda sucesión y por lo tanto toda capacidad evolutiva, para esta apuesta todas las preceptivas son buenas porque la negación de la Historia supone una equivalencia entre el presente, el pasado y el futuro. Su elección de las formas clásicas es coherente ya que la asunción del canon posibilita la huida de la confusión formal del presente. Es la apariencia de la libertad que se parece demasiado a la confusión.
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Eduardo Milán
poeta y ensayista uruguayo
"Resistir. Insistencias sobre el presente poético"

EDUARDO MILAN: APUNTES SOBRE LA FORMA (I)

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Poema visual de Myriam Moscona
(poeta y periodista mexicana)
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APUNTES SOBRE LA FORMA (I)


Uno de los problemas que están en la mesa actualmente es el problema de la forma en poesía. De un tiempo a esta parte todas las discusiones más o menos válidas en torno a la poesía pasan por el tamiz de la forma. En realidad, al entrar en conflicto toda una visión del mundo ha entrado en el mismo conflicto la formalización en el arte, y muy especialmente, en el arte de la poesía. Es practicamente imposible tratar el problema de la forma en poesía sin aludir, aunque sea de manera oblicua, al estado del mundo en que esa forma se origina. De alguna manera, la forma poética siempre está ligada a una idea mimética de la realidad, a una suerte de copia no de la realidad pero si de una forma que regiría esa realidad, Aristóteles dixit. Para la estética clásica, regida por el principio de armonía, el poema se vuelve canónico: se hace eco de la norma y del conjunto de sus reglas para representar la realidad. El poema no es la realidad sino un medio para ponerla en escena.














Aquí se trata de vehiculizar un contenido (un estar en el mundo) mediante una formalización que le es anterior, impuesta. Dos cuartetos, dos tercetos, catorce versos endecasílabos, son el ejemplo más patente de una camisa de fuerza impuesta a un contenido X. Lo que está en juego en este caso es algo más que la pericia del hacedor para manejar las reglas: está en juego, fundamentalmente, su capacidad de recorte de un fragmento de la realidad y hacerlo vivir en un esquema predeterminado. Se trata de una estética que toma mayor parte de su energía del contenido que intenta transmitir. La estética barroca significa una revolución en lo relativo a la representación de la realidad. Aunque manteniéndose en apariencia dentro del canon regular, la realidad ha dejado de ser regida por el principio de armonía. El barroco es una estética de superficie, esto es, deja de existir el principio de semejanza entre las cosas y pasa a dominar el principio de la apariencia.


























Si la norma en la estética clásica tenía por condición el crear un efecto de igualdad entre el arte y la vida, el barroco desiste de esa pretensión. Y al desistir de la pretensión mimética, desiste de la norma. Se trata ahora de un juego de oposiciones coexistentes. El caso de Gongora es patente al respecto. Si bien el poeta cordobés ejerce el soneto, la utilización de esa forma canónica es sólo una máscara indicadora de que entre la realidad y la forma poética no existe ningún punto de equivalencia. El mundo para Góngora ha perdido todo centro y el hipérbaton latino es el que señala la dislocación. Forma poética y mundo se han separado definitivamente. No hemos ido más allá de la batalla entre la formalización clásica y formalización barroca. Lo que está en el medio son híbridos, mestizajes formales. La modernidad poética se ha alineado con facilidad dentro de la estética barroca. La aparición de la literatura sobre la literatura, cuyo ejemplo más alto es Mallarmé, señala claramente su filiación con el barroco: la apuesta formal de Un golpe de dados es la negación de todo principio de identidad entre poema y realidad, la pérdida de centro del mundo y el intento de verificar esa dispersión en los límites de la página poética. Y tampoco hemos ido más allá de la experiencia mallarmeana.


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Eduardo Milán,

poeta y ensayista uruguayo

"Resistir. Insistencias sobre el presente poético"

miércoles, 9 de abril de 2008

BLANCA VARELA: Dolor peruano. Frío: memoria del mundo: decir la verdad de uno que en todos tiembla. Salirse de la foto para abrazar a un niño.

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El falso teclado

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toca toca
todavía tus dedos se mueven bien
el dedo de la nieve y el de la miel
hacen lo suyo
nada suena mejor que el silencio
nuestro desvelo es nuestro bosque
aguza el oído como una hoz
a trillar lo invisible se ha dicho
para eso estamos
para morir
sobre la mesa silenciosa
que suena


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De El Libro de Barro
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El lugar bajo el árbol, huyendo del sol. Mirando a los dioses borrarse en el muro y a los hombres sangrar en el libro de barro. Sal en los labios y en los ojos la memoria desollada aproximándose a la ausencia ejemplar.

Entresueño bajo el árbol, en el paraíso desierto del vientre lastrado de visiones.

Miembros en flor. Pies de cinco manos, estrellas crucificadas y la testa que cruza la red como un astro instantáneo en el juego del ocaso.

Camino a las islas los pájaros no cantan. La historia de la historia es el mar. Ola sobre ola, plegándose.
Blanca Varela

martes, 8 de abril de 2008

EDUARDO MILAN: En las ínsulas extrañas

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Cuando ya no hay qué
decir, decirlo. Dar
una carencia, un hueco en la conversación,
un vacío de verdad; la flor,
no la idea, es la diosa ahí.



Eduardo Milán, poeta uruguayo
(Las ínsulas extrañas.
Galaxia Gutenberg-Círculo de lectores, 2002)

HORACIO QUIROGA: el poeta acosado por la tragedia

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No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

(Decálogo del perfecto cuentista, VII)

Horacio Quiroga



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En Wikipedia:


Horacio Silvestre Quiroga Forteza (Salto, Uruguay, 31 de diciembre de 1878 - Buenos Aires, Argentina, 19 de febrero de 1937), notable cuentista, dramaturgo y poeta uruguayo. Fue el maestro del cuento latinoamericano, de prosa vívida, naturalista y modernista. Sus relatos breves, que a menudo retratan a la naturaleza como enemiga del ser humano bajo rasgos temibles y horrorosos, le valieron ser comparado con el estadounidense Edgar Allan Poe.


La vida de Quiroga, marcada por la tragedia, los accidentes de caza y los suicidios, culminó por decisión propia, al beber voluntariamente un vaso de cianuro en un hospital porteño a los 58 años de edad.


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No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir y evócala luego. Si entonces eres capaz de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.
(Decálogo del perfecto cuentista, IX)


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Horacio Quiroga
(Uruguay, 1878-1937)